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SUBIR LA MONTAÑA…

SUBIR LA MONTAÑA...

            SUBIR LA MONTAÑA…

Para leer escuchando…

 

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Andamos muchas veces deprisa. Demasiado.

Recorremos la vida con la sensación de que podremos volver siempre al último cruce, al punto de partida. Que si no nos gusta el camino elegido, si se nos vuelve complicado, bastará girar y dar la vuelta. Para así olvidarnos muchas veces de lo importante… disfrutar el camino.

Y un día que ya no recordamos, dejamos de admirar el paisaje. Dejamos de pensar por qué estamos en esta aventura, para simplemente olvidarlo.

Me decía hace poco un amigo que es difícil no dejarse llevar por la indiferencia. Que vivir no es sencillo. Que está cuajado de tomas de decisiones cada día, a cada instante, y que no siempre somos conscientes de lo que hacemos y de su trascendencia, ni de todo lo bueno que tenemos y nos rodea.

Sí, llevas razón le comenté. Pasamos muchas veces de puntillas sin saborear lo pequeño, lo cotidiano que apenas llama la atención pero que nos redime. Lo que puede haber de diferente cada mañana por el simple hecho de levantarte y ver a las personas que quieres. A tu familia. A tus amigos. A tu pareja; ese maravilloso logro de haber encontrado entre un universo de gentes, una persona con la que compartir y que está ahí para todo.

De puntillas por ese café que te alegra el despertar. Por ese mensaje que te levanta el ánimo, por ese beso, por esa mano y ese abrazo que siempre es distinto. Por el paseo de cada domingo. Por los partidos con los amigos. Por las tardes de sofá con libro o por esa llamada inesperada que te llevaba en volandas a tomar algo y que rechazamos, porque es imposible quitarnos la coraza de la rutina que nos aprisiona.

... DE PUNTILLAS.

               … DE PUNTILLAS.

Deprisa. Deprisa. Tan deprisa que se escapa por querer llegar a todo sin llegar a ninguna parte.

Y entonces, un día, ese mismo camino se vuelve montaña, sin avisar. En un viaje para el que nadie está preparado; y el sol se oculta. Y todo lo que teníamos se nos vuelve imprescindible y notamos como nunca su ausencia. Valoramos cada paso, cada ternura. Cada momento que antes se difuminaba en mitad del olvido, ahora brilla como un tesoro. Y sus ojos son tu guía y el cielo un universo. La luz es un regalo y la compañía nuestra mejor fortuna.

Cuesta caminar entonces, cuesta. Porque apenas avanzamos y el aire se ha vuelto frío. Y nos gustaría andar más despacio, pero todo corre ahora demasiado, solo que siendo conscientes de la prisa y de lo que hemos perdido. Y lo diminuto se vuelve gigante porque no podemos saborearlo, porque ya no hay varita mágica que nos permita volver al principio, para hacerlo todo de otra manera.

-¿Por qué solo valoramos lo que no tenemos?-me dijo mi amigo entre lágrimas.

 No supe que contestarle…

Realmente, el ser humano es tan maravilloso como complejo. Capaces de todo. De lo malo, pero de lo mejor sin duda cuando nos proponemos ver más allá de lo inmediato, para bucear en lo que nos hace mejores y libres. Confiando en los demás para confiar así en nosotros mismos, en lo que llevamos dentro y necesitamos compartir. Saboreando la vida a trago largo, aunque no siempre sea dulce.

Tal vez, pensé, sencillamente compartir sea y es la respuesta…

COMPARTIR...

                  COMPARTIR…

Sí, compartir. Emociones, afectos y sueños. Compartir alegrías y tristezas, pero hacerlo siempre, mientras podamos, sin que nadie ni nada tenga que recordárnoslo. Sin que sea la ausencia la que motive el recuerdo.

No habrá entonces montaña inalcanzable. Ni problema irresoluble. Bastará con volver a la esencia para encontrar las soluciones, y cuando todo haya pasado, no olvidar nunca lo que nos ancla a la verdadera felicidad, a lo que realmente nos salva. Aunque ya estaremos salvados.

Así que no importa cuán empinada sea la senda ni lo complejo de cada paso, si somos capaces de hacerlo compartido con los que nos quieren. La vida así nos devolverá sus mejores colores, su mejor horizonte, y todo irá bien.

No habrá más prisas, no serán necesarias. Porque, por fin, habremos hallado todas las respuestas.

MONTAÑA4

“Pankizaske”.

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DEDICATORIA:

A Marinela… la mejor escaladora.

A tus ojos que me hablan.

TENGO…

 

TENGO...

TENGO...

 

Gracias a la gran escritora Inma Cerezo por prestarme el primer poema.

@Inma_Cerezo   www. inmacerezo.com

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para leer escuchando…

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Tengo un Noviembre, un encuentro; un paso más, un enredo.

Un abrazo al sueño, una apuesta segura, un colorear al abrigo de sonrisa y deseo.

 

Tengo un día, unas horas; un minuto que se esfuma, un pensamiento.

Un momento que nace, una palabra, un emborrono historias… un ya te espero.

 

Tengo una luz y una sombra, una brisa nueva, un aguacero.

Una paz escondida y mil miradas; una risa furtiva, un te quiero.   

Un aguacero…

     

 

Tengo cien lunas, mil soles; una huella no andada, un desespero.   

Una caricia en silencio, un no te vayas, un amanecer contigo, y un mismo cielo.

 

Un mismo cielo.

 Un mismo cielo.

Tengo todo, no tengo nada; unas manos vacías, un mar abierto.   

Una vida que espera, y mil mañanas; una esperanza… porque te tengo.

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tengo

DEDICATORIA:

A tus ojos que me hablan…

HAZME UN HUECO…

Hazme un hueco...

Hazme un hueco…

Para leer escuchando…

 

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Hazme un hueco.

Te prometo no ocupar mucho espacio.

Déjame llegar al fondo de tu maleta de vida para acompañarte. Sólo, déjame; tomaré tu mirada como un sí.

No busqué encontrarte. Fue la vida la que me puso en tu camino para darle sentido a la mía, y ahora ya lo he encontrado.

Hazme un hueco, no necesito más.

Toma de mí lo que precises. Toma mis palabras o apura mi silencio para construir con él las tuyas. Dibujaré sonrisas con ellas y será más fácil el camino.

A cada paso, acompasaré contigo mis pisadas. A cada recodo, dejaré que sigas la vereda, porque lo importante no será la elección, sino el sendero. Y caminaré a tu lado.

No mires atrás, voy a tu vera. No mires hacia delante, no busco guiarte.

Si te detienes, toma mi aire para coger resuello.

Si te falta el sueño, te presto los míos que tienen tus colores.

Te presto los míos...

Te presto los míos…

Si te duele el alma, te abrazaré despacio para curar tus heridas aunque duelan las mías. Esa será mi cura.

Si te pierdes, no estarás sola. Ya encontrarás la salida y yo contigo.

Tú, hazme un hueco.

Dejaré que la lluvia nos limpie y nos sane. Que el sol nos caliente cada mañana. Que la noche nos arrope para vestirnos de una sola piel y un solo cuerpo.

Y vuela…

Surca tus espacios como quieras. Yo te esperaré o volaré los míos como me has enseñado. Será el mismo viento el que nos lleve, aunque no siempre entre las mismas nubes.

Volaré...

Volaré…

Y cuando atardezca, deja que te espere llegar con las alas abiertas. Y la luz de cola…

Hazme un hueco. Sí. Pequeño, pero tuyo.

No quiero que nada sea diferente, para que así todo cambie. Yo me rebulliré al fondo, donde sólo estemos los dos para sentirte más cerca. Sentiré tus latidos que haré míos, y tenderé al aire tus penas para calmar las propias. Seré tuyo…

Pero no cambies.

Que nada te haga perder tu sonrisa. Tu esencia. Tus ganas de vivir que me iluminan. Tus esperanzas. Yo solamente quiero que seas tú misma, así siempre será primavera.

Y cuando arrecie el frío, deja que te arrope. Cuando sonría hazlo conmigo. Cuando yerre… acepta mi ausencia y mis faltas. Cuando te busque… ábreme la puerta.

No ofreceré lo que no tengo.

No seré lo que no soy.

No viviré lo que no quieras, pero aquí estaré con todo lo que poseo.

Tú, solamente, y para siempre…

… hazme un hueco.

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A tus ojos que me hablan…

CUENTA HASTA DIEZ…

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Carta desde algún lugar del mundo

22 de Septiembre de 2014.

 

La vida a veces te sorprende.

Y lo hace porque llevábamos mucho tiempo sin darle la oportunidad para hacerlo. Demasiado…

Y una mañana se acerca despacito a la vera de tu almohada para susurrarte al oído. Para dejarte un mensaje corto y tierno que te reconcilia con ella. Y así, abrir los ojos de otra manera.

Me pasó el otro día y quiero contároslo. Porque hay que narrar al viento las cosas buenas; estoy tan cansado de rumiar tristezas. De encender la televisión y sólo ver un desplegable a todo color de desesperanzas. De un mundo que en demasiadas ocasiones solamente dibuja en escala de grises. Y nosotros con él.

Sí. Ocurrió hace apenas unas horas. Y aún retengo en mi pupila imágenes y recuerdos. Tiernas, sinceras. Repletas de magia.

No hay nada mejor para cargar las pilas del corazón que sentir la alegría de los que quieres. Que ver en su rostro dibujarse sonrisas que parecen no borrarse nunca. Que sentirte parte de sus emociones, y hacerlo de tu mano.

...del corazón.

…del corazón.

Parece entonces que la existencia te concede un tiempo muerto; te deja contar hasta diez para saborearlo todo de otra manera.

Contar hasta diez de ternura. Hasta diez de cariño, hasta diez de esperanza.

Y cuando eso ocurre parece que todo renace, hasta nosotros mismos, pero en realidad simplemente es que nos encontramos con lo mejor que llevábamos dentro, que brota sin darnos cuenta y nos redime.

Ayer, un “te amo” sincero voló por el aire, de mirada a mirada, aunque realmente nos envolvió a todos. Y con él, llegaron oleadas de afectos. Mil brisas de recuerdos.

adios 3

Y ya todo se detuvo… salvo la alegría.

 

[…]

Llevo horas pensando en esto. En por qué no hacemos esa cuenta más a menudo, sin esperar a que venga la vida y ponga a cero el cronómetro. Hay demasiadas cosas que merecen que nos detengamos a saborearlas para aparcar la costumbre en la cuneta y sumergirnos en ellas.

Nada marchita más los días que la rutina. Nada. Y si lo meditamos tenemos tantas cosas buenas a nuestro alrededor, tantas gentes, tanto dentro de nosotros mismos, que merece la pena dar el salto. Y empezar la cuenta…

Y voy a hacerlo, sí, os lo prometo. Cada día.

Y cada mañana voy a contar hasta diez para retomar mis sueños. Para saborear cada número y cada paso.

Mis sueños...

Mis sueños…

Voy a contar hasta diez para no buscar excusas, para dejarme llevar sin rumbo y saborear los días.

Contar para dar y para darme. Para olvidar los prejuicios y valorar lo importante, y en ello emplear todo mi tiempo. De uno a diez contaré en silencio para lo que me salve, para lo que me llegue dentro y me acaricie el alma.

Contaré hasta diez para buscar y buscarte, sin importarme lugar ni hora. Contar, para quererte. Para abrazar y abrazarte. Para perderme en tus ojos y olvidar la cuenta.

Simplemente, a partir de hoy voy a contar hasta diez…   

 

 

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DEDICATORIA:

 

A la sonrisa de mi hermano.

A l@s que se pierden cada día en la cuenta…

A tus ojos que me hablan y hacen que la pierda.

 

 

 

 

 

 

 

 

ARRIBA Y ABAJO…

Arriba y abajo...

Arriba y abajo…

 

Nota del Autor: 

Este RELATO es la SEGUNDA PARTE de “UN PEQUEÑO UNIVERSO”

UN PEQUEÑO UNIVERSO…

publicado el 21 de Agosto de 2014.

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Para leer escuchando…

 

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Carta desde algún lugar del mundo…

29 de Agosto de 2014.

Han pasado ya dos años Mario, casi no puedo creerlo…

Aún, cada mañana, cuando tomo las escaleras que me llevan bajo el suelo de Madrid, no puedo evitar sentir un pellizco en el alma. Y aunque cada día es diferente, yo disfruto de cada viaje como si fuera la primera vez. 

Sabes, ahora saboreo cada paso. Cada escalón que me acerca a nuestro andén como nunca antes podría haberlo hecho. El aire me parece distinto y ya la gente no me es indiferente. Puedo percibir sus emociones, sus miradas. Sus estados de ánimo, que ahora parecen revolotear por un espacio que antes me parecía lúgubre y extraño. Como de paso…

He aprendido a ver con otros ojos, gracias a los tuyos. Y ahora este mundo subterráneo brilla distinto; plagado de almas que confluyen por diferentes caminos, llevando bajo el brazo vidas y esperanzas a las que antes era insensible.

Ahora tan sólo lo miro de otra manera.

Para descubrir cada día frente a mí, gentes que tienen luz propia, que ya no me pasan inadvertidas y de las que aprendo un poco en cada trayecto. Un cosmos cargado de rostros distintos; de gestos, de abrazos y soledades que dibujan un escenario que cambia a cada minuto, a cada segundo. Actores de sus propias vidas y ahora sin saberlo de la mía.

Aquí abajo, aunque parezca imposible, la existencia se revela como en ninguna parte. Para desnudarse frente a nosotros si somos capaces de verlo. Y así manifestarse en toda su crudeza, cargada de todos los sentimientos posibles. De alegrías y penas, de tristezas, de indiferencia… de descubrimiento.

Creo sinceramente que antes había pasado por la vida de puntillas y con la coraza puesta. Y ahora, sin saber el cómo ni el porqué, me he despojado de prejuicios e inercias para arroparme de lo esencial y hacerlo mío. Para dejar que me roce lo cotidiano, lo que antes me parecía superfluo, porque desde aquel día todo me parece posible.

 

Gentes. Personas. Extrañas y propias. A las que ya dejo que me rocen corazón y entendimiento, para empaparme de su mejor esencia. Con las que comparto sonrisas y confidencias de apenas segundos. Abrazos que veo esperar desde el otro lado de la vía, aguardando para nacer a la llegada del próximo tren. Y esos encuentros, esperados o no, que dejan en el ambiente un rocío de ilusiones.

Pero todo ha cambiado también fuera.

Y esa brisa nueva me ha llevado en volandas para pisar las calles de otra manera. Me ha reencontrado con la alegría, para alejarme de la nostalgia.

A veces, cuando llego a destino. Me gusta seguir con la mirada, en la distancia, a algunos de los conciudadanos de nuestro universo.

Veo como se transmutan. Como poco a poco al acercarse a la salida, sus caras cambian como si la vida sólo existiera al otro lado de esta frontera. Bajo la luz de la mañana o la farola dormida. A partir del último peldaño, línea divisoria de su mundo.

Los veo florecer. Respirar profundo. Como si necesitaran salir del letargo para renacer en el espacio que arriba que les espera. El de la realidad de las prisas y las rutinas; sólo de lo que es visible. Cuando Tú y yo sabemos ya que el otro es el auténtico e indispensable.

Florecer...

Florecer…

Las crisálidas se convierten en mariposas, sobre el asfalto. Sin saber que siempre lo han sido aunque no hayan sabido desplegar sus alas. Como Tú me enseñaste.

Sí. Han pasado ya dos primaveras y aquí estamos. En este universo nuestro que ahora compartimos. Con nosotros mismos y con los que quieren abrir los ojos a lo que la existencia les ofrece.

Un universo que realmente no estaba arriba ni abajo. Sino en nosotros. Ese cielo interior que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, y del que tantas veces no somos conscientes; disfrazados de seres idénticos, al uso, cuando realmente somos únicos… irrepetibles.

Desde estos andenes del metro me enseñaste a ver una tierra diferente. Para apreciar lo mucho que hay de bueno en cada uno, si nos esforzamos por encontrarlo. Si no nos resignamos a sentarnos en nuestro asiento de la vida con la cabeza gacha, esperando simplemente que llegue la parada.       

Abiertos a otras vistas. A otros espacios. A una nueva vida y no a la simple y triste supervivencia.

arriba y abjo 1

 

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DEDICATORIA:

 A tus ojos que me hablan…

A Mario, la sensibilidad hecha niño.

Cualquier día de estos…

Para leer escuchando…

 

“Caminar poner sonrisa a cada paso y respirar .
Será bonito lo que quede por llegar, 
mirar al frente y no bajar la vista nunca más” 

Dani Martin.

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Desde algún lugar del Mundo…

26 de Agosto de 2014.

 

Cualquier día de estos voy a intentarlo.

Sí. Y poner en marcha ese sueño dormido.

Es solamente cuestión de pensarlo y dar el primer paso;  de mirar al frente y no dudarlo.

Cualquier día…

Bastará poner en orden las cosas, las ideas; tal vez aparcar la rutina. Cuando tenga tiempo, sí, en cuanto pueda. Muy pronto.

Cuando el trabajo me lo permita, haga todas las compras pendientes o la televisión me dé un respiro. En cuanto me levante de la siesta o tal vez cuando me quede sin batería  tras contestar todos los “whatsapps”. Eso haré.

                                           Cuando conteste...

Cuando conteste…

–¡Hay que ver treinta y siete sin responder ya!– Esto no puede ser…

Bueno, hay tiempo, tengo toda la vida.

Sí. Y también cualquier día de estos tengo que llamar a los míos, es que se me olvida. Tanto estrés no es bueno, no puede serlo.

–¡Otro, tweet, espera, ya te contesto!… 

–¿Por dónde iba?–… Sí. Qué mañana mismo tengo que llamar a mi madre sin falta. Llevo ya muchos días sin hablar con ella, pero es que llevo unas semanas tan, tan liado, que apenas tengo tiempo para nada.

–¿Habré actualizado mi Facebook?– Vaya cabeza tengo… venga. 

Y también debo telefonear a Pedro, y al resto de la pandilla que apenas si nos vemos. Aunque con el grupo de “Line” estamos al día de todo. Claro. La verdad es que las fotos que colgó el otro día de sus vacaciones eran preciosas. –¿Era a San José dónde iba?–… Bueno ya le preguntaré cuando lo vea.

Y ahora que me acuerdo cualquier tarde tengo que retomar de nuevo el entrenamiento. Pero es que en vacaciones al final no te queda tiempo para nada. Las horas se pasan volando. Siempre me pasa lo mismo. Tal vez el jueves –¡Ah no, que creo que ponen la final de la Supercopa!– Bueno… 

Cualquier otro día.

Y tal vez entonces daré un paseo por el simple placer de hacerlo. Sin prisas. Sin rumbo. Y sin avisar, tomaré de la mano a mi pareja y saldré a la calle a desgastar aceras. O buscaré lugares recónditos para besarnos, perdidos entre la gente. Subiremos al coche sin más equipaje que nosotros mismos, y llegaremos hasta donde el depósito nos lleve. No importará el sitio sino el camino. Para descubrir que allí, a lo lejos, el aire es más puro porque estamos juntos.

Perdidos entre la gente...

Perdidos entre la gente…

Cualquier día, sí, cualquiera.

Pero sobre todo, cualquiera de esta semana voy a romper contigo. Sí. He decidido que tengo que hacerlo. Es necesario de una vez abandonarte…

Romper contigo, duda permanente.

Contigo, indecisión que nos corroe. Contigo olvido… indolencia.

Para no volver a perder ni uno de esos momentos que son un tesoro y así volver a saborear cada segundo. Para retornar a la verdad nos devuelve a la esencia, a la caricia de lo cercano. Al tacto, al disfrute simple de la mirada… al pulso real de la vida.

Cualquiera. Ya no hay esperas.

Y así, dibujar mañanas distintas y reencontrarme con voces y abrazos.  Perderme en el cálido bosque de los que me quieren, y olvidar la salida.

Hacer de tu compañía mi camino, y del tiempo eterno de estar a tu lado, razón y guía.

Cualquier día de estos. Pero mejor hoy. En este momento: Aquí y ahora.

Así que sin más te dejo. Me marcho sin despedirme. Hoy, voy a olvidarte para siempre… indiferencia. 

 CUALQUIER DIA 2

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DEDICATORIA:

A la vida y al tiempo, nuestro más valioso tesoro.

A tus ojos que me hablan…

UN PEQUEÑO UNIVERSO…

UN PEQUEÑO UNIVERSO...

UN PEQUEÑO UNIVERSO…

Para leer escuchando…

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Como un punzón, un escalofrío le recorrió la espalda.

Tan sólo lo había perdido de vista un momento, apenas el tiempo necesario para limpiarse un poco las gafas, y ahora el asiento estaba vacío frente a ella. Y un dolor extraño con sabor a tristeza se adueñó de su cuerpo.

Aún no se explicaba lo que había ocurrido. Cómo había empezado todo, pero ahora estaba allí, sola. En mitad de la nada. En aquella línea de metro que nunca habría tomado, cerca ya de la media noche de un viernes cualquiera. Desde que sin saber porqué, decidió seguirlo sin poder hacer nada por evitarlo. Y así como una autómata, fue tras Él cuando sus miradas se cruzaron, apenas un segundo, en aquel andén.

Aquel chico con aire despistado y aquel brillo en sus ojos, no necesitó nada más…

Lola sin pensarlo, había tomado aquel vagón al asalto un instante antes de que la puerta se cerrara tras ella. Y sorprendida de aquella ocurrencia, se había refugiado en el último sitio libre que quedaba al fondo.

En el último sitio...

En el último sitio…

-¿Desde luego cada día estas más loca?-se dijo en silencio mientras sonriente movía la cabeza.  

Pero -¿Porqué no?- se preguntó. No tenía nada más que hacer que volver sola a casa después del trabajo. No molestaba a nadie y en el fondo aquella situación le divertía. Seguir a un desconocido en el metro, a distancia, y en plena noche.

-Mejor no contárselo a nadie…-  Sonrío.

Decidió que ya que había tomado esta absurda decisión se lo iba a tomar en serio. Estaba demasiado lejos de su objeto de estudio, así que en la primera parada que pudo buscó un asiento apenas a unos metros de aquel hombre.

Como si alguien la observara, miró a derecha e izquierda, y tras reírse de si misma por aquella ocurrencia, cual espía tras el telón de acero, decidió observarlo con más detenimiento.

-¡El muchacho es realmente guapo, si señor!-balbuceó en silencio, mientras lo miraba con aire distraído.

Él, mientras tanto, ajeno a aquel seguimiento se atusaba el pelo enfrascado en un libro que acababa de sacar de un pequeño bolso.

Enfrascado en un libro... " By Leah Piken Kolidas"

Enfrascado en un libro…
” By Leah Piken Kolidas”

 

-Apenas llegará a los cuarenta-se dijo.

Alto. Moreno. Elegantemente informal, parecía volver de un día intenso de trabajo. Se le veía cansado, pero no dejaba de dibujar una suave sonrisa con aquella boca grande; y Lola pensó que era realmente bonita.

Intentó pensar quién podría ser, de dónde vendría, qué pensaría. En un juego que le pareció placentero en un principio; oculta en aquella selva de gentes que entraban y salían a cada llamada de la locución de turno. Y así, comenzaron a caer las paradas, una a una. Sin que ella pudiera ya apartar su mirada.

Y sin darse cuenta, comenzó poco a poco a mirarlo con otros ojos. A perderse en sus gestos de hombre tranquilo. A analizar su semblante, cada expresión, cada pequeño movimiento. Para sin saber cómo, dejar de ver a nadie más en aquella vorágine de hora punta, y verse sola frente a Él y frente a ella misma.

Y aquel entretenimiento de viernes aburrido se fue tornando en otra cosa. En una atracción que la arrastraba inexorablemente, cuajada entre aquellas paredes y luces blancas. En aquel silencio atronador que parecía inundarlo todo, y que la llevaba a aproximarse más a aquel asiento junto a la segunda puerta.

Y es que a veces, cuando menos lo esperas, la vida te sorprende. Te ofrece una oportunidad inesperada, pero mágica. Y aquella noche, perdida en aquel frío banco, Ella comenzaba a sentir la magia.

De pronto Lola se vio frente a su mirada. Lentamente, había dado el paso para colocarse en el asiento de enfrente. Él, al otro lado, parecía no observarla mirando al vacío.

Hasta que de pronto ocurrió… y una sonrisa dibujada en aquel rostro la removió por dentro. Frente a ella, aquellos ojos claros la observaban, sí, mientras el mundo se detenía por un instante.

La observaban...

La observaban…

Lola no pudo mantener mucho aquella mirada y azorada bajó la vista buscando el sosiego perdido.

-¡Vamos, que te pasa!…-se preguntaba.

Y en cuanto pudo retomar el aliento, levantó de nuevo los ojos para encontrarse con los suyos que continuaban observándola como antes. Sí, la miraba…

Entonces, no pudo hacer otra cosa que sonreírle. En una sonrisa que de ida y vuelta cruzó los pocos metros de un universo pequeño pero a la vez inmenso, que entre los dos comenzaban a tejer entre la multitud. Un espacio propio, íntimo a pesar de todo, que no necesitaba nada más que aquel aire hechizado y su presencia.

Y así transcurrieron los minutos casi en un suspiro. Para sin hablarse, decírselo todo. Como si estuvieran predestinados a aquel encuentro callado que necesitaba un firmamento fuera…

[…]

Y de pronto… el vacío.

Aquella inesperada ausencia que la estaba desgarrando por dentro cuando al cerrarse la puerta se dio cuenta que Él ya no estaba. Que ni siquiera sabía su nombre. Que aquellos ojos se habían perdido, y con ellos una ilusión como no recordaba…

  […]

Apenas había dormido. Cómo hacerlo.

No lograba entender lo que había ocurrido la noche anterior, intentando buscar una explicación a algo que parecía no tenerla. Realmente no había sucedido nada, o tal vez había ocurrido demasiado. Pero en su interior sabía que aquellos minutos, que aquella mirada la habían marcado por dentro como no recordaba.

Tal vez no dejó de ser un simple juego. Un pasatiempo sin sentido ni razón alguna, se decía. Algo que comenzó como una diversión a la que ahora se aferraba desamparada y triste sobre aquel viejo sofá. Atormentada por no haber dado el paso para simplemente hablar con Él.

El sonido del teléfono la saco de la ensoñación.

Lola miró al reloj aturdida; eran ya las ocho de la tarde y sus amigas, al otro lado, le recordaban donde habían quedado para tomar algo.

Se dio prisa. Y el agua de la ducha cayó sobre su cuerpo como un maná salvador y se dejo querer. Se enjabonó despacio, y dejo que por unos minutos, aquel manantial urbano barriera la tristeza en la que llevaba sumida todo el día.

Después, decidida, abrió el armario y sin pensarlo tomó aquel vestido de los días importantes. Ese que parecía elevarla sobre sus penas. Y así envuelta en lino, y su mejor perfume, sacó su sonrisa enlatada a pasear la ciudad.

-¡Todo pasaría…!-pensó.

Bajo entonces las escaleras, despacio, como en un ritual en busca del refugio de las calles, para casi sin darse cuenta adentrarse nuevamente en las entrañas de su Madrid . Y así buscar la línea 5 hacia La Latina: Su destino.

Nada más sentarse en aquel vagón sintió de nuevo un estremecimiento extraño. Parecía como si nada hubiera cambiado; como si el tiempo sorprendentemente se hubiera detenido…

Intentó no pensar más en ello, no debía volver a caer en esa melancolía. Se había vestido para la fiesta y no estaba dispuesta a entristecerse de nuevo. Así que cerró los ojos e intentó borrar de su cabeza aquellos pensamientos.

[…]

universo 2

 

-¡Próximo destino… La Latina!-anunció aquella voz, mientras Lola abría despacio los ojos.

Se había dormido casi y sin las gafas apenas podía distinguir las formas de los pasajeros que abarrotaban el metro. Se las colocó despacio, y de pronto la vida y sus colores aparecieron a su lado… pero también enfrente, de nuevo, aquella mirada. 

Él no lo dudó.

Y de un paso cruzó aquel pasillo que llevaba dormido apenas un día. Para abrir de nuevo las puertas de aquel espacio único que sin saber cómo los dos habían construido hacía tan solo unas horas.

 -¡Me llamo Mario!-le susurró dulcemente al oído.

Y aquellas cinco letras le estallaron dentro para borrar de un plumazo su nostalgia. Las puertas se cerraron y el tren prosiguió su camino.

Y el mundo de nuevo se difuminó ante ellos… perdido en aquel pequeño universo.

 

universo 4

En aquel universo…

………………….

PD:

El destino da siempre nuevas oportunidades

a quienes saben luchar y creer en ellas.

………………….

DEDICATORIA:

 

A los/as que aún creen que si puedes soñarlo puedes hacerlo.

A tus ojos que me hablan…

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