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A LA RIBERA…

A la Ribera...

A la Ribera…

 

Luz, color y viñas nuevas.

Olores de paz nos envuelven.

Libres nos miman, me elevan.

Sobre la loma… atardece.

 

Ven conmigo, aquí a mi vera.

Que a la Ribera florecen,

Mil besos de primavera,

Que de verano parecen.

Caminos...

Caminos…

 

Caminos, perfilan tierras.

Senderos, historias y gentes.

Que a tus ojos toman forma,

Y de tus manos emergen.

 

Que el vino escancie mis penas.

Que tu alegría me lleve,

Por callejuelas dormidas,

Por pueblecitos que duermen.

 

Por Callejuelas dormidas...

Por Callejuelas dormidas…

Que los sueños cobren vida.

Para despertarnos siempre,

En aldeas olvidadas,

Pero encontradas al verte.

 

Y me pierdo en tu mirada,

En tu cintura, en tu vientre.

Me pierdo para encontrarla,

Me encuentro para quererte.

 ………..

 

DEDICATORIA:

 

A tus ojos que me hablan…

A las tierras y las gentes de la Ribera del Duero.

………..

 

 

Para terminar escuchando…

 “Eres un cielo cargado de estrellas…” 

 
TIRITAS PARA LA TRISTEZA...

TIRITAS PARA LA TRISTEZA...

Para leer escuchando…

……………………

 Carta desde algún lugar del mundo…

 

¿Quién no ha buscado alguna vez la solución mágica para sus males? 

Para nuestras penas y nuestros fracasos. ¿Quién no?

Para todo aquello que aunque invisible, se nos dibuja en el rostro una mañana cualquiera, casi siempre sin avisar y sin estar preparados.

Un bálsamo, sí.

Uno para las heridas. Esas que no sangran, pero que duelen como ninguna. Las de dentro, las de lo más profundo; las del alma…

La vida; la mía, la nuestra, se construye; la construimos a cada instante. Para envolvernos sin darnos cuenta con sus colores, con tonalidades de una paleta de la que no siempre somos pintores. Y si lo somos, muchas veces más aprendices que maestros.

Trazos gruesos, trazos finos…

Camino...

Camino…

Delicados o ásperos; pero que dibujan en el aire emociones y vivencias que marcan el paso de nuestro tiempo. Sinfonía de horas que nos modelan, que nos anclan o nos liberan. Que nos hacen como la huella al camino.  

Camino del que no siempre somos conscientes, ni cómplices. Que muchas veces no saboreamos por el simple placer de recorrerlo, de hacerlo nuestro, absortos simplemente en el horizonte. Extraviados en conseguir logros y metas más que en paladear cada segundo, cada paso.  

Y no siempre los matices son brillantes. No siempre.

A cada paso...

Cada paso…

A veces la vida nos regala horas amargas, para devolvernos a la tierra, de rodillas. Para volver a oler de cerca su esencia. Al simple terruño regado por aguas saladas, las nuestras. Y así dejar de sentirnos eternos, absolutos y volver a ser lo que siempre fuimos… seres de paso.

Y entonces, parece que perdemos el rumbo y hasta el norte.

Que lo que era sencillo se vuelve imposible, y la loma se torna montaña. Que falta el aire, la paz, y el sosiego. Y ya no encontramos soluciones, porque tal vez no existen, y si las hay parecen tan lejanas…

Sí. Todos nos hemos sentido alguna vez perdidos, sin salida.

Perdid@s...

Perdid@s…

Tal vez vivimos demasiado anclados al día a día, a la rutina que nos pone un corsé invisible que nos aleja de lo importante, y cuando este se presenta, a veces nos devuelve la humildad, para sentirnos vulnerables. Simplemente personas.

Y recordarnos, quienes somos, donde estamos y a quien tenemos.  

Pero si buscamos dentro, hay respuestas. Solución donde siempre lo ha habido, alivio para el desconsuelo.

Tal vez pensemos que para esto no hay tiritas, que no se fabrican. Que no hay factoría para tan necesario producto, ni farmacia que las venda. Pero las hay, si sabemos buscarlas…

Tan cercanas, que pasan desapercibidas.

Tan baratas que no les echamos cuenta.

Tan sencillas, que no las recordamos.

Abrir los ojos...

Abrir los ojos…

Basta tan solo abrir los ojos, para verlas. Para sentirlas. Y entonces cuando todo parece imposible, aparecen. Porque siempre han estado ahí, cada día, pero lo habíamos olvidado.

Y en un instante, calman nuestras heridas. Alivian nuestros pies cansados, y de nuevo, vuelve la luz al sendero.

Las hay. Yo llevo unas cuantas sobre la piel herida.

Son las de la ternura y el abrazo.

del abrazo...

Y el abrazo…

Las de aquí me tienes; las de la mirada que te envuelve, las de la mano y la calma.

Son las de la sonrisa y el cariño. Las de las noches contigo. Las de a cualquier hora o momento… pero a tu lado.

Las de unos pocos y las de muchos.

Las del AMOR con mayúsculas.

Sí, yo las llevo, no tengáis miedo.

Hay tiritas para la tristeza… y para la esperanza.

 

Para la esperanza...

Para la esperanza…

……………………

DEDICATORIA:

 

A tus ojos que me hablan más que nunca.

A la memoria de mi Padre.

 

UNA LIGERA BRISA…

Una ligera brisa...

Una ligera brisa…

Para leer escuchando…

……………………….

A veces basta una ligera brisa para saber que hay que cambiar el rumbo.

Liviana…

Que llega cuando todo parece estar en calma; pero a veces con el tiempo y la vida aletargados, entre algodones de rutina que lo envuelven todo.

Un aire fresco que te acaricia la mejilla y el alma. Adormecidas; esclavas de silencios que no rompen a gritos el espacio que hay ante nosotros.

Sí, a veces basta ese vientecillo una mañana cualquiera.

Para darnos cuenta que es necesario abrir las ventanas y dejarle paso. Para que nos sane por dentro y nos libere. Y así, llevarnos hacia aquellos nortes donde nos dirigíamos antaño y que hemos olvidado. Y regresar a la senda perdida, dejando de ver pasar la existencia desde el arcén del abandono.

… Nortes.

Un aire nuevo que puede vestirse de abrazo. De beso. De un te quiero.  De una tarde de verano y una mirada. De un cielo compartido, o de una sonrisa; o simplemente llega y te acaricia, sin más. Casi como un susurro… 

Entonces se pone el traje de paseo y sale a saludarte un día cualquiera.

Su traje de paseo...

Su traje de paseo…

Y te busca allá donde estés, sin importarle nada. Sin esperas, ni excusas… sin miedos ni pausas.

Te aborda, te lleva, te envuelve. A la vuelta de cualquier esquina. Sin que puedas resistirte porque no queda tiempo, y porque lo necesitas. Para desnudarte de emociones vacías, y elevarte sobre la duda y la desesperanza.

Y entonces, sin saber como, en ese momento sutil del cambio, tan dulce que casi duele, vuelves de nuevo a sentirte libre. Vivo. Sanadas las heridas… Porque todo a veces es más sencillo, más simple; bastaría con dejarte llevar sin pensarlo, aunque no sepas adonde te lleva el destino. Eso realmente no es lo importante.

Lo importante es lo que dejamos.

Lo que no somos ni hacemos. Lo que olvidamos.

Lo que no buscamos ni decimos, y que esos cobardes silencios adormecen.

Hoy lo he sentido en mi cara. No me preguntéis cómo ni porqué. Solamente he notado su presencia y me he dejado llevar, sin mirar atrás, sin dudas.

Y he pensado que realmente todos deberíamos y podríamos ser ese viento nuevo e insuflar ilusiones. Hacia dentro y hacia afuera. Derramando deseos para henchir esperanzas. Bastaría sentirlo y ponerse a ello. Querer cambiar y ser cambio. Hay tanto bueno dentro de cada uno de nosotros dormido, esperando sembrarse. Aguardando días mejores que nunca llegan porque fueron ayer o serán mañana.

Y mueren.

Sí. Dejamos morir horas que podrían vivir para siempre, hechas recuerdos inolvidables. Porque nada es eterno, y hoy siempre, siempre es el mejor mañana para hacerlo.

Porque ningún abrazo no dado vuelve. Ni nunca habrá el mismo azul en el cielo como el de ahora mismo. Simplemente eleva tu vista y mira.

...el mismo azul en el  cielo.

…el mismo azul en el cielo.

Porque sin darnos cuenta, habremos perdido tanto a cada segundo, en cada instante perdido, que no habrá vidas para reemplazarlo.

Y si no llega, yo quiero serla.

Revolotear frente a ti, frente a vosotros. Hacerte cosquillas en el corazón y llevarte conmigo a cualquier parte. Buscar dentro de los que quiero, los que conozco o no, pero aún me esperan sin saberlo. Tesoros que sólo brillan si sabemos verlos con otros ojos.

Al camino perdido.

Al camino perdido.

Como los que hoy me miraron. Como los tuyos, que me acariciaron para devolverme al camino perdido, de tu mano.

Sí. A veces basta una ligera brisa…

………………………. 

 DEDICATORIA:

A tus ojos que me hablan…

 

 

 

 

atejidos 1

……………………….

Con permiso de la autora y estupenda escritora INMA CEREZO, esta la segunda parte de su relato “Ángel  Roto”.

http://www.inmacerezo.com/angel-roto/

ATEJIDOS

Ángel Roto.

¡Gracias Inma por tus consejos en este difícil arte de la escritura!

Para leer escuchando…

……………………….

De nuevo… la mañana.

Cuando la luz se colaba hasta sus ojos para susurrarle.

Para contarle que ya se había ido la noche. Una más bajo aquel banco olvidado; sin rastro de vida, vacío de consuelo… sin alma.

Él, levantó la mirada para desesperezarse. Un día más frente a aquel cielo de Barcelona; limpio y verdadero. Tal vez lo único auténtico que aún conservaba en tantas alforjas vacías. Lo único.

Tan, tan cansado de aquel viaje a ninguna parte.

Desde los infiernos de una soledad que lo atrapó para no dejarlo nunca, de la que era rehén y fiel compañero. De la que ni siquiera a mediodía se zafaba, envuelto entre gentes que paseaban por su parque ajenas a aquel desaliñado hombre; que se agarraba a su presencia como un salvavidas y que parecía invisible a sus ojos.

Pero a veces, ocurre…

[…]

 

Llevaba ya casi tres semanas sin probarlo.

Sin aferrarse como un naufrago a aquella botella. La que lo elevaba sobre las miserias para no volver a tocar el suelo. Para dejar de ser. De sentir. De malvivir.

Sin aferrarse...

Sin aferrarse…

Pero también para dejar de existir como persona y convertirlo en un guiñapo. Sin tiempo. Sin conciencia…

Y es que a veces tocar fondo es el mejor destino. Sobre todo cuando ya no hay retorno, ni nada a lo que regresar.

Cuando detrás sólo queda desesperanza y olvido. Amnesia envuelta en la indiferencia fría de lo que nos rodea, de los que nos rodean. Que poda sentimientos y arrasa con todo. Cuando ya delante no queda más que un paso, y otro; en un camino sin metas ni promesas…

[…]

Juan sacó de su bolsillo como un ritual, aquella pequeña bolsa.

La observó despacio; casi no recordaba aquel aroma.

Colgó en un clavo junto al lavabo la ropa limpia que acababan de darle, para  extraer del fondo aquella maquinilla de un solo uso.

Remetió la toalla en el cinturón, y dejó la colonia sobre el baño; esa esencia mágica que por momentos, lo sacaría de las catacumbas después de tantos meses.

Y cerró la puerta.

Con la manga limpió el espejo de aquel aseo público, antes testigo de tantas oscuras andanzas. Pero hoy sin embargo todo parecía diferente…  y la claridad lo inundaba todo, también en su interior.

Pausadamente fue deslizando por su rostro la cuchilla. Que fue rasurando no sólo el cabello sino también, como un milagro, sus miserias.

Acabó de vestirse; y por primera vez, desde hacía tanto tiempo que no recordaba, miró su imagen reflejada. Y una sonrisa, tímidamente, marcó su rostro como hacía tiempo no lo hacía. Para devolverle por segundos a la vida; y con ella a la ilusión que había dejado olvidada.

Los niños jugaban como siempre entre la arboleda, mientras los padres paseaban. El estanque centelleaba, y un aire fresco, diferente, lo envolvía todo.

Juan no lo dudó y se dirigió presto. Como si un hilo invisible tirara de Él con fuerza.

Esta vez se sentaría sobre el banco―pensó―. Sobre el que había sido cada noche su casa y su techo. Y dejaría que lo calentara, como antaño, aquel tímido sol de primavera.

En calma...

En calma…

Todo estaba en calma. Y cerró los ojos para saborearla.

De pronto percibió como a su lado, alguien se sentaba.

Hacía ya mucho tiempo que eso no le pasaba. Tanto que ya no lo recordaba.

― ¡Buenos días! ¡Preciosa mañana!―comentó de pronto su acompañante, mientras se atusaba el pelo movido por el viento.

Él se giró lentamente. Con un pellizco en el alma. Y frente a su mirada encontró el reflejo de aquellos ojos limpios que lo observaban.

Y el corazón le dio un vuelco.

Porque aquella mujer que tanto había observado en la distancia, casi cada día, estaba mágicamente a su lado… hablándole.

No creía que le hubiera reconocido, ahora que había dejado de ser transparente. Pero eso ya no importaba. Tan sólo ese momento.

― ¡Maravilloso día, sin duda…! ―contestó casi imperceptiblemente, sin dejar de mirarla.

Y las agujas del reloj de su tiempo comenzaron de nuevo a girar sobre aquellos listones de madera, una mañana cualquiera.

Porque sin duda, los hay. Sin duda. Cuando menos se esperan.

Esos días que parecen tejidos para la esperanza…

 

Tejidos para la Esperanza

Tejidos para la Esperanza

……………………….

 

DEDICATORIA:

 

A los/as que nunca pierden la esperanza.

 A tus ojos que me hablan… y me la dan cada día.

HOY…

ahoy 2

Para leer escuchando…

………………………

Hoy… cualquier día.

Pero Hoy.

Porque hay días que parecen tejidos para la esperanza.

Esa que llega, que llegó para no irse. La que me prestó los ojos cuando no veía y me regaló sus abrazos cuando más frío sentía en el alma.

Hoy, sí.

Aunque por qué ponerle calendario a las emociones. Fecha a la ilusión. Hora a la ternura. Minutos a la magia…

Si cualquier momento es especial en sí mismo, si sabes buscarlo.

Por lo que siembra y lo que recoges. Por lo que dejas de piel en su disfrute; por lo que encuentras al pasar cada página de vivencias; irrepetibles. Pequeños libros escritos en renglones cuajados de vida. Únicos. Mágicos. Finitos, pero para siempre.

Hoy. Pero también mañana.

Porque si eres consciente. Si nace de dentro. Sí es con la persona adecuada cualquier lugar es un remanso, y cualquier tiempo, un regalo. Porque no hay nada mejor que construir de la mano las pequeñas cosas, cuerpo a cuerpo, tan sólo por el sencillo placer de la compañía. Construir, sí. Mirando al horizonte con ojos de otro, de otra. Para ver entonces espacios donde sólo había vacío.

Pero hay recuerdos que no tienen fecha.

Un mundo aparte...

Un mundo aparte…

Que no la tienen porque merecen un mundo aparte. Un universo diferente. Toda una vida…

Que guardas tan dentro que no hay llave que abra esas mil puertas que encierran lo más profundo. Lo que te hace mejor. Lo que te cambió para no volver a ser el mismo. Eso que tu corazón no puede convertir en palabras, pero que ya traduce tu mirada.

Que llevas contigo a cada momento. A cualquier parte. No importa lo que pase.

Formando parte indisoluble de ti mismo. Porque desde aquel instante, algo se rompió por dentro para sanarte y redimirte. Para darle sentido a todo lo que andabas buscando. Para ponerle nombre a tu existencia.

Renace...

Renace…

Y cuando todo falta. Cuando todo parece imposible, renace dentro de ti para elevarte sobre el suelo y pintarte una sonrisa en el alma. Para hacerte mejor… y más libre.

Hoy sí, hoy es uno de esos días.

Hoy, pero ya cualquiera.

Hoy. Ayer. Mañana. Siempre…

… a tu lado.

ahoy

………………………

DEDICATORIA:

A tus ojos que me hablan…

AÚN…

Aún...

Aún…

Para leer escuchando…

“Le pidió una respuesta. Sólo una. Y Él la abrazo… y le dio todas”

 ……………..

Aún creo. Sí.

Creo que a pesar de todo, es posible. Que lo es sin duda. Lo es.

Que dentro de nosotros hay un ser irrepetible que tiene, merece; espera una oportunidad para compartir sus sueños.

Para construir con ellos una casa común, entre dos. Con estancias para la soledad compartida, y habitaciones amplias para el encuentro. Pintadas con distintas paletas, sí; pero con una misma luz que alumbra esos lienzos.

Amor. No encuentro otra manera de pronunciar su nombre. Ni debo. Ni quiero.

Ese que cuando se nos presenta; cuando toca a nuestra puerta, es inconfundible si es verdadero. Que entra removiendo nuestras conciencias y desnudándonos por dentro. Para cambiarlo todo de golpe, y hacernos mejores.

Únicos. Visibles. Vulnerables sí… pero también mucho, mucho más libres; aunque tantos crean lo contrario.

Nadie.

Nadie es más libre que el que elige compartir sus más íntimos deseos. Que el que desvela al otro sus esperanzas. Que el que muestra sus alegrías y desviste sus miedos. Nadie, no.

Nadie, es más libre que el que anda caminos con la mano de otro como única mochila.

Para al final, y después de todo, hallar al fin en una sola dosis… todas esas respuestas. Todas las que llevamos una vida buscando.

Nacen historias. O mejor se siembran…

Brotan entre las piedras como arroyo para convertirse en río. Para crecer meandro a meandro. Y descubrir que nada es imposible. 

Que sí; que hay otras luces y otros colores. Y no de nuestra mano.

Que las sombras, a veces tan oscuras, se borran de un plumazo si dos se miran a los ojos. Que siempre saldrá el sol mañana…

A pesar de la desesperanza. Del nunca llega. Del cuándo. Del cómo. Del basta.

Vivamos...

Vivamos…

Vivamos. Pero sobre todo, dejemos que la vida fluya dentro de nosotros sin límites. Sin olvidar que a veces la felicidad nos roza a su paso, pero no siempre se sienta a nuestra vera si no somos capaces de quitarnos esa fría coraza… para mirarla de frente.

Dejémonos llevar sin pensar por su melodía. Porque cuando la emoción viene de dentro, hay que dejarla volar y ser valientes.

Para dejar que lo que puede ser… sea.

Y construir. Sí. Siendo arquitectos de nuestra propia vida. Pero dejando que otros puedan también diseñar espacios en ella. A veces recónditos, sólo para nuestro esparcimiento. Y otras veces luminosos; amplios. Transparentes a las emociones y a los sentimientos. Donde escribir las mejores historias.

Tiernas. Tuyas. Suyas… nuestras.

Hay mil aventuras así levantadas. Las hay.

Detrás de muchas puertas; cerradas pero hermosas. En cada calle. En cada plazuela. En silencio…

Las hay detrás de mil rostros con los que cruzamos cada día si mediar palabra. A cada paso. Crónicas de afectos que nacen, que respiran cerca y de los que no somos conscientes. Ni ellos de los nuestros. Pero existen.  

No son perfectos. No. Ni lo pretenden. Ni yo tampoco.

Pero con su imperfección, ellos, nosotros, construimos nuestro refugio; y con nuestra libertad… nuestra morada. Y libremente así, navegamos juntos la vida.

Sólo queda entonces dar gracias.

Ser conscientes del maravilloso regalo que se nos pone entre las manos. Que compartimos. Que gestionamos como un tesoro que crece abonado por la confianza.

Gracias por tu presencia. Por cada momento… simplemente y eternamente gracias. 

[…]

 En cualquier lugar del mundo…

 

No quiso despertarla. No.

Y apenas la luz se filtró en aquella cabaña, giró su cabeza sobre la almohada para recrearse en su visión. En su cercanía. En su respiración profunda y pausada. Como si el mundo se hubiera detenido bajo aquella techumbre de madera; entre aquellas paredes encaladas. Sobre su corazón revocado de ternura.

Al escondite...

Al escondite…

Fuera, invierno y primavera jugaban al escondite.

Y Jose, dentro, se refugiaba en sus pensamientos después de tantos días sin verse. Como si quisiera aspirar aquellos instantes para mantenerlos vivos, perpetuos en su memoria. Y así, borrar de un plumazo el vacío de la ausencia.

Una ausencia que a veces dolía tanto…

Era feliz. Los dos lo eran. Pero juntos eran invencibles.

Porque habían aprendido a golpes de confianza a amarse desde dentro. A tejerse despacio. A aceptarse tal y como eran, sin más reproches que quererse demasiado. Bendito, bendito reproche…

Dos almas aquellas, que coincidieron porque la vida llevaba años deseando ponerlos en el mismo camino. Así lo sentían. Y así había ocurrido… sin duda.

Y es que pasamos los días buscando respuestas, buceando experiencias y de pronto, desarmados de esperanza, la existencia nos las ofrece cuando menos lo esperamos. Para dejarnos sin habla. Sin aliento. Sin partituras. En un corazón que toca de oído, cuando la música  parece escrita para nosotros.

Y aquello era ya una sinfonía.

Él recordó aquellos días, antes de partir de nuevo; aquellas horas plagadas de magia, en la que la paz lo había endulzado todo, como ahora.

Para cerrar los ojos y guardarlo todo. Dentro, muy dentro, como el mejor presente. El que compartir con ella en esas noches de luna…

[…]

¡Vamos, date prisa, que nos espera el camino!- le había dicho Noelia con esa sonrisa que lo desarmaba.

Y sí, realmente los esperaba desde siempre. Tras aquel sendero ribeteado de campos mágicos. De huertas dibujadas entre alcornoques y quejigos. Preñadas de olor a tierra fértil. A soledad y mil aguas. A vida que se abría camino como ellos a cada paso. De aromas a sierras dormidas, a campos de nadie; a siglos de historia escrita por veredas ahora sembradas de ausencias.

Ausencias que ellos llenaban a cada paso… como flores de mayo.

De fragancias nuevas...

De fragancias nuevas…

Que fueron descubriendo en cada recodo; plagadas de imágenes y fragancias nuevas. Esas que nadie, nunca, volvería a percibir como ellos. Nadie. Nunca.

Porque pocas veces pensamos que cada mirada es irrepetible; que cada instante no regresa nunca de la misma manera. Que cada piedra en el camino, cada flor, cada reflejo en el agua es algo que no vuelve, pero que permanecerá en tu interior como un momento único si sabemos verlo con ojos distintos.

Campiñas. Bosques. Pueblos blancos flotando en el horizonte. Respiraciones entrecortadas que se alzaron en la inmensidad de aquella naturaleza. Luces; que abrieron paso guiándolos por caminos,  inolvidables para los dos para siempre…

[…]

… Él sonrío, sumido en aquel recuerdo. Y pensó en lo que era realmente importante.

Que aquellas tierras. Que aquel aire limpio no era lo más valioso… sino haberlo compartido.

Haberlo sentido juntos. Haberlo hecho suyo para siempre.

Noelia abrió los ojos. Y lo miró en silencio. Sin que Él, abstraído en sus pensamientos pudiera darse cuenta.

Para sentir a su lado aquella paz, construida de la mano. En aquel refugio que llevaban en la maleta y que tendían al sol de cualquier tierra…

Una mañana cualquiera. Entre cuatro paredes. En cualquier lugar… pero juntos.

Y siempre...

Y siempre…

Pd: Aún. Y siempre…

[…]

 DEDICATORIA:

A l@s que aún creen.

A tus ojos que me hablan…

     

CADA DÍA…

acada diaPara leer escuchando…

 

……………………………..

Cada día.

Cada mañana…

Cada segundo que avanza y no vuelve.

Que se nos escapa entre los dedos, para dejarnos ese suave roce que marca los surcos de una vida. A veces conscientes, y tantas ausentes.

Instantes. Momentos. Efímeros; casi imperceptibles, que nos envuelven.

Lluvia fina… sirimiri de emociones que conforman nuestro ser y nuestra existencia.

Pasos. Amaneceres. Luces. Sombras. Miradas, con los ojos abiertos o cerrados. Caminos que nos traen y nos llevan y que se abren cada madrugada frente a nosotros como un reto

Sí. Cada día. Sin darnos cuenta.

Y que muchas veces marchitan sin ni siquiera abrir sus pétalos al tictac que nos empuja. Que todo lo mueve. 

Saboreemos pues el regalo. El don. Y hagámoslo nuestro.

Mañana podemos empezar de nuevo. Mañana. Siempre.

Nada más fácil ni más placentero que sentir de nuevo la conciencia de una esperanza que nace. De una oportunidad para todo que resurgirá rebullida entre las sabana cuando el sol nos salude. Y tenderle la mano…

Sí mañana. Y porqué no cada día.

Porque da igual el tiempo o el espacio si somos conscientes. Si nos apropiamos de nuestro propio tiempo para fundirlo entre los dedos, despacio. Serán nuestros entonces. De nadie y de todos.  Pero nuestros.

Para darlos. Soñarlos. Vivirlos… disfrutarlos.

Para hacer de lo pequeño lo importante. De una acera una alfombra. De un café contigo el mejor banquete. Del silencio… una sinfonía.

Abramos los ojos. Puertas abiertas.

Y dejemos de una vez que nos inunde la vida. Que nos pinte de nuevo cada madrugada. Dejémosla. Sin límites ni exigencias. Pero sin más excusas.

Porque sólo nosotros podemos. Debemos. Somos los dueños de nuestro destino. Mejor cuidar nuestro propio jardín en vez de esperar que alguien nos traiga flores en primavera. Porque en cualquier lugar puede florecer un sueño. Puede nacer una esperanza.

... Una esperanza.

… Una esperanza.

Cada día.

Cada Tarde…

Cada minuto que no hacemos nuestro y que muere dormido.

Que nos es dado. Impoluto. Por escribir. Virgen de alegrías y de tristezas, pero siempre distinto.

Qué diferente puede ser si lo caminamos con otros zapatos. Si lo pisamos firme. Si la compartimos con otra mirada.

A veces sólo basta buscar las señales en el camino. Que aparecen cuando menos las esperas. Muchas. Diferentes, que sorteamos a veces. Que pasan a nuestro lado sin echarles cuenta. Pero que en ocasiones, sin saber porqué, te las encuentras de frente. Crudas. Sin sazonar. Sin poder ni querer evitarlas. Para removernos por dentro como nunca. Y ponernos frente a un espejo al que llevamos mucho tiempo dándole la vuelta… Pensadlo.

Cada día.

Cada noche…

Cada hora que perdemos y que viaja al purgatorio de las oportunidades perdidas.

Esas que nos adormecen entre torres de hormigón que mal encierran el aire y la vida. Que nos envasan entre calles y edificios, para ser uno, una más y difuminarnos. Esclavos del tiempo. Rehenes de la prisa.

Así que tomemos la llave. Cojamos la rienda. Porque es posible. Lo es sin duda.

Y a pesar de todo. No dejemos de perseguir nuestros sueños, cada día. Aunque alguna vez, sin saber porqué, alguno de ellos tenga un ala rota.

acada dia 3……………………………..

DEDICATORIA:

A los sueños dormidos.

A tus ojos que me hablan.

“Cualquier día es catorce. Cualquier mes es febrero.

Cualquiera… Contigo”.

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