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atejidos 1

……………………….

Con permiso de la autora y estupenda escritora INMA CEREZO, esta la segunda parte de su relato “Ángel  Roto”.

http://www.inmacerezo.com/angel-roto/

ATEJIDOS

Ángel Roto.

¡Gracias Inma por tus consejos en este difícil arte de la escritura!

Para leer escuchando…

……………………….

De nuevo… la mañana.

Cuando la luz se colaba hasta sus ojos para susurrarle.

Para contarle que ya se había ido la noche. Una más bajo aquel banco olvidado; sin rastro de vida, vacío de consuelo… sin alma.

Él, levantó la mirada para desesperezarse. Un día más frente a aquel cielo de Barcelona; limpio y verdadero. Tal vez lo único auténtico que aún conservaba en tantas alforjas vacías. Lo único.

Tan, tan cansado de aquel viaje a ninguna parte.

Desde los infiernos de una soledad que lo atrapó para no dejarlo nunca, de la que era rehén y fiel compañero. De la que ni siquiera a mediodía se zafaba, envuelto entre gentes que paseaban por su parque ajenas a aquel desaliñado hombre; que se agarraba a su presencia como un salvavidas y que parecía invisible a sus ojos.

Pero a veces, ocurre…

[…]

 

Llevaba ya casi tres semanas sin probarlo.

Sin aferrarse como un naufrago a aquella botella. La que lo elevaba sobre las miserias para no volver a tocar el suelo. Para dejar de ser. De sentir. De malvivir.

Sin aferrarse...

Sin aferrarse…

Pero también para dejar de existir como persona y convertirlo en un guiñapo. Sin tiempo. Sin conciencia…

Y es que a veces tocar fondo es el mejor destino. Sobre todo cuando ya no hay retorno, ni nada a lo que regresar.

Cuando detrás sólo queda desesperanza y olvido. Amnesia envuelta en la indiferencia fría de lo que nos rodea, de los que nos rodean. Que poda sentimientos y arrasa con todo. Cuando ya delante no queda más que un paso, y otro; en un camino sin metas ni promesas…

[…]

Juan sacó de su bolsillo como un ritual, aquella pequeña bolsa.

La observó despacio; casi no recordaba aquel aroma.

Colgó en un clavo junto al lavabo la ropa limpia que acababan de darle, para  extraer del fondo aquella maquinilla de un solo uso.

Remetió la toalla en el cinturón, y dejó la colonia sobre el baño; esa esencia mágica que por momentos, lo sacaría de las catacumbas después de tantos meses.

Y cerró la puerta.

Con la manga limpió el espejo de aquel aseo público, antes testigo de tantas oscuras andanzas. Pero hoy sin embargo todo parecía diferente…  y la claridad lo inundaba todo, también en su interior.

Pausadamente fue deslizando por su rostro la cuchilla. Que fue rasurando no sólo el cabello sino también, como un milagro, sus miserias.

Acabó de vestirse; y por primera vez, desde hacía tanto tiempo que no recordaba, miró su imagen reflejada. Y una sonrisa, tímidamente, marcó su rostro como hacía tiempo no lo hacía. Para devolverle por segundos a la vida; y con ella a la ilusión que había dejado olvidada.

Los niños jugaban como siempre entre la arboleda, mientras los padres paseaban. El estanque centelleaba, y un aire fresco, diferente, lo envolvía todo.

Juan no lo dudó y se dirigió presto. Como si un hilo invisible tirara de Él con fuerza.

Esta vez se sentaría sobre el banco―pensó―. Sobre el que había sido cada noche su casa y su techo. Y dejaría que lo calentara, como antaño, aquel tímido sol de primavera.

En calma...

En calma…

Todo estaba en calma. Y cerró los ojos para saborearla.

De pronto percibió como a su lado, alguien se sentaba.

Hacía ya mucho tiempo que eso no le pasaba. Tanto que ya no lo recordaba.

― ¡Buenos días! ¡Preciosa mañana!―comentó de pronto su acompañante, mientras se atusaba el pelo movido por el viento.

Él se giró lentamente. Con un pellizco en el alma. Y frente a su mirada encontró el reflejo de aquellos ojos limpios que lo observaban.

Y el corazón le dio un vuelco.

Porque aquella mujer que tanto había observado en la distancia, casi cada día, estaba mágicamente a su lado… hablándole.

No creía que le hubiera reconocido, ahora que había dejado de ser transparente. Pero eso ya no importaba. Tan sólo ese momento.

― ¡Maravilloso día, sin duda…! ―contestó casi imperceptiblemente, sin dejar de mirarla.

Y las agujas del reloj de su tiempo comenzaron de nuevo a girar sobre aquellos listones de madera, una mañana cualquiera.

Porque sin duda, los hay. Sin duda. Cuando menos se esperan.

Esos días que parecen tejidos para la esperanza…

 

Tejidos para la Esperanza

Tejidos para la Esperanza

……………………….

 

DEDICATORIA:

 

A los/as que nunca pierden la esperanza.

 A tus ojos que me hablan… y me la dan cada día.

HOY…

ahoy 2

Para leer escuchando…

………………………

Hoy… cualquier día.

Pero Hoy.

Porque hay días que parecen tejidos para la esperanza.

Esa que llega, que llegó para no irse. La que me prestó los ojos cuando no veía y me regaló sus abrazos cuando más frío sentía en el alma.

Hoy, sí.

Aunque por qué ponerle calendario a las emociones. Fecha a la ilusión. Hora a la ternura. Minutos a la magia…

Si cualquier momento es especial en sí mismo, si sabes buscarlo.

Por lo que siembra y lo que recoges. Por lo que dejas de piel en su disfrute; por lo que encuentras al pasar cada página de vivencias; irrepetibles. Pequeños libros escritos en renglones cuajados de vida. Únicos. Mágicos. Finitos, pero para siempre.

Hoy. Pero también mañana.

Porque si eres consciente. Si nace de dentro. Sí es con la persona adecuada cualquier lugar es un remanso, y cualquier tiempo, un regalo. Porque no hay nada mejor que construir de la mano las pequeñas cosas, cuerpo a cuerpo, tan sólo por el sencillo placer de la compañía. Construir, sí. Mirando al horizonte con ojos de otro, de otra. Para ver entonces espacios donde sólo había vacío.

Pero hay recuerdos que no tienen fecha.

Un mundo aparte...

Un mundo aparte…

Que no la tienen porque merecen un mundo aparte. Un universo diferente. Toda una vida…

Que guardas tan dentro que no hay llave que abra esas mil puertas que encierran lo más profundo. Lo que te hace mejor. Lo que te cambió para no volver a ser el mismo. Eso que tu corazón no puede convertir en palabras, pero que ya traduce tu mirada.

Que llevas contigo a cada momento. A cualquier parte. No importa lo que pase.

Formando parte indisoluble de ti mismo. Porque desde aquel instante, algo se rompió por dentro para sanarte y redimirte. Para darle sentido a todo lo que andabas buscando. Para ponerle nombre a tu existencia.

Renace...

Renace…

Y cuando todo falta. Cuando todo parece imposible, renace dentro de ti para elevarte sobre el suelo y pintarte una sonrisa en el alma. Para hacerte mejor… y más libre.

Hoy sí, hoy es uno de esos días.

Hoy, pero ya cualquiera.

Hoy. Ayer. Mañana. Siempre…

… a tu lado.

ahoy

………………………

DEDICATORIA:

A tus ojos que me hablan…

AÚN…

Aún...

Aún…

Para leer escuchando…

“Le pidió una respuesta. Sólo una. Y Él la abrazo… y le dio todas”

 ……………..

Aún creo. Sí.

Creo que a pesar de todo, es posible. Que lo es sin duda. Lo es.

Que dentro de nosotros hay un ser irrepetible que tiene, merece; espera una oportunidad para compartir sus sueños.

Para construir con ellos una casa común, entre dos. Con estancias para la soledad compartida, y habitaciones amplias para el encuentro. Pintadas con distintas paletas, sí; pero con una misma luz que alumbra esos lienzos.

Amor. No encuentro otra manera de pronunciar su nombre. Ni debo. Ni quiero.

Ese que cuando se nos presenta; cuando toca a nuestra puerta, es inconfundible si es verdadero. Que entra removiendo nuestras conciencias y desnudándonos por dentro. Para cambiarlo todo de golpe, y hacernos mejores.

Únicos. Visibles. Vulnerables sí… pero también mucho, mucho más libres; aunque tantos crean lo contrario.

Nadie.

Nadie es más libre que el que elige compartir sus más íntimos deseos. Que el que desvela al otro sus esperanzas. Que el que muestra sus alegrías y desviste sus miedos. Nadie, no.

Nadie, es más libre que el que anda caminos con la mano de otro como única mochila.

Para al final, y después de todo, hallar al fin en una sola dosis… todas esas respuestas. Todas las que llevamos una vida buscando.

Nacen historias. O mejor se siembran…

Brotan entre las piedras como arroyo para convertirse en río. Para crecer meandro a meandro. Y descubrir que nada es imposible. 

Que sí; que hay otras luces y otros colores. Y no de nuestra mano.

Que las sombras, a veces tan oscuras, se borran de un plumazo si dos se miran a los ojos. Que siempre saldrá el sol mañana…

A pesar de la desesperanza. Del nunca llega. Del cuándo. Del cómo. Del basta.

Vivamos...

Vivamos…

Vivamos. Pero sobre todo, dejemos que la vida fluya dentro de nosotros sin límites. Sin olvidar que a veces la felicidad nos roza a su paso, pero no siempre se sienta a nuestra vera si no somos capaces de quitarnos esa fría coraza… para mirarla de frente.

Dejémonos llevar sin pensar por su melodía. Porque cuando la emoción viene de dentro, hay que dejarla volar y ser valientes.

Para dejar que lo que puede ser… sea.

Y construir. Sí. Siendo arquitectos de nuestra propia vida. Pero dejando que otros puedan también diseñar espacios en ella. A veces recónditos, sólo para nuestro esparcimiento. Y otras veces luminosos; amplios. Transparentes a las emociones y a los sentimientos. Donde escribir las mejores historias.

Tiernas. Tuyas. Suyas… nuestras.

Hay mil aventuras así levantadas. Las hay.

Detrás de muchas puertas; cerradas pero hermosas. En cada calle. En cada plazuela. En silencio…

Las hay detrás de mil rostros con los que cruzamos cada día si mediar palabra. A cada paso. Crónicas de afectos que nacen, que respiran cerca y de los que no somos conscientes. Ni ellos de los nuestros. Pero existen.  

No son perfectos. No. Ni lo pretenden. Ni yo tampoco.

Pero con su imperfección, ellos, nosotros, construimos nuestro refugio; y con nuestra libertad… nuestra morada. Y libremente así, navegamos juntos la vida.

Sólo queda entonces dar gracias.

Ser conscientes del maravilloso regalo que se nos pone entre las manos. Que compartimos. Que gestionamos como un tesoro que crece abonado por la confianza.

Gracias por tu presencia. Por cada momento… simplemente y eternamente gracias. 

[…]

 En cualquier lugar del mundo…

 

No quiso despertarla. No.

Y apenas la luz se filtró en aquella cabaña, giró su cabeza sobre la almohada para recrearse en su visión. En su cercanía. En su respiración profunda y pausada. Como si el mundo se hubiera detenido bajo aquella techumbre de madera; entre aquellas paredes encaladas. Sobre su corazón revocado de ternura.

Al escondite...

Al escondite…

Fuera, invierno y primavera jugaban al escondite.

Y Jose, dentro, se refugiaba en sus pensamientos después de tantos días sin verse. Como si quisiera aspirar aquellos instantes para mantenerlos vivos, perpetuos en su memoria. Y así, borrar de un plumazo el vacío de la ausencia.

Una ausencia que a veces dolía tanto…

Era feliz. Los dos lo eran. Pero juntos eran invencibles.

Porque habían aprendido a golpes de confianza a amarse desde dentro. A tejerse despacio. A aceptarse tal y como eran, sin más reproches que quererse demasiado. Bendito, bendito reproche…

Dos almas aquellas, que coincidieron porque la vida llevaba años deseando ponerlos en el mismo camino. Así lo sentían. Y así había ocurrido… sin duda.

Y es que pasamos los días buscando respuestas, buceando experiencias y de pronto, desarmados de esperanza, la existencia nos las ofrece cuando menos lo esperamos. Para dejarnos sin habla. Sin aliento. Sin partituras. En un corazón que toca de oído, cuando la música  parece escrita para nosotros.

Y aquello era ya una sinfonía.

Él recordó aquellos días, antes de partir de nuevo; aquellas horas plagadas de magia, en la que la paz lo había endulzado todo, como ahora.

Para cerrar los ojos y guardarlo todo. Dentro, muy dentro, como el mejor presente. El que compartir con ella en esas noches de luna…

[…]

¡Vamos, date prisa, que nos espera el camino!- le había dicho Noelia con esa sonrisa que lo desarmaba.

Y sí, realmente los esperaba desde siempre. Tras aquel sendero ribeteado de campos mágicos. De huertas dibujadas entre alcornoques y quejigos. Preñadas de olor a tierra fértil. A soledad y mil aguas. A vida que se abría camino como ellos a cada paso. De aromas a sierras dormidas, a campos de nadie; a siglos de historia escrita por veredas ahora sembradas de ausencias.

Ausencias que ellos llenaban a cada paso… como flores de mayo.

De fragancias nuevas...

De fragancias nuevas…

Que fueron descubriendo en cada recodo; plagadas de imágenes y fragancias nuevas. Esas que nadie, nunca, volvería a percibir como ellos. Nadie. Nunca.

Porque pocas veces pensamos que cada mirada es irrepetible; que cada instante no regresa nunca de la misma manera. Que cada piedra en el camino, cada flor, cada reflejo en el agua es algo que no vuelve, pero que permanecerá en tu interior como un momento único si sabemos verlo con ojos distintos.

Campiñas. Bosques. Pueblos blancos flotando en el horizonte. Respiraciones entrecortadas que se alzaron en la inmensidad de aquella naturaleza. Luces; que abrieron paso guiándolos por caminos,  inolvidables para los dos para siempre…

[…]

… Él sonrío, sumido en aquel recuerdo. Y pensó en lo que era realmente importante.

Que aquellas tierras. Que aquel aire limpio no era lo más valioso… sino haberlo compartido.

Haberlo sentido juntos. Haberlo hecho suyo para siempre.

Noelia abrió los ojos. Y lo miró en silencio. Sin que Él, abstraído en sus pensamientos pudiera darse cuenta.

Para sentir a su lado aquella paz, construida de la mano. En aquel refugio que llevaban en la maleta y que tendían al sol de cualquier tierra…

Una mañana cualquiera. Entre cuatro paredes. En cualquier lugar… pero juntos.

Y siempre...

Y siempre…

Pd: Aún. Y siempre…

[…]

 DEDICATORIA:

A l@s que aún creen.

A tus ojos que me hablan…

     

CADA DÍA…

acada diaPara leer escuchando…

 

……………………………..

Cada día.

Cada mañana…

Cada segundo que avanza y no vuelve.

Que se nos escapa entre los dedos, para dejarnos ese suave roce que marca los surcos de una vida. A veces conscientes, y tantas ausentes.

Instantes. Momentos. Efímeros; casi imperceptibles, que nos envuelven.

Lluvia fina… sirimiri de emociones que conforman nuestro ser y nuestra existencia.

Pasos. Amaneceres. Luces. Sombras. Miradas, con los ojos abiertos o cerrados. Caminos que nos traen y nos llevan y que se abren cada madrugada frente a nosotros como un reto

Sí. Cada día. Sin darnos cuenta.

Y que muchas veces marchitan sin ni siquiera abrir sus pétalos al tictac que nos empuja. Que todo lo mueve. 

Saboreemos pues el regalo. El don. Y hagámoslo nuestro.

Mañana podemos empezar de nuevo. Mañana. Siempre.

Nada más fácil ni más placentero que sentir de nuevo la conciencia de una esperanza que nace. De una oportunidad para todo que resurgirá rebullida entre las sabana cuando el sol nos salude. Y tenderle la mano…

Sí mañana. Y porqué no cada día.

Porque da igual el tiempo o el espacio si somos conscientes. Si nos apropiamos de nuestro propio tiempo para fundirlo entre los dedos, despacio. Serán nuestros entonces. De nadie y de todos.  Pero nuestros.

Para darlos. Soñarlos. Vivirlos… disfrutarlos.

Para hacer de lo pequeño lo importante. De una acera una alfombra. De un café contigo el mejor banquete. Del silencio… una sinfonía.

Abramos los ojos. Puertas abiertas.

Y dejemos de una vez que nos inunde la vida. Que nos pinte de nuevo cada madrugada. Dejémosla. Sin límites ni exigencias. Pero sin más excusas.

Porque sólo nosotros podemos. Debemos. Somos los dueños de nuestro destino. Mejor cuidar nuestro propio jardín en vez de esperar que alguien nos traiga flores en primavera. Porque en cualquier lugar puede florecer un sueño. Puede nacer una esperanza.

... Una esperanza.

… Una esperanza.

Cada día.

Cada Tarde…

Cada minuto que no hacemos nuestro y que muere dormido.

Que nos es dado. Impoluto. Por escribir. Virgen de alegrías y de tristezas, pero siempre distinto.

Qué diferente puede ser si lo caminamos con otros zapatos. Si lo pisamos firme. Si la compartimos con otra mirada.

A veces sólo basta buscar las señales en el camino. Que aparecen cuando menos las esperas. Muchas. Diferentes, que sorteamos a veces. Que pasan a nuestro lado sin echarles cuenta. Pero que en ocasiones, sin saber porqué, te las encuentras de frente. Crudas. Sin sazonar. Sin poder ni querer evitarlas. Para removernos por dentro como nunca. Y ponernos frente a un espejo al que llevamos mucho tiempo dándole la vuelta… Pensadlo.

Cada día.

Cada noche…

Cada hora que perdemos y que viaja al purgatorio de las oportunidades perdidas.

Esas que nos adormecen entre torres de hormigón que mal encierran el aire y la vida. Que nos envasan entre calles y edificios, para ser uno, una más y difuminarnos. Esclavos del tiempo. Rehenes de la prisa.

Así que tomemos la llave. Cojamos la rienda. Porque es posible. Lo es sin duda.

Y a pesar de todo. No dejemos de perseguir nuestros sueños, cada día. Aunque alguna vez, sin saber porqué, alguno de ellos tenga un ala rota.

acada dia 3……………………………..

DEDICATORIA:

A los sueños dormidos.

A tus ojos que me hablan.

“Cualquier día es catorce. Cualquier mes es febrero.

Cualquiera… Contigo”.

DE PUERTAS ADENTRO…

De puertas adentro...

De puertas adentro…

Para leer escuchando…

 ………………………..

Fuera.

Dentro.

Una vida y dos fronteras. Tal vez,  sí, dos vidas…

Dos universos. Dos espacios, dos, que nos limitan. Que constriñen a tantos para desdibujarlos y hacerles perder la magia de ser uno mismo.

Vidas paralelas que construyen seres cambiantes. Diferentes. Asépticos.

Los que laten al son del qué dirán. De lo políticamente correcto. De lo que se espera, de lo previsible y acertado para esa mayoría silenciosa; juez implacable. Sin alma.

Para ya, nunca ser lo que son ni lo que fueron, y acabar siendo lo que creemos adecuado.

Adecuado, qué ironía.

Adecuado sí, pero vacío. Desnaturalizado. Transgénico de sentimientos, huérfano de emociones.

Dos vidas, sí; fuera y de puertas adentro. ¡Hay tantas!…

Mundos escaparate...

Mundos escaparate…

 

Para dibujar así mundos escaparate de sonrisas de día y soledades de noche.

Existencias que pasan las hojas del calendario al ritmo monocorde de la indiferencia, y de las que no me resigno a huir cada madrugada. No lo haré nunca. Os lo prometo.

Las del chisme y lo ajeno.

Las que hacen de lo vecino lo importante.

Fiscales inmisericordes, de conciencias dormidas. Pero olvidando adentro lo propio. Lo suyo. Lo de los suyos. La esencia… lo trascendente.

Cuántos WhatsApps y qué pocos te quiero.

Tantos paraísos Smartphone, tras purgatorios de abrazos y de ternuras.

Vidas en la nube y nubes en su propia vida…

Para así convertirlo todo en frases enlatadas sin alma. Y no descorchar su corazón olvidado.

Porque realmente es allí, allí donde está la solución y la respuesta. La verdadera razón que nos hace grandes. Distintos e irrepetibles. Invencibles.

Allá, donde el sentimiento es vela y el tacto bandera.

Tan fácil. Tan cerca y tan, tan lejos…

No nos importe. No.

Alcemos el vuelo...

Alcemos el vuelo…

 

Y alcemos el vuelo sin uniformes.

Sin corsés que nos aprisionen el alma para pintar el mundo a nuestra manera.

Sin juicios, y sin reproches. A corazón abierto. Pero con el nuestro y con nuestros propios latidos.

Siendo siempre lo que somos, sin honores ni premios, pero viviendo.

Y dibujemos así nuestras horas; cálidas, alegres, compartidas. De piel y de miradas.

Y escuchemos más.

Buscando tener siempre próximos a los que más queremos; porque el tiempo es implacable, y siempre irrepetible. Y nunca podremos saber si nos arrepentiremos de no haber dado aquel abrazo. Ni de haber estado más cerca.

Salgamos al camino con el pijama de casa y durmamos con el traje de calle. No nos dejemos llevar por la rutina ni la complacencia. Y rompamos ese maldito molde que nos atenaza.

Seamos nosotros, nosotras. Siempre orgullosos de ser lo qué somos y cómo somos.

Démonos hasta el último aliento, Y engrasemos el alma para ofrecer su mejor repertorio, sin pensar en el qué dirán ni en el mañana.

Simplemente, vivamos.

Sonriamos.

Amemos.

Seamos.

Por igual.

De puertas afuera…

… y de puertas adentro.

 

Por igual...

Por igual…

………………………..

 DEDICATORIA:

A l@s que no cambian con los vientos.

A tus ojos que siempre me hablan… 

 

 

DOS…

ados 2

Dos…

Para leer escuchando…

 

……………………………..

Una. Uno.

Diferentes.

Dos almas. Dos mundos. Dos caras.

Dos. Tú y yo.

Y la vida, prodigioso escenario, nos obsequia con el mismo camino. Sin avisar.

Para ya cambiarlo todo sin hacerlo.

Un día, una mañana, una tarde cualquiera. Cuando nadie está preparado, porque nadie lo está nunca. Cuando algo, muy dentro, se rompe; para siendo igual nunca volver a ser lo mismo. Y florecer…

Un reto. Maravilloso.

Sí. La existencia nos reta a buscarnos dentro como nunca. A tejer puentes cada uno en su orilla. A bucear en lo más profundo; donde nadie nos ve. A dar lo mejor de ti mismo, pero siéndolo.

Fascinante regalo. Pero un desafío.

Una puerta...

Una puerta…

Una puerta. Pero mil posibilidades.

Un espejo. Pero dos formas de mirarse.

Y mejor ser siempre uno mismo. Mejor siempre…

Para descubrir en ti espacios donde encontrarse; y compartirlos. Donde buscar tu presencia, y tu ausencia.  Donde crecer juntos. A veces de la mano, a veces no. Pero siempre mirándonos a los ojos.

A veces de la mano...

A veces de la mano…

Para querer. Y quererte como eres. En la inmensidad que eso encierra.

Pero sin pedirte que cambies. Qué dejes tus sueños. Qué des rienda suelta a tus esperanzas. Sólo, que me ames como yo soy; con mis colores y mis sombras. Solamente eso. Tan sencillo; tan complejo.

... mis colores.

… mis colores.

Y Allí estaré.

Donde quieras. Si lo necesitas. Sin excusas. Sin mentiras. Sin límites ni explicaciones; sólo nuestro propio horizonte…

Y sin partituras.

Pero afinando juntos.

Porque la música brota limpia tocando al unísono, aunque sea con distinto tempo. Haciendo mías tus esperanzas aunque Tú las tejes con tu propia madeja.

Tus días...

Tus días…

Para darte mis noches, y Tú regalarme tus días. Y juntos… hacer la tarde nuestra.

Dos.

Uno. Una.

Nosotros.

Dos puertos de un mismo océano.

Navegar...

Navegar…

Donde hoy quiero que sepas que quiero navegar a tu lado…. toda una vida.

Pd: Levando anclas.

 ……………………………..

DEDICATORIA:

A l@s que navegan juntos.

 A tus ojos que me hablan siempre.

anubes 4

Para leer escuchando…

“De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla…”

JOAN MANUEL SERRAT

…………………………….

Hoy quiero contaros una historia; pequeña. Muy pequeña.

Tejida despacio, suavemente a golpes de ternura. De ilusiones. Hecha con fibras de horas hermosas de espera. Envuelta en las mejores brisas.

La historia de un niño que vino de entre las nubes violetas: Mi mejor amigo de siete años.

Nubes Violeta...

Nubes Violeta…

Un relato que se cuenta de boca en boca allá donde los sueños son siempre posibles. Donde no hay relojes, prisas ni medidas. Donde la sonrisa abre todas las puertas y huele a romero, chocolate y canela.

Allá; lejos pero tan cerca.

Porque es un país que sin saberlo, todos y todas llevamos dentro; porque hace mucho que se nos olvidó cruzar su frontera, aunque no necesitemos pasaporte. 

Y en sus calles de colores, se narra con mimo esta aventura. La aventura de una existencia, la suya, y la de todas y todos los que lo rodean.

Un canto, un lugar para la esperanza.

Y creo, que si Él pudiera, le gustaría escribirla así…

[…]

Amanecía...

Amanecía…

Amanecía.

Y mamá se sentía nerviosa.

Yo lo percibía, sí. Cómo no hacerlo…

La comprendía muy bien, mucho. Llevaba casi nueve meses a su lado, escuchando y sintiéndola muy cerca, aunque realmente creo que la conocía desde siempre. Al menos así lo sentía.

Canturreaba. Sí. Lo hacía.

Y es que ella siempre, siempre estaba alegre. A pesar de todo. A pesar de los problemas, o a su costa.

Y sin saberlo, esa contagiosa risa suya penetraba como un bálsamo hasta lo más profundo, dibujando en mi cara una sonrisa, como una caricia.

Como una caricia...

Como una caricia…

Yo había aprendido a quererla despacito. Como se cuajan los grandes amores.

Aunque sinceramente creo que ella me quiso desde el primer segundo. Desde que aquella línea rosa dibujó en sus ojos y en su alma una esperanza a la que asirse, un relámpago de cariño que la zarandeó hasta la más hondo; para cambiarla ya para siempre.

Realmente nunca sabemos donde vamos a encontrar el amor verdadero, la vida no trae hoja de instrucciones. Pero sí tengo que deciros que ella me regalo su presencia y su ternura un día cualquiera de Abril.

Abril, Mamá… ¡Tú y tus abriles mágicos!

Y creo que nunca lo ha olvidado.

Cuando no brilla...

Cuando no brilla…

Y que en sus noches de desvelos, cuando la luna no brilla por su ventana, recuerda aquellos primeros días de incertidumbre trufados de alegría. Una primavera que llevará grabada en su corazón para siempre. Y yo, con ella.

Vivir a su lado es toda una aventura, lo fue y lo sigue siendo.

Porque mi madre es un torbellino, un mar en verano, un viento fuerte pero templado capaz de llevarte lejos o mecerte suavemente en la ensenada. Pura magia.

En la ensenada...

En la ensenada…

Con ella fui descubriendo desde dentro a que huelen las caricias. Bailé, canté y escuché de su mano músicas maravillosas. Surqué cielos y descubrí otros amaneceres; para sentir su latido adormecerse cada noche, tic-tac, tras días largos e intensos.

A que huelen las caricias..

A que huelen las caricias..

Y como no, sus… ¡Buenas noches Príncipe!

Y por mí se hizo fuerte. Más si cabe de lo que ya lo es.

¡Ay, si la conocierais!…

Soñó con mis ojos.

Me acunó en sus pensamientos.

Me meció con sus palabras para llevarme de la mano por sus playas de Cádiz sin conocerme…

Y yo, sólo podía devolverle esa alegría con mis vueltas y mis trepolinas; que en el fondo solamente encerraban mis ganas de verla. De sentir sus abrazos.

Y llegó el día. Por fin.

De Enero...

De Enero…

Y un frío viernes de enero no pude esperar más y llamé a su puerta.

¡Quería conocerla!

Poner cara a su voz melodiosa. Aroma para su piel y su cariño. Color para sus ojos que me habían descubierto tantas cosas. Tantas.

Y a mediodía, de repente, la luz invadió mis ojos. Sentí estallar mis pulmones; mi corazón latir fuerte y pude al fin escucharla.

Y tengo que deciros, de todo corazón, que nunca oí una voz más dulce. Sentí un abrazo más tierno. Ni vi una lágrima tan hermosa. Nunca.

Mirarla...

Mirarla…

Sólo pude entonces mirarla fijamente, con los ojos muy abiertos, y en silencio, darle las gracias. Mientras ella, me observaba emocionada con esa mirada suya que enamora.

Y así, un doce de enero, mamá me dibujó por fin, como había soñado…

Acurrucado entre sus nubes violeta.

…………………………….

DEDICATORIA:

A Nicolás mi mejor amigo de siete años.

A tus ojos que me hablan siempre… 

¡FELICIDADES!

¡¡FELICIDADES!!

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