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Archive for 22 noviembre 2012

NUESTRO PROPIO “MADISON”.

 

Nuestro “Madison”…

 

Para escuchar oyendo a “Maldita Nerea

En el mundo genial de las cosas que dices”.

 ………………………………..

  

La abuela María nos esperaba en la puerta con su sonrisa amplia, apoyada sobre el viejo bastón de madera.

El sol comenzaba a brillar en el horizonte, dibujando reflejos nacarados sobre su pelo cobrizo, largo y sedoso. Como el de una adolescente.

El coche de mamá se detuvo despacio delante del porche; y los tres, Pablo, Mario y yo misma, no esperamos a que lo hiciera del todo, abriendo las puertas casi en marcha para recorrer los pocos metros que nos separaban de ella. Y así, lanzarnos a sus brazos tiernos que te envolvían como una brisa ligera.

Allí permanecimos unos largos segundos, arropados y envueltos por ese dulce olor a jazmín que ella desprendía, mientras ella nos decía suavito…

-¡Sois mi vida! ¡Sois mi vida!-Con su voz queda y melodiosa.

Mi madre, sonreía muy cerca. Con esos ojos grandes y morunos como los de la abuela. Y despacio, justo detrás nuestra, recorrió el mismo camino subiendo los pequeños escalones para abrazarse a su mami tiernamente.

-¡Por fin estoy en casa, mamá!-le dijo emocionada.

Mientras ella recibía aquellas palabras con sus ojos inundados como un lago.

“Como un lago…”

[…]

Entonces nos cogió de la mano, y despacito, fuimos entrando con ella en su maravillosa morada.

Yo cerré los ojos, como hacía siempre, para antes de atravesar bajo el dintel de la puerta, escuchar el sonido de la mar al morir en la arena. Un rumor que me envolvía, que me arrastraba casi a una orilla que se divisaba tan cercana en aquella playa gaditana.

La casa era blanca y de líneas rectas. Hermosa. Diseñada por ella y construida por los dos hacía ya casi cuarenta años. Llena de luz, cálida y acogedora.

Una sentía siempre al entrar un escalofrío que me recorría la espalda, extasiada por aquel refugio donde nadie se sentía extraño. Construido poco a poco y a golpes de amor, de risas y esperanzas. Porque aquella vivienda estaba hecha a imagen y semejanza de ambos. Rebosante de sus vivencias, repleta de sus días. Sumergida en su maravilloso pasado juntos.

Todos, al llegar, nos sentamos alrededor de la gran mesa que lo presidía todo como un buque insignia en mitad de aquella enorme estancia. El aroma del café impregnaba el aire, recorriendo espacios y dibujando en nuestra mente imágenes de siempre; de tantos inviernos vividos.

Al fondo, la abuela canturreaba, afanándose en prepararnos como siempre un espléndido desayuno. Esbelta, elegante como siempre, cortaba minuciosamente su pan de centeno para prepararnos tostadas regadas con aceite de oliva. Y con sus manos, tan arrugadas como hermosas, lavar la fruta fresca que en trocitos serviría sobre la vajilla morada.

Sobre la mesa, un maravilloso ramo de lirios y margaritas violetas y blancas lo presidía todo.

“Siempre frescas…”

Siempre frescas. Cada día. Recogidas con aquel pañuelo de lunares que la abuela guardaba en un cajón de la cómoda como un tesoro. Y del que nunca quiso hablarnos.

Sólo una vez, en la que yo le pregunté por él, ella sonrió para decirme:

-¡Ojalá alguna vez alguien te lo regale como a mí!-Para lentamente dejarme, abstraída en sus cosas.

El olor a cacao me sacó de mis pensamientos y una bandeja repleta de viandas y tazas humeantes aparecía ya frente a nosotros como por arte de magia. La abuela, a mi lado, me miraba absorta. Con esos ojos que hablaban por sí solos y que traían la paz a cualquiera que los contemplara. En una conexión que sólo nosotras entendíamos sin palabras.

– ¡Mamá, siéntate ya con nosotros!- le dijo mi madre sacándola de sus reflexiones.

Y ella, al instante, se acurrucó a mi vera, tapándome con la colcha que vestía la mesa como una novia. Y las palabras fluyeron por su boca sabia. Tintineando en el aire con esa voz dulce y pausada, que nos llevaba a todos a escucharla con la boca abierta. Rendidos ante su armonía.

Y es que era un día diferente. Todos lo sabíamos.

Y no habíamos querido dejarla sola para acompañarla en unas horas que seguro se le hacían tan cuesta arriba. Y ella, sin decir nada, lo sabía. Y nos lo agradecía regalándonos su mejor sonrisa, envuelta en una nostalgia que lo impregnaba todo como un barniz fresco. 

Hacía un año, que él nos había dejado…

Que el abuelo había volado hacia sus mundos de ensueño, después de tantos años alegres compartidos con su María del alma, a corazón abierto. Y desde entonces la abuela se había sumido en una permanente melancolía sin su “Capitán”, como a ella le gustaba llamarle siempre.

“Melancolía…”

Daba gusto verlos juntos.

Durante todos los años que compartí con ellos sólo pude saborear como un regalo el amor que se profesaban. Intenso. De ida y vuelta. Con sus propios espacios que confluían siempre en un universo común que nos iluminaba a todos. Lleno de miradas tiernas. De complicidad sin límites. De abrazos a cualquier hora. Con aquellos -¡Buenos días, Princesa!- con los que él le regaló hasta su último suspiro.

[…]

Apuramos el desayuno, saboreando aquellos momentos junto a ella. Una mujer que por sí sola era capaz de llenar todo con su ternura infinita. De pronto nos llamó la atención, y todos nos apretujamos a su alrededor para escucharla. Nos recorrió dulcemente con la mirada, para decirnos…

-¡Todos sabéis que día es hoy! ¿No?-nos comentó sonriente.

-¡Claro, soletes,  y por eso habéis madrugado tanto!-

¡Hoy quiero contaros una vida, os la merecéis! ¡Se la merece!-dijo casi sin voz.

Para comenzar a hablarnos de su historia, la de los dos. Y sus ojos brillaron; al comenzar a contarnos cómo se conocieron. Al explicarnos las dificultades de un amor que surgió y fue creciendo rompiendo barreras, salvando montañas y mares a lomos de la fuerza de ambos.

De cómo esa primera brisa acabó siendo un viento. Un huracán que los arrastró a una aventura maravillosa de la que éramos ahora testigos y fruto.

Nos habló de Marcos. Su amor.

De cómo pasito a pasito. Insistente. Con un cariño que lo llevaba en volandas, fue capaz de llegar a ella a pesar de sus dudas y sus vacíos. De su lucha interior por encontrar las respuestas, que él aguantó estoicamente, aferrado a una adoración incondicional e ilimitada. Y de su amor por él.

De sus silencios compartidos. Sus interminables conversaciones donde nadie quería colgar el teléfono. De tanta luz que consiguió vencer a las sombras que la vida nos pone delante y que a veces no somos capaces de ver claramente. Para al fin, entre los dos, ser capaces de quitarse la coraza que la existencia a veces nos coloca y empezar una aventura maravillosa… su vida juntos.

Y nos habló de sus viajes.

De sus paseos de la mano por Praga. De su baile en el malecón de la Habana a la luz de la luna de julio. De escapadas improvisadas a cualquier sitio, en cualquier momento, por el solo placer de disfrutar de su compañía.

De aquellas eternas conversaciones sobre todo y nada. De aquel día de abril en el que él, con el corazón en la garganta, le declaró su amor mirándola a los ojos.

-¿Como poder olvidarlo?-nos dijo, emocionada.

Tantas risas y algunos llantos, siempre compartidos; de un amor, el suyo, por el que la vida había tenido sentido.

Y todos escuchábamos maravillados, envueltos en aquellas palabras mágicas que se alzaban sobre aquel día triste, que nos envolvían con el hechizo de una relación que traspasaba el tiempo y el espacio. Una historia de película, como decía el abuelo.

-¡Porque si puedes soñarlo, puedes hacerlo!-nos repetía siempre.

Parecía que la conversación llegaba a su fin, cuando sonó el timbre de la puerta, y mamá, solícita, se acercó a abrirla. Allí junto a la puerta, sonrientes, todos mis tíos la saludaron para fundirse los seis en un abrazo eterno.

-¡Vamos os estaba esperando! ¡Tenemos que hacerlo!-les dijo emocionada.

Y así después de los saludos, todos nos apiñamos alrededor de la abuela. Y mi madre, ceremoniósamente, tomó entonces la palabra.

-¡Mamá tenemos algo que darte! ¡Algo que lleva un año esperando!- anunció casi sin poder articular palabra.

Para lentamente del bolsillo de su chaqueta, sacar una carta envuelta en un lazo malva. Apenas podíamos contener la respiración. Mi madre fue quitando el nudo suavemente, para depositar la cinta sobre el regazo de la abuela que la miraba atónita. Abrió entonces aquel sobre y después de unos segundos comenzó a leer:

En algún lugar del mundo.

 

¡Buenos días, Princesa!.

Gracias en primer lugar querida hija mía, queridos hijos, por haber cumplido vuestra promesa de leer esto una vez pasado un año.

No voy a importunarte mucho cariño. Pero sabes que puedo ser muy persistente.

¿Me disculpas?

Sé que ya no estoy contigo físicamente, aunque sabes que vivo permanentemente dentro de ti, como siempre.

Yo estoy bien. Quiero que lo sepas, cielo.

Y solo te escribo para darte las gracias. No sé si tantos años juntos han sido suficientes para agradecerte todo el amor que tú me has dado.

Hoy seguro que estáis todos juntos alrededor de nuestra vieja mesa, escuchando estas palabras y quiero deciros a todos y a todas que os quiero con el alma.

Pero también quiero que sepáis lo que amo y he amado a vuestra abuela desde el primer día.

Como a pesar de todo, de todas las dificultades, supo ver más allá y querer a este hombre con todas sus carencias y vacíos. Y no fue nada fácil al principio. No lo fue.

Como de tus lagrimas construiste ríos, y de tus esperanzas puentes sobre nuestro propio “Madison”, al que viajamos tantas noches de luna llena.

Gracias por confiar en mí. Por tu apoyo y tus horas dulces. Gracias por hacerme mejor hombre y mejor persona a tu lado. Gracias amor mío por regalarme años tan hermosos, pero quiero que sepas que sólo por un minuto contigo yo hubiera dado la vida.

Ahora estoy donde ya sabes, no te preocupes. Aquí en el país donde todo es posible.

Sus dos soles me calientan y me dan fuerza para esperarte. El cielo cariño aquí es azul y malva, como en tus sueños. La brisa es suave y cálida y no me falta de nada, ni siquiera tu presencia.

Ya sabes tesoro que yo te espero aquí como cada madrugada, como también os espero a todos vosotros. Sólo tenéis que pensar y soñar que es posible. La abuela os enseñará gustosa el camino.

Y así de la mano, como cada noche, como cada vigilia, pasearemos escuchando el rumor de las olas y me contarás como te ha ido el día.

Con tu melena al viento, que tanto me gusta. Y no habrá minutos ni horas. Sólo nosotros. Porque todo se detendrá para arroparnos, para ayudarnos en este viaje y disfrutar juntos de la paz que hemos construido con la rendija de nuestros corazones abierta.

Para despedirnos, como siempre, hasta la nueva aurora...

Un beso, grumete.

 

Pd: Te quiero, ahora y siempre. No llegues tarde esta noche. Te espero…

 

 

[…]

Sólo un dulce silencio reinaba tras la última palabra; que quedo flotando sobre nosotros como polvo de hadas…

Y la abuela, entonces, sólo pudo decir mirando al vacío:

-¡Ya lo sé! ¡Y yo a ti Capitán!-

………………………………………….

DEDICATORIA:

 A todos los que aún creen que “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”.

 

 

 

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Tú no estás sol@…

¡No estáis sol@s!..

“Carta a un corazón… desde algún lugar del mundo”.

20 de Noviembre de 2012.

…………………

 Para escuchar oyendo a Michael Jackson:

…………………

Hola corazón. ¿Cómo sigues?…

Te escribo esta carta porque hace mucho tiempo que no hablamos, aunque sí nos sintamos tan cerca. Siempre cerca.

Sé que llevas muchos días, muchas semanas y meses trabajando a todo ritmo. Sin descanso.

Te escucho todas las mañanas latir dentro de mí, nada más ver el alba. Y no sabes como me reconforta tenerte a mi lado.

Siento tu pulso amanecer conmigo. Como tu maquinaria despierta a una nueva mañana y tú me dices buenos días esperando esa brisa fresca que te anime y con ella, a mí mismo.

Percibo tus sensaciones cerca. Brotar tus esperanzas a cada paso de mis pies, y tu ternura que me envuelve cuando la necesito. Y siento tu paz tras las tormentas que vivimos juntos, aferrados al timón de una vida que navegamos a veces por mares desconocidos.

¡Compañero!

¡Eres fuerte!, ¿Sabes?…

No te lo había dicho nunca, pero sin duda lo eres. Y a mí me haces a tu lado más valiente, más sereno. Mejor a pesar de mis muchos defectos.

¡Que sería yo sin tu fortaleza!… sin tus ganas de vivir. Sin tu calma.

Porque cuando yo estoy perdido tú pones el norte. Cuando no me encuentro,  me indicas el camino… porque eres luz y guía. Él que nunca me abandona a pesar de los pesares. Mi hombro en mitad de mil soledades compartidas.

¡Y es que hemos pasado juntos, tantas cosas, compañero!… ¿Recuerdas?…

De la mano hemos percibido el mundo que nos rodea y sus mil sensaciones. Las emociones que nos han llegado a borbotones, cargadas de matices y tonos que tú me haces llegar dentro como nadie. Y sabes, que yo, lo he guardado todo en mi interior como un tesoro, porque siempre me dejo llevar por ti.

Tú y yo sabemos que soy un hombre sensible. Tierno. Y ya sé que eso tal vez no se estila. ¡Hemos hablado tanto de esto! ¿Verdad?…

Pero también sabes que no voy a cambiar ahora. Por mucho que te empeñes, amigo mío. Es mi decisión y mi destino.

Mira. Yo sé que voy siempre con la rendija del corazón abierta, y eso me hace vulnerable, siempre me lo recuerdas…

Pero sabes, y tú mejor que nadie, que así el viaje es prodigioso. Recorriendo la vida con los ojos abiertos para descubrir a través de ella gentes maravillosas. Mensajes en botellas que llevan muchos años flotando en la nada de un océano solitario, entre la multitud; esperando a que alguien se atreva a leer su contenido.

Y así he encontrado ternuras escondidas detrás unos ojos tristes. Belleza interior a veces tras un hosco gesto o un carácter introvertido. Almas nobles, grandes, hermosas, que pasan desapercibidas arrastradas por un día a día aséptico, estéril de sentimientos… que a veces nos embarga el alma y la conciencia.

Porque me gusta pensar que detrás de cada esquina, a la vuelta del camino, siempre hay un mañana mejor, un sueño por cumplir, y a ello me aferro. Con tu ayuda.

Y tú me das entonces, siempre, la mano tendida. Y me la aprietas, firme, cuando el gris predomina… y me abrazas cuando el sol no calienta; y te siento  dentro como nunca, en esas horas oscuras donde nada tiene sentido.

Para llenarme después de luz y de esperanza cuando los colores brotan de nuevo. Cuando la tormenta cesa… y la brisa es tierna y me acaricia.

¡Cesó la tormenta!…

No sé dónde empiezas y donde acabo.

No sé, si sin ti existo o por ti tengo sentido.

Sólo sé que me armas del valor necesario para afrontar mi destino. Para trazar el camino recto aunque a veces con los renglones torcidos. Para ser capaz de ver más allá del presente y luchar por un futuro que podemos construir juntos, de la mano.

Y hoy quiero decirte, querido compañero, que te siento distinto…

Diferente. Rebosante de ilusiones y cargado de esperanzas.

Que tu latido se ha vuelto música, que resuena en mis oídos como un suave “Adagio” que al fin, después de tanto destierro, me eleva sobre la tristeza y la nostalgia.

Un pulso renovado que hace que mis palabras fluyan como un viento nuevo. Para recorrer mundos soñados de tu mano, y viajar a paraísos cercanos donde el sol nace.

Sólo me queda darte las gracias… nunca lo he hecho.

¡Llevas tantos años a mi lado sin pedirme nada a cambio!.

Quiero que sepas que las nubes ya no están en el horizonte ya que tú no puedes verlas. Que el cielo es azul, el temporal ha pasado y he reparado las velas.

Que te quiero al timón de mi vida y de mi existencia. Como siempre. Para construir juntos lo que tenga que venir, pero de tu mano.

Que juntos somos invencibles, como lo son todos y todas las que crean en la esperanza de vivir a corazón abierto.

Que gracias a ti… por fin, he encontrado unos ojos que me hablan. Que me traspasan. Que me llevan a playas desiertas, donde el sol no se pone a su lado.

Porque sin ti nada de esto habría sido posible. Nada.

Un fuerte abrazo, amigo mío… porque con tu ayuda yo, nunca, nunca, me he sentido solo.

Hasta pronto.

…………………………………………..

DEDICATORIA:

A mis seguidores de twitter .

  Y a tod@s los que me acompañáis en este viaje… ¡Gracias!.

 

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EL VIAJE DE PINTO…

 Nota del Autor: “Pinto” es el nombre de un personaje del Grupo sm. www.gruposm.com/

“A tod@s los que no se resignan a perder lo que aún les queda de niñ@”

Cuento para leer escuchando a Debussy: “Arabesque” . http://www.youtube.com/watch?v=A6s49OKp6aE

Lucía una preciosa noche de primavera bajo aquella luna lunera que se colaba por la ventana. Y él cerró los ojos.

Sus largas pestañas, negras como el azabache, comenzaron lentamente a impedir que pasara la luz, entornando sus luceros como una cortina mágica; y  casi pudo ver el polvo de hadas flotando a su alrededor antes de cerrarlos del todo.

Y es que Nico iba a soñar con ellas…

Con sus hadas dulces. Con sus duendecillos colorados y sus elfos de la risa, que cada noche, cuando él y su hermano se iban a la cama, les hacían cientos de cosquillas en sueños, para regalarles flores de chocolate y nubes de gominolas; mientras de fondo, aún escuchaban como una dulce música, el cuento que mami les contaba sentada a su regazo… mirándolos, con esos ojos morunos verde oliva.

Se acurrucó despacio. Rebulliéndose entre las suaves sabanas de la abuela.

Y su pequeña boca dejó al descubierto sus dientecillos traviesos, en un último bostezo que lo sumergió en un sueño profundo. Dulce. Con la sonrisa en los labios de un pequeño piratilla que buscaba sus fantasías o ellas a él…

[…]

La luz empezaba a molestarle en los ojos cuando el pequeño sintió como algo le rozaba el cabello. Y los abrió lentamente…

De pronto, sorprendido,  se dio cuenta de que ya no se encontraba en su cama y que él y su hermano estaban recostados sobre la suave hierba que crecía bajo aquel enorme árbol morado.

A su sombra… los sueños.

Y allí ya, sentado, permanecía con la boca abierta bajo la sombra de aquella enorme planta cuyas ramas bamboleaba el viento…

Se volvió entonces, y vio como un pequeño duendecillo azul le sonreía mientras le atusaba el cabello.

Y él contento y sorprendido le devolvió la sonrisa.

-¿Dónde estoy? ¿Yo estaba durmiendo en mi cama?-… le pregunto Nico al   duende.

-¿No lo sabes, pequeño terrícola?-… le contestó mientras de un brinco prodigioso saltaba de su hombro al suelo…

-¡Estás… aquí, donde todo es posible!-… le gritó, mientras desaparecía como por arte de magia entre los matorrales.

Los dos hermanos ya despiertos se levantaron al unísono.

Y miraron al horizonte donde dos soles surgían entre las montañas, iluminando un país de fantasía que se abría ante ellos en todo su esplendor.

Después de estirarse, comenzaron a andar por un pequeño camino, estrecho, diminuto, como dibujado sobre la tierra color mostaza.

El aire era tibio y cálido. Y a su paso, miles de flores de colores se iban abriendo y girando para darles los buenos días, desplegando sus pétalos de mil tonalidades, y perfumando el aire de sus olores preferidos. Vainilla y fresa.

Se sentían felices.

Y a pesar de no conocer donde se encontraban, se sentían como en casa.

Empezaban a sentir hambre, mucha hambre, cuando de pronto, al girar tras aquella roca casi transparente que se alzaba en mitad del sendero, ante ellos se abrió un prado… ¡maravilloso!.

Ambos se miraron, atónitos.

Y corrieron para adentrarse en la pradera que sembrada de dulces y galletas de todos los colores y sabores se extendía en el infinito… como en un cuadro soñado por cualquier niño.

Cientos de bizcochos multicolores, competían en colorido con barquillos de mil tamaños y formas. Apretujados, en una sinfonía de matices y aromas.

Las obleas les sonreían, y a ras de suelo miles de pastelitos añil y violeta perfumaban el aire con olor a caramelo, mientras cientos de pequeñas mariposas, como en bandada, revoloteaban entre las flores de almíbar y canela girando en el aire, dibujando nubes y estrellas olor a frambuesa.

Llegaron “dibujando nubes…”

Y los dos, a su paso, iban cogiendo pasteles y golosinas, que cambiaban de forma y color entre sus manos y su boca. Para llenar sus paladares de mil sabores. Para sentirse saciados y felices.

De repente, un claro se abrió entre aquel campo dulce.

Y un enorme lago de chocolate caliente apareció ante ellos… brillando bajo los soles.

Pequeñas ranas de lunares, croaban sin cesar, saltando entre nubes marrón brillante, y ambos sumergieron sus pequeños labios en aquel maravilloso estanque para saciar su sed… extasiados.

¡¡¡Plofff!!!

-¿Que mejor desayuno que este?-… pensó el más pequeño.

-¡Bueno el de mamá!-… se contestó así mismo.

Y aquel templado y delicioso manjar fue recorriendo sus pequeñas gargantas llenándolos de una paz increíble.

Un ruido entonces les sacó de repente de aquel agradable momento. Y ambos miraron al centro del estanque, de donde provenía.

Allí, rodeado de nenúfares de caramelo, vieron a un pequeño ser verde, con media luna blanca dibujada en los ojos que los llamaba con la mano.

Los dos niños se acercaron hacía donde les indicaba, y él fue hacia ellos nadando, para salir despacio, sacudiéndose… y esparciendo miles de gotas de delicioso cacao por doquier…

Con su nariz redondona, y una estrella azul dibujada en el pecho, les saludó sonriente. Apenas medía dos palmos.

Foto Credit: Pinto y sus amigos. Editorial Grupo sm.

-¡Bienvenidos, niños. Os esperaba desde hacía muchos días!-… les dijo contento.

-¡No todo el mundo puede llegar hasta aquí, hasta mi planeta!-… les comentó.

-¿A tu planeta?-… le dijo Quito extrañado.

-¡Sí, pequeños… a mi planeta! ¡Seguidme y lo entenderéis!-… le contestó.

Y los cogió de la mano, casi de puntillas. Para comenzar el viaje…

[…]

Los tres recorrieron aquel pequeño universo entre risas y juegos.

Y mágicamente, Pinto apretaba fuerte sus manos, y los tres saltaban por el aire como si flotaran. Para así atravesar “El río de las ilusiones azules”. Surcar raudos el bosque de “Las verdes esperanzas”, para llegar, arriba en lo más alto, a la montaña de “Todo es posible”…

Y juntos alzar la vista para mirar al horizonte que se abría frente a ellos.

El planeta de “Todo es posible”…

Entonces, maravillados, los dos pequeños vieron como miles de otros niños y niñas, de todas las edades, de todas las razas y procedencias viajaban como ellos junto a sus elfos, sus hadas buenas, sus duendes de las noches tiernas.

Que igual que ellos, reían juntos y jugaban, como almas nobles, llenas de maravillosa inocencia.

Para a cada paso, a cada segundo, dibujar los ríos y pintar los campos. Para colorear en cada instante sus sueños con sus mejores deseos. Con sus más tiernos recuerdos. En un mundo que cambiaba de color a cada paso…

-¡Este es mí Planeta, Nico, Quito!-… les dijo su amigo Pinto.

-¡El Planeta de los sueños posibles!-… les mencionó.

Entonces, los tres se sentaron frente a los dos astros rey que brillaban sobre el cielo malva, en lo alto de la colina, para escuchar de Pinto, su leyenda…

La historia de un pequeño mundo que nace y muere cada noche.

Que cada madrugada se llena de los sueños de tantos pequeños y pequeñas de mil tierras, de cualquier condición, que siempre son capaces de ver más allá del arcoíris. Donde viven las ilusiones por realizar.

Un mundo donde todo es posible. Donde nada duele. Y todo vive.

Donde las cosas son más sencillas porque sólo el corazón manda y las manos sólo sirven para acariciar. Y los brazos solamente para abrazar.

Donde todo rima, y es poesía.

El país de las noches dulces. De las mantas con mamis. De los sueños tranquilos. De la paz ansiada.

Al que sólo llegan los que creen que si podemos soñarlo, podemos hacerlo. Que la vida es una aventura maravillosa que escribimos cada día, como el alma de cada “peque” que duerme esperando un mañana.

Donde los mayores también pueden viajar, aunque a veces se les olvide el camino sin saber como pintar de colores su existencia.

En el que la sonrisa es el combustible, el amor el motor y la ilusión las velas.

Adonde cada madrugada, aunque no lo recordemos, todos y todas viajamos alguna vez, desnudos de problemas y con el corazón por bandera.

Como todos los mocosos que ahora volaban libres por su cielo violeta y puro…

Y así sin darse cuenta, lentamente, los dos niños fueron cayendo en un profundo sopor, suavemente, escuchando a Pinto, mientras todo se difuminaba ante sus ojos… como un maravilloso cuento…

[…]

-¡Vamos, despertad, ya!-… les susurró su madre a los dos como cada mañana.

Y de un salto, los dos hermanos se alzaron sobre la cama buscando las golosinas perdidas… y el rico chocolate. Pero todo había cambiado.

Miraron a uno y otro lado, desorientados, durante unos segundos, para darse cuenta al fin que todo había sido un sueño. Un maravilloso sueño.

Mientras, mamá, los miraba desde la puerta de su cuarto sin saber que ocurría…

Nico entonces, bajó despacio de la litera y se acercó a su madre, alegre como siempre. Canturreando bajito.

La tomó de la mano, mientras ella se agachaba para escucharlo mejor…

-¡He estado en su planeta mami, en el de Pinto!-… le dijo entusiasmado.

-¡Ah, mami… y me ha dado recuerdos para ti!-… concluyó dándose la vuelta.

Y su madre los acompañó abrazándoles por el pasillo hasta el salón, mientras pensaba en silencio sonriente, que esa noche…

Su hada la esperaría como siempre, bajo el árbol morado…

…………………………….

 DEDICATORIA:
  • A mi amigo Javier (@Mandela­_blanco)… para que me preste su sombrero.
  • A mi amiga Azabache (@atsabella)… un viento nuevo.
  • A mi amiga Monike (@MonikeRey)… una tierna brisa del norte.
  • A mi amiga Ana (@AnaAngiolina)… por sus deliciosos bailes.
  • A mi amigo Francis (@francispacha)… por estar a 140 latidos.
  • A mi amiga Lola (@LolapdePrado)… por su amabilidad siempre.
  • A mi amiga Virginia (@Virginia_PC)… por sus dulzura y sus fotografías.
  • A mi amigo Netbookk (@netbookk)… por caminar con nosotr@s.
  • A mi amiga Srta Marple (@Srtamarple2)… por estar siempre al otro lado. 
  • A mi amigo Malo (@MaloContigo)… por ser simplemente como es.
  • A mi amiga Tetxu (@Embruji)… una “Julieta” en Twitter.
  • A mi amiga y mi Gata (@MixaEscaldada)… la ironía más dulce.

     

 Y a tod@s los que leéis este Blog… ¡Mil gracias!. 

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TIENES UN DM…

 

 

Porque la vida es una aventura maravillosa… y una caja de sorpresas. ¡CARPE DIEM!

Nota del autor:

Quiero dar las gracias lo primero , y antes de que leáis este relato,  a mi amiga y gran escritora Marisa Gutiérrez por prestarme su historia “No dejes de llamarme” . Porque sabe que yo pensaba que debería tener una segunda parte. ¡Gracias!.

Podéis maravillaros con sus escritos en:

http://marisatieneunblog.wordpress.com/2012/11/02/no-dejes-de-llamarme/

Para escuchar oyendo:

 …………………………………..

Cerró la puerta tras ella… y con ella el mundo.

Después de tantos días tristes, no se sentía ya con fuerzas para abordar nada.

Ni siquiera para poner orden en sus pensamientos, sumida en una melancolía que la arrastraba a los infiernos. Todo había muerto de un plumazo. De un mazazo para el que no estaba preparada. Ni nadie lo estaría.

Se tumbó sobre el sofá; que lo recibió con los brazos abiertos para enjugar una vez más sus lágrimas. Su compañero fiel de tantas noches en vela, de tantos sinsabores, de tantas soledades. El botón mullido de sus reinicios diarios.

Y es que la vida no había tratado bien a Celia últimamente. Llevándola por senderos sin luz ni esperanza. Y ella no había podido luchar contra esa corriente que la arrastraba inmisericorde al abismo de la tristeza y la desesperación. Sin remedio.

Amaneció. Y todo permanecía en silencio.

Y sobre el diván ella seguía recostada. Dormida. Agotada por la tristeza, que la había derrumbado de madrugada.

Y es que no hay peores penas que las del desamor. No hay dolor más intenso que el de no sentirse querida por el alma que adoras. No hay mayor tortura que ver pasar de largo el amor de tu vida, sin poder hacer nada por evitarlo.

Y Celia, pasaba ahora ese calvario, llevando a sus espaldas una cruz que nunca querría haber portado.

Abrió los ojos lentamente, como por inercia, y la falta de sueño se le echó encima como una losa. Sólo su dúo preferido, café y paracetamol, podían aliviarla.

Luego la ducha calmó algo sus heridas, y después de vestirse con desgana, salió de casa para enfrentarse a la vida, sin fuerzas.

Caminó, como sin rumbo, en busca de la parada de metro más cercana. Como cada día, pero sin apenas fijarse en lo que la rodeaba. Sin disfrutar del sol que la miraba desde el cielo, preocupado. Sin prestar atención a un universo que la rodeaba y del que se sentía ausente.

Para sumergirse en la muchedumbre como una más. En ese silencio extraño de los vagones repletos. De las vidas que se cruzan, de las almas que meditan y piensan en silencio envueltas en otras. Sin apenas echar cuenta. Como autómatas. Soledades compartidas en el gentío de una ciudad que despierta.

Las estaciones pasaban. Y las gentes entraban y salían durante el largo trayecto como afluentes de ríos con aguas que nunca se entremezclan. Y ella permanecía absorta en sus pensamientos que la martilleaban y que no la dejaban en paz.

Tras media hora de viaje, recordó algo. Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó aquel maldito folio.

Lo había impreso en su ordenador desde que lo había recibido por twitter hacía unos meses, para no volver a leerlo hasta ese momento. Y volvió a hacerlo. Y de nuevo sintió que sus ojos se inundaban, que le faltaba el aire. Como la primera vez que leyó aquellas cuatro primeras palabras…

“No es posible continuar…”

Y sin poder volver a mirarlo, lo estrujó con fuerza, para lanzarlo con furia al suelo. Con toda la rabia que tenía dentro.

Próxima estación… Sol!- se oyó por la megafonía.

Celia se levantó y se dispuso a buscar la puerta de salida, sin darse cuenta de que alguien, detrás suyo, había recogido aquel papel del suelo que acaba de arrojar entre sollozos.

Las puertas se cerraron. Para perderse fundida en la marea que ascendía por el pasillo, buscando la luz y la vida.

[…]

Él abrió aquel papel, hecho un ovillo, después de guardarlo durante un rato entre sus manos como un tesoro. Emocionado.

¡Había pasado ya tanto tiempo desde que se había atrevido!-pensó en ese momento.

Y es que cada día se le había hecho un mundo, después de no haber sido capaz de atender aquella llamada.

Porque Pablo se había armado de valor una mañana, para tomar la decisión de dejar un mensaje sobre un papel en el regazo de Celia. Para desaparecer luego como un fantasma en una parada del tren; hacía ya casi un año.

-“No he podido dejar de mirarte durante todo el trayecto…  Por favor, no dejes de llamarme”- le había dejado anotado con trazo nervioso, junto a su número de teléfono móvil.

Y luego, tras días de nervios y ansiedad, no había sido capaz casi de decir una palabra cuando ella se atrevió a marcar su número manuscrito, tras escuchar aquel…

Buenos días, soy Celia! ¿Quién eres tú?- Sin que Pablo pudiera decir ni una sola palabra más que el hola del saludo.

Bloqueado. Desconcertado ante tantos sentimientos y con un corazón que le estallaba en el pecho, para oír, tras unos segundos interminables, el duro sonido intermitente al colgar el teléfono. Y luego el silencio.

Pero antes de eso, de aquella lucha interior entre el deseo de hablar con ella y su timidez, él se había pasado días, semanas, observándola desde que la descubrió aquella mañana de otoño. Aquel día en que todo cambió para él y para su maltrecho corazón enamorado.

Y así puntual, con el alma encogida, la había visto subir cada mañana al tren con su sonrisa amplia, su melena larga, castaña y sedosa, ¡Tan hermosa a sus ojos!.

Para observarla embelesado. Sin ser visto. Mientras ella se entregaba como siempre a la lectura, anotando con su colección de lápices y en su gastado “Moleskine” todo aquello que se le ocurría, mientras miraba dulcemente al vacío por la ventana.

-¡Por qué no había podido decir nada cuando oyó su voz al otro lado!- se martirizó Pablo durante semanas. Durante meses eternos.

Y aquel número nunca volvió a aparecer en su pantalla. Ni él se atrevió tampoco a volver a marcarlo.

Pero sí a regresar cada día, a la misma hora, para verla. Con el mismo amor, pero madurado al sol de mil detalles, que él fue descubriendo de su amada en centenares de viajes de ida y vuelta.

Para aprender a conocer sus gustos, el olor de su perfume, sus alegrías y sus penas. Para llegar a atravesar la barrera invisible que los separaba a tan solo unos metros, y alcanzar a ver la pureza de aquel alma hermosa.

Y ser capaz desde “el jardín de invierno” de su asiento frente a ella, de robarle algunas veces su sonrisa tierna, su mirada y hasta algún suspiro perdido en aquel vagón de sus sueños.

Y ahora estaba solo. Frente a aquel papel que ella había acariciado hacía unos minutos. Y delicadamente, como quién desnuda a su amante, desenredó aquella madeja, para leer aquel mensaje… y entender su amargura.

[…]

Ella continuó por la calle con su dolor a cuestas, entre el bullicio que se arremolinaba ante las tiendas y los vendedores de lotería de “Doña Manolita”.

La puerta del Sol rezumaba vida y alegría, bajo aquel sol templado.

Se sentó en la primera terraza que se encontró a su paso, para tomar el segundo café de la mañana antes de llegar a la oficina. Se acomodó en la única mesa libre, para ver pasar la vida frente a ella. Entre prisas, entre algarabías de cientos de turistas que abordaban las calles como un viento fresco.

Saboreó lentamente el Colombia cargado. Y mientras, tuiteó con su Smartphone devolviendo mensajes, siguiendo avatares sin pensar en nada. Mecánicamente.

Se disponía a buscar en la cartera para pagar al camarero, cuando atisbó aquel trozo de papel doblado al fondo del monedero.

Y lo abrió. Era aquel mensaje secreto, con aquel número anotado.

Ella lo había conservado todo ese tiempo como un preciado recuerdo, el de alguien que se había atrevido a acercarse a ella en la distancia para rozar corazón y piel.

De pronto… un –bip bip– sonó en su móvil.

Y ella tranquilamente deslizó el dedo por la pantalla para ver aquel pajarillo azul revolotear señalándole el mensaje.

Tienes un DM le indicaba, mientras ella abría su twitter para leerlo.

Frente a ella un nuevo “avatar” le mostraba una imagen que acababa de aceptar en su cuenta y se dispuso a leerlo.

Y entonces aquel -“Soy yo. No pude evitarlo y cogí tu folio del suelo del vagón. Intentémoslo otra vez. ¡Por favor no dejes de llamarme! 605…”-   le retumbó como un torbellino en 140 latidos.

Nerviosa, se dispuso presta a deslizar aquellos números por el teclado. Para oír al otro lado, como un bálsamo, de nuevo aquella voz afable y cantarina.

Buenos días Celia, soy Pablo… y llevo toda una vida esperándote!-

…………………………………..

Dedicatoria:

 

Y a todos/as mis seguidores/as en el Blog y en Twitter porque ya no sé como daros las gracias por estar ahí cada día. De todo corazón.

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DEJARSE LA PIEL…

A todos/as los que luchan día a día por sus sueños.

Carta desde algún lugar del mundo… 5 de Noviembre de 2012.

Buenos días soñadores y soñadoras:

Aquí sigo navegando, ya por aguas tranquilas; como un Capitán que busca su puerto para vararse en su playa… después un viaje largo, tortuoso, pero que ha merecido la pena.

Y necesitaba escribiros, sí, lo necesitaba… para contaros mi travesía.

Para deciros que todo es posible incluso en la tormenta. Que ha sido difícil, pero que he salvado mil peligros y temporales sólo asido a la esperanza. A la confianza de encontrarla, de ver sus ojos,  y de sentir su presencia.

Que a veces, sí, todo parecía en vano. Como seguro que os pasará a vosotros…

Pero no hay mejor viento que el amor verdadero. No hay más patria que tus sentimientos… y no hay más norte que luchar por lo que uno quiere.

Desde la promesa de una vida que será una aventura a su lado. Cuando la encuentres.

Porque el mundo a veces se vuelve en contra, movido por hilos invisibles  ¿Verdad?…

Y sentimos que estamos solos o solas frente a un aire que nos arrastra lejos, sin poder luchar contra su fortaleza… debilitados por el combate contra un oleaje que nos arrastra a las rocas del olvido.

Y las fuerzas parecen abandonarnos… para ver sólo cielos grises. Oscuros. Sin horizonte.

Pero es posible. Lo es.

Porque el amor sincero no tiene barreras ni límites, si creemos en él.

Por eso, y a pesar de todo, yo icé las velas para ir en su busca. Porque sabía que ella me esperaba; extraviada en aquella isla de los sentimientos perdidos… sin saber como llegar al continente. Aterida de frío, esperando mi abrazo tierno.

No ha sido fácil. No.

Y muchas veces he desfallecido asido al timón, casi a punto de tirarlo todo por la borda.

Pero su luz me llamaba… sus ojos me alumbraban en la tiniebla como un faro que atravesaba mares y océanos en mi busca. Porque a pesar de todo, de sus dificultades, ella luchaba por mí con tanta fuerza como podía, y yo notaba su calor y su cercanía.

Y eso, sólo eso me salvó del naufragio.

Y hoy quiero gritar al viento que sí, que sí es posible. Que la vida es una empresa maravillosa, una aventura única si sabemos poner todo en ella. Sin dejarnos nada dentro. Sin esperar mañanas que puedan hacer olvidar un hoy compartido.

Que no hay mares ni montañas inexpugnables.

Ni vientos, ni tempestades que puedan contra los corazones nobles y las almas sinceras.

Que hay que ser capaces de buscar las corrientes solo guiados por las estrellas. Por la noche que te acompaña, te guía y te arropa; cubriéndonos con su manta de sueños y de esperanzas. Con la luz de su luna lunera como único rumbo en la soledad de este viaje.

¡Sed fuertes!…

No perdáis la ilusión ni os dejéis llevar por la desesperanza.

Mirad siempre dentro de vosotros, para buscar la brújula que os guíe;  porque el corazón, fiel consejero, ¡nunca os engañará!… no sabe hacerlo.

No os dejéis vencer por la tristeza. No lo permitáis.

Alzad la vista y buscad la alegría que brilla al final del arcoiris; ese de mil colores que dibujan vuestros deseos y esperanzas… y así se borrará de un plumazo vuestra nostalgia.

Y creed en vosotros mismos. Porque sois únicos y merecéis ser felices.

Porque siempre habrá un mañana;  y personas que sabrán ver más allá para encontrar todo lo que encerráis dentro, como un tesoro por descubrir.

Porque cada hombre y cada mujer, vosotros y vosotras, sois un paraíso por revelar, un cielo por alcanzar; una oportunidad única e irrepetible si los demás están dispuestos a creer en ello. Y ver en vuestro interior.

Y una mañana, cuando el alba os salude de frente. Cuando parezca que todo está perdido. Aparecerá. Y entonces sentiréis como yo toda su fuerza, su energía, que os llevará en volandas para curarlo todo.

Y nada habrá sido en vano.

Olvidareis las tristezas. Y su calor enjugará vuestras lágrimas, y la odisea habrá merecido la pena.

Quiero que sepáis que ya veo el puerto. Al fondo.

Que he limpiado mi barco, y he perfumado el camarote.

Que el sol me acompaña al acercarme, y las olas me saludan alegres al chocar contra la quilla.

Que las gaviotas revolotean y me susurran al pasar raudas junto a los aparejos. Que el cielo es azul y que me siento feliz, por fin, después de tanto tiempo.

Y que con mi viejo catalejo, puedo ver el malecón frente a mí. Ya veo la tierra surgir entre la niebla y el ondularse de la hierba al jugar con el viento.

Y casi puedo percibir su dulce aroma a azahar y romero. Y mi travesía ha tenido fruto porque la vida me espera al otro lado, de pie. Esperando a un capitán que llega en su busca. Con el corazón henchido despues de en este camino…

Dejarse la piel.

……………………………………………………………

La música de esta carta en:

www.youtube.com/watch?v=qdSqDOTQz_g

LAGARTO AMARILLO:

“Dejarse la piel”

Dedicatoria:

A mi amiga Marisa Gutiérrez por sus relatos cargados de poesía.

A mi amiga Montse “Marineruca”… por dejarse la piel buscando azules.

A mi amiga Isabel Hervada… por su ganas de vivir.

A mi amigo Jesús Armesto… un soñador y un poeta.

A mis lagarto Amarillo por dejarme el título y sus maravillosas canciones. 

 

 

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