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Archive for 30 diciembre 2012

DOCE SEGUNDOS…

año 2013

EN DOCE SEGUNDOS…

Abrió los ojos lentamente, casi por inercia, como si aquel día no amaneciera…

La soledad era tan profunda, tan honda, que apenas podía con su peso, y sus pensamientos volaban lejos, sin control, apenas pudiendo soportar la carga de  tantas horas que lastraban su vida.

El fin de año se acercaba y en su corazón sólo había cabida para un pensamiento, para una idea que le atormentaba y de la que no podía huir… volver a verla. Pronto.

Conocerla, había sido lo mejor que le había pasado en este año. Lo mejor que le había pasado nunca; y los días, ya sin su presencia, se habían vuelto oscuros y grises. Porque ella había cambiado su paleta de colores para ver el mundo y ahora sólo podía verlo a través de sus ojos. Y se le hacía insoportable no tenerlos cerca.

Caslos era de esos hombres que creían aún en el amor verdadero. En ese que llega cuando nadie lo espera, que te rompe por dentro y que derriba esquemas y prejuicios. Ese que abate muros y construye ilusiones. El que detiene el mundo, sin fecha ni límite, el de piel y alma, ese amor que ahora él sentía como un viento que lo arrastraba lejos, a su lado.

Nunca  pensó sentirse así. Nunca.

Y ahora, casi sin darse cuenta, se encontraba envuelto en esa nostalgia feliz, pero tan difícil de sobrellevar. La de querer a alguien tanto y no poder tenerlo a tu lado. La melancolía de no rozar sus manos, ni sentir sus labios; la de no poder abrazarla y percibir que sólo entonces la vida tiene sentido; la añoranza de construirse juntos, de ser solamente un ser, un cuerpo. Uno.

Odiaba el teléfono. Lo aborrecía realmente.

Porque a pesar de ser el único cordón umbilical que la unía a ella, que le daba el calor de su voz tierna, melodiosa,  a la vez le recordaba cada día que no podían estar juntos.

Pero también sabía que aquel amor, aquel regalo de un Dios intangible, estaba presente entre los dos a todas horas. Que después de tantos años de búsqueda había encontrado su alma gemela, aunque no pudiera estar tan cerca de ella como quisiera.

sol por la ventana

LA LUZ LO ALIMENTABA…

Y todo esto ocurría, transcurría por su mente mientras el sol le anunciaba en la cara que la vida crecía fuera, fuerte y cargada de esperanzas. Y él, sin querer alimentó con esa luz su alma para dibujar de nuevo en mil colores el presente, ese que ella siempre le recordaba.

Así que intentó con todas sus fuerzas dejar atrás la tristeza de la ausencia, para llenar con un templado café ese vacio y salir fuera, esperando que el doce de enero llegara hasta ellos pronto, como una bendición.

Aquella esperada cita en el viejo café de Madrid.

Duchó su cuerpo y con el su espíritu. Y se vistió con sus mejores galas para recibir al año como si pudiera compartirlo a su lado.

Sonrió burlón al espejo, compañero de cada mañana. Y se lanzó al mundo henchido de esperanza renovada, dibujando de nuevo sonrisas con ese corazón suyo, alegre, enamorado, con aquellos colores nuevos que ella le había enseñado.

[…]

Los amigos le esperaban desde hacía un rato en el viejo bar de siempre. Y aquellos abrazos le supieron a Carlos a gloria, y no pudo evitar emocionarse.

Todos miraron entonces a ese grandullón sensible, y al unísono, como un resorte, fueron de repente sólo un amasijo de brazos y silencios. Silencios que hablaban. Que tronaban en sus oídos.

Y la cerveza fluyó como un río por sus gargantas. Y las risas, la amistad sincera calmó heridas y restañó soledades. Pero dentro, el amor y la ausencia navegaban por aguas tranquilas, como cada día…

[…]

La hora se acercaba, y él empezó a preocuparse, aunque no se lo dijo a nadie.

Porque aunque ninguno la conocía, todos ya la querían. Casi podían haberla dibujado trazo a trazo. Gesto a gesto, siguiendo las maravillas que les había contado desde hacía meses. Pero él como ausente, no quiso preocuparlos con sus pensamientos.

Ninguna respuesta.

Y durante horas aquel silencio quedo, y aquel buzón de voz repleto de decenas de mensajes olvidados y “WatsApp” perdidos en un universo 2.0 vacío y sin entrañas aquella tarde.

Los minutos transcurrieron inmisericordes, y uno a uno todos y todas fueron llegando a su casa, ataviados para la ocasión y con la mejor sonrisa. Y él los fue recibiendo uno a uno a la puerta, como si nada ocurriera.

Los aperitivos y los buenos caldos compartieron mantel con la tertulia y la nostalgia.

COMPARTIERON MANTEL Y TERTULIAS...

COMPARTIERON MANTEL Y TERTULIAS…

Y a pesar de todo, el ambiente se llenó de ilusiones y esperanzas de aquellos hombres y mujeres que como todos, en esos instantes, en cualquier rincón del mundo, sin distinción de edad o credo, esperaban el nuevo año como un regalo. Como un presente cargado de 365 oportunidades para volver a creer.

El reloj marcó las menos cuarto y todos prepararon el cava y las uvas.

Y como pudieron, se arremolinaron frente a la televisión, buscando el calor de aquel viejo carillón de siempre, el sabor de aquella plaza de Madrid poblada de color, y la compañía de aquellas burbujas que traerían de su mano, la suerte que necesitaban.

Solo Carlos miraba al vacío, sin entender nada ajeno a todo lo que ocurría.

Pero de pronto se hizo el silencio. Y sucedió.

Y el timbre volvió a sonar casi a punto de dar las doce.

Alguien raudo se acercó para abrir la puerta, y dejarla pasar. Tan hermosa.

Y todos dieron un paso atrás, mientras la magia inundo la entrada de aquella casa, y los dos se miraron sin saber que decirse, pero diciéndoselo todo.

Y el viejo reloj comenzó a dar los cuartos, pero ya nada importaba.

Y una a una se fueron desgranando las campanadas que anunciaban que 2013 nacía. Pero nadie pudo moverse. Solo abrazarse junto a ellos, mientras las uvas quedaban huérfanas sobre la mesa.

Porque en aquel salón, doce segundos antes, ya había nacido de su mano algo nuevo, mágico e inolvidable…

…la esperanza de que todo es posible, si puedes soñarlo…

……………………….

Dedicatoria:

A tod@s los que me acompañáis y leéis… ¡Mil gracias!.

 

¡¡¡ Feliz 2013 !!!

¡¡¡ Feliz 2013 !!!

¡¡¡ Mis mejores deseos para el nuevo año 2013!!! ¡¡¡Sed felices!!!

 

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POR SI SE ACABA EL MUNDO…

Por si se acaba el mundo...

Por si se acaba el mundo…

Carta desde algún lugar del mundo… 20 de Diciembre de 2012…

Buenos días soñadores:

Os escribía hace poco para contaros mi larga travesía por esos mares de la vida, y para deciros que ya veía el puerto en el horizonte, después de tanto tiempo…

Quiero que sepáis que llevo ya unas semanas fondeado en esta bahía, en aguas calmas, reponiendo mi cuerpo y mi espíritu del duro viaje, de los golpes de la mar bravía; de mil soledades. Sonriendo a una vida que coge color de nuevo y deja por fin ese gris que me anulaba.

¿Sabéis?… Cada mañana, al despertar, siento como el sol me saluda por la escotilla suavemente, casi invitándome a acompañarlo en su salida, y yo me dejo llevar. Y de su mano, salgo cada amanecer a cubierta y siento su abrazo tierno y cálido, y busco con su energía esos ojos en el embarcadero.

El sol me saluda...

El sol me saluda…

De pie, entonces, me agarro al mástil y contemplo como todo el espacio va cogiendo tonos maravillosos, dibujados por una paleta mágica, y el cielo se pinta de un azul anaranjado en el que perderse… y yo lo hago.

La brisa me acaricia la cara, y yo cierro los ojos y casi puedo sentirla… cerca.

Quería deciros que después de mucho tiempo, por fin, me siento en paz. Me siento libre; que percibo que he llegado a destino a sólo un día del fin del mundo…

21 de diciembre 2

Qué ironía.

Porque realmente, deberíamos saber que lo verdaderamente importante vive o muere dentro de nosotros, sin que nada ni nadie pueda ponerle fecha de caducidad. Ni lugar. Ni día. Ni límites…

Y que sólo nosotros, sólo nosotras, somos y debemos ser dueños de nuestro propio destino; que nuestro universo se construye cada día, en cada instante a golpes de corazón, de entusiasmo, de esperanza, sin fecha ni horas.

Por eso, cada segundo que perdemos sin abrazar. Sin acariciar. Sin mirar a la persona que amamos, es un paraíso que muere. Que no vuelve.

Y que hay que intentarlo. Siempre.  A pesar de todo.

Y si no lo sabéis, izad velas cualquier madrugada. Y navegad firmes hacía vuestro rumbo. Con poco equipaje, con ninguno, porque no hace falta.

Tentando al destino como yo lo hice, y retando a vuestros sueños a un viaje hacia lo posible, aferrados al timón como si fuera el último día, como un veintiuno de diciembre permanente.

Merecerá la pena aunque no lleguéis a puerto, os lo prometo.

¡Y es que a veces pasamos por la vida tan de puntillas!…

¡Nos guardamos tanto! temerosos de mostrar al mundo lo que sentimos y de lo que somos capaces, simplemente por el miedo a sentirnos vulnerables.

Ser uno mismo cuesta, duele… sangra a veces. Pero cuando lo consigues, todo brilla. Y si hay alguien que te quiere así ¡Es maravilloso!.

Pero entonces nos equivocamos sí…

Porque se nos olvida que la vida es una aventura maravillosa, y que hay que vivirla asumiendo riesgos, y a corazón abierto, aunque a veces tengamos que navegar contra corriente y contra los vientos establecidos.

No somos conscientes que en nuestro interior habita un ser irrepetible, lleno de posibilidades, de retos y esperanzas. Un alma cargada de abrazos dormidos. De sonrisas que nunca hemos dado, de -¡te quiero!- perdidos, de sueños que esperan sólo el primer paso.

Y cuesta. Cuesta tomarlo.

Cuesta; siempre envueltos en este día a día que nos rodea de automatismos absurdos. Sin corazón ni sentido. Sin sentimientos. Que nos llevan a perdernos, a sentirnos solos y solas rodeados de gente que también se siente perdida.

Perdidos...

Perdidos…

Creamos realmente que otro mundo es posible. Y pongámoslo en marcha, dando el primer paso, el más difícil. El que se da haciendo jirones nuestros miedos.

Tal vez eso signifique este veintiuno que se aproxima… que ya ha amanecido.

No un fin en si mismo, sino una muerte para resucitar a un mundo mejor si tod@s ponemos de nuestra parte y a eso os invito.

Seamos valientes, alcemos la mirada, y veamos más allá…

Yo hoy por fin voy a bajar a tierra.

Y mi barca está cargada de abrazos y de caricias dormidas. Y en el muelle, echaré amarras, para nunca volver a la mar.

…………………………..

Dedicatoria:

A tod@s los que creéis que otro mundo es posible… y lucháis por ello. 

 

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EN EL CAFÉ GIJÓN…

Café Gijón...

Café Gijón…

3 de Noviembre … En algún lugar del mundo…

Él abrió aquel Blog como cada mañana. Apenas eran las siete y ya el aroma del café lo llenaba todo. Y con aquella fragancia, cálida y acogedora, su despertar era más sencillo. Siempre lo era.

Lo había localizado por pura casualidad, y ya lo leía cada amanecer en busca de algo nuevo. De un asidero al mundo y a la esperanza, para soñar que podía ser el protagonista de aquellas historias de ensueño; que habría, en algún lugar, una vida distinta…

Porque se sentía sólo; y aquellos relatos lo transportaban a mundos donde todo era posible. Porque a pesar de ser un hombre abierto a la vida y alegre, a veces las soledades lo envolvían sin saber como ni cuando podía  desembarazarse de ellas.

Inmerso en la lectura, agitó suavemente la taza caliente, y el humo corrió una cortina entre sus pensamientos y la realidad que se abría ante sus ojos. Y de alguna manera se sintió arropado, consolado, abrazado por el calor de aquellas palabras que fluían al otro lado de la pantalla y que palpitaban a ciento cuarenta latidos.

De pronto, una luz parpadeó, y ese mágico sonido le indicó que tenía un mensaje.

Sintió un sobresalto.

Y con el corazón encogido, suavemente, deslizó su dedo índice por el cristal como un ritual, para pulsar los mensajes directos de su cuenta y emocionado, ver como aparecía su rostro en la pantalla.

Sintió un escalofrío… era ella. Tan hermosa.

Y es que desde hacía algunos días, muy pocos, en mitad de aquella vorágine de twetts y mensajes, alguien le había hablado, le había acariciado el alma. Profundamente.

-¡Buenos días!-… se dibujaba en su pantalla, haciendo brillar en ese momento su mañana.

Y Mario sintió entonces, que ya todo era de otro color. De repente.

Y las palabras volaron de ida y vuelta, entre dos almas solitarias que acababan de conocerse y que se encontraban cómodas, juntas en aquel universo 2.0, que ellos dibujaban con una paleta plagada de verdes esperanza…

 […]

12 de Diciembre… En algún lugar del mundo. 

Había pasado una semana desde que ella le escribió por última vez; desde que aquellos últimos caracteres habían quedados fijos en su retina y en su cuenta de Twitter.

Aquel…

-¡Hasta luego… !-… permanecía inamovible. Cómo un adiós. Cómo un silencio que lo desgarraba por dentro.

Y Mario prácticamente no dormía. No sentía. No vivía.

Y es que después de maratonianas jornadas de charla hasta el amanecer, descubriéndose juntos a golpes de risas y confidencias; tras horas desnudando emociones, aliviando sus vacíos, despojándose de vestiduras incómodas para sentirse, casi tocarse, a uno y otro lado de la red… todo se había detenido, sin haber tejido aún su camino juntos.

Sin más explicaciones. Sin aviso. Sin remite.

Sin remite...

Sin remite…

Él intentó en vano, ponerse en contacto con ella.

Porque a pesar de la confianza, de aquel sentimiento que iba naciendo como una brisa, no habían dado el paso de ponerse en contacto fuera de aquel mundo. Y él desesperado, pululó por la red en busca de señales que lo llevaran a su lado. Que le permitieran tener la oportunidad que no debía haber desaprovechado. Pero fue imposible.

-¡Si tienes tiempo… Acabo de publicar un relato “En el Café Gijón…” ¡Espero que te guste!– apareció de pronto en la pantalla frente a su mirada. Como un bálsamo inesperado para olvidar sus penas, en aquel Blog que tantas noches los dos habían comentado juntos, a corazón abierto.

Y entonces, él, se sumergió sin pensarlo en aquella historia. Para perderse dentro, como si ella lo acompañara de nuevo un día más.

Y comenzó a leer aquella narración desgarrada. De un amor que crecía, que sufría, pero que se hacía fuerte frente al mundo, porque los dos protagonistas se amaban con locura. Y Mario sintió a cada frase, a cada palabra tierna de aquella historia, que algo le atravesaba el corazón acordándose de ella; que tal vez, como él, lo estuviera leyendo en aquel mismo instante.

Y cerrando los ojos, por momentos, él era el personaje de aquel cuento; y sus sentimientos eran los suyos, y su desesperanza, su propia nostalgia. Como si su anhelo de volver a tenerla cerca, se hubiera hecho vida en aquel relato que avanzaba en su garganta casi como en su propia vida. Tomando cuerpo en cada párrafo, a cada giro de los acontecimientos que se sucedían vertiginosos, y que él vivía como propios.

Y las lágrimas brotaron de sus ojos a la par que el personaje de la historia. Y ya su amor se llamaba también Celia, y sus penas eran las suyas. Y sus alegrías, las de su alma.

“…y juntos tomaron aquella última y primera taza de café juntos. Como habían hecho antes, aquella maravillosa primavera, para viajar de nuevo de la mano a sus playas desiertas, desde aquel “Café Gijón” el que volvieron a citarse, sin saberlo, aquel doce de enero, a la misma hora de siempre, las cinco en punto.”…

Así terminaba aquella historia y con ella, él pensó que tal vez su desesperanza.

Porque Mario decidió que iba a tentar a la suerte y al destino. Dejando a sus espaldas su tristeza.

Se vistió deprisa, y con un pellizco en el alma decidió llegar hasta el final, haciendo caso a su corazón que nunca lo engañaba.

Bajo raudo las escaleras hasta el descansillo del portal, y veloz, salió a la calle para tomar la primera boca de metro dos manzanas más allá. El corazón le estallaba en el pecho. Y volvió a mirar la hora nervioso.

El vagón atravesaba túnel tras túnel, y su mente viajaba lejos. Deseando oír aquellas palabras, y llegar a tiempo.

-¡Próxima estación Velázquez!-… sonó por los altavoces.

Y el pensó que apenas le quedaban dos paradas.

La emoción le embargaba y los recuerdos se agolpaban en su cabeza. ¿Acaso sería aquello posible?…

-¡Próxima estación Colón!… resonó como un cincel en sus oídos.

Para a continuación, de un salto, casi a la carrera, tomar la puerta de salida y ligero recorrer los pasillos en busca de la luz y la esperanza. Exhausto alcanzó la calle, sintió la  claridad y el calor tibio de la tarde. E imponente, al fondo, la Biblioteca Nacional… y frente a ella aquel café de sus ilusiones.

Miró el reloj, eran casi cinco, de aquel doce de enero. Y casi sin saber como, Mario estaba allí, de pie, frente al viejo Café Gijón.

Las cinco...

Las cinco…

Tomo aire, y cerrando los ojos empujó la puerta de madera. Y todo un universo de esperanza se abrió ante sus ojos… que la buscaban.

Lentamente, recorrió con la mirada cada una de las mesas, sin encontrarla. Tenía grabada en la retina su imagen. Como si la conociera de siempre.

Avanzó un poco, y a cada paso el desaliento se apoderaba de su corazón y de su voluntad. Habría sido demasiado hermoso, pero ni rastro de ella.

Compungido, tras unos minutos de espera, dio la vuelta para dirigirse a la salida cuando el camarero se acercó a su lado y lo llamó por su nombre.

– ¿Es usted Don Mario?- le preguntó ante su asombro.

– ¡Hay alguien esperándolo en la mesa del fondo!- añadió sonriente.

Mario se sintió entonces paralizado, sobrepasado por aquellas mágicas palabras, y busco su mirada en la suya.

Porque allí en la última mesa, radiante, estaba ella. Se puso en pie, y lentamente, como flotando avanzó hasta llegar a él.

Sonriente, hermosa, como salida del mejor de sus sueños, para fundirse con él en el centro de aquella antigua estancia… sin más palabras.

Y el mundo se paró a las cinco, para los dos.

Porque a veces los sueños, son posibles.

Sueños...

Sueños…

…………………………

Dedicatoria:

Pronto habrá un nuevo doce de enero, y serán también las cinco de la tarde. Y algun@s de vosotr@s deberíais de tentar al destino… y citaros para un sueño. El café Gijón os estará esperando. Si puedes soñarlo…

 

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