Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28 mayo 2013

TIEMPO…

Tiempo...

Tiempo…

El tiempo es algo más que un simple recuento.

Mucho más que una lineal sucesión de horas, de minutos… de segundos. Es ante todo y sobretodo, un reto…

Para leer oyendo:

…………………………..

Ella se sentía por primera vez perdida. Sin respuestas.

La que siempre las hallaba, la mujer de las mil soluciones, se encontraba bloqueada. Y lo peor es que ni siquiera encontraba réplica a lo más sencillo, a lo que la había varado en aquella isla desierta.

Y es que Helena, había perdido el norte de su destino sin ni siquiera darse cuenta. Para en un día cualquiera, con desesperanza, no encontrar ya la brújula, ni el timón, ni las velas…

Sola en mitad de la gente. De las prisas untadas en el pan de las costumbres. Huérfana de emociones. Huérfana.        

Se había pasado los últimos años de su existencia, disfrutando de la droga efímera del éxito y su impaciencia. Para olvidar lo esencial, lo cercano. Lo que de verdad nos alimenta.

Y ahora solo sentía hambre y sed.

Hambre de sentimientos y de risas verdaderas. Hambre de abrazos tiernos sin más recompensa que el abrazo.

Y sed de paz, de tranquilidad, de esperanza; sed al fin y al cabo.

Había vivido tal vez como muchos y muchas querrían. Sí, sin duda.

Como una exitosa mujer que deambulaba por el mundo de los negocios con el viento siempre de cola, pero sin rumbo. Perdido el contacto con la realidad, alejada de los afectos sinceros, zambullida en la hoguera de las vanidades.

Pero esa mañana, todo había cambiado, de repente. Y por fin la vida la había puesto frente al espejo.

[…] 

Nada más entrar por la puerta de su apartamento, se dio cuenta que algo era diferente; era el silencio. Aquel silencio.

Dejó la maleta en el suelo, y tras unos segundos, de duda, lo llamó amablemente…

-¡Carlos, ya estoy aquí! ¿Estás en la cocina?-dijo sin obtener respuesta.

-¡Prepárame algo bien frío, estoy muerta!-repitió ya desde el salón.

Pero nadie contestó a sus palabras.

Recorrió despacio unos metros para llegar a la cocina. Allí todo estaba solo e impoluto como siempre. Y solo una lacónica nota sobre la encimera le dio el saludo. Para secarla aun más por dentro.

“Lo intenté hasta que pude soportarlo, te quise con locura… Se feliz, yo voy a volver a la vida. Siempre, Carlos.”   

 […] 

… Sin saber cuanto tiempo llevaba frente al balcón, Helena volvió en si, de su viaje.

Un viaje por su propia vida que había recorrido durante largos minutos, regados en lágrimas secas, derrumbada sobre el sofá. Rota.

No era la primera vez, ni mucho menos que sus relaciones personales terminaban. Pero nunca como ahora. Nunca nadie la había abandonado de esta manera, siempre había sido ella la que había roto amarras, sin apenas dar tiempo a emprender la travesía.

Y ahora era ella la que sufría ese desgarro. Para el que no estaba preparada.  Ni nadie.

-¿Qué hacer ahora?-se preguntaba angustiada.

-¿Dónde acudir, dónde buscar la respuesta?-musitó en silencio. 

Porque la vida, a veces más sencilla de lo que pensamos, se vuelve compleja cuando olvidamos lo importante. Y ella llevaba demasiado tiempo haciéndolo, olvidando, jugando al límite.

Sin pensarlo, como una autómata, cogió cuatro cosas, el bolso y las llaves, y cerró la puerta de un golpe.

Cerró la puerta...

Cerró la puerta…

Subió al coche, y se dirigió a la autopista con solo una idea en la mente… volver a casa.

Porque cuando nada queda, cuando todo se tambalea siempre nos queda un refugio, un último intento para devolvernos a lo que fuimos. A la raíz, a la esencia.

El abuelo Manuel la vio llegar despacio, sentado a la puerta de la vieja casona.

Y ella al verlo apenas tuvo tiempo de soltar las cosas mientras recibía aquel abrazo fuerte, que ella tanto necesitaba.

Nada más mirarla a los ojos, sin hablar, Él ya sabía que algo ocurría; así que con dulzura la cogió de la mano, para acompañarla al interior, donde las mecedoras y la quietud los esperaban. Y con ellas su paciencia infinita.

Ella se reclinó suavemente entonces sobre aquel hombro curtido en mil batallas, en mil suspiros, para contarle su historia.

aquellos ojos cansados...

aquellos ojos cansados…

Para contar, frente a aquellos ojos ya cansados, su dolor y su tristeza. Frente a aquel anciano que la miraba tranquilo, con aquella sonrisa que calmaba y curaba cualquier herida.

Al terminar, Él la observó despacio, para tras unos segundos, dejar brotar las palabras,  que parecieron flotar aquel patio encalado… sabias.

El tiempo, hija mía, es algo más que un simple recuento.

Mucho más que una lineal sucesión de horas, de minutos… de segundos. Es ante todo y sobretodo, un reto.  

Un salto en el vacío de las oportunidades. Un lienzo desnudo ante la vida.

Un viaje equidistante entre presente y futuro. Es una decisión; la tuya, la mía, la  nuestra, la de todos. Tal vez la más importante.

Mira, cuando seas vieja, como yo. Llena de achaques y los días pasen delante de ti raudos e inmisericordes, tendrás mil oportunidades  para recordar.

Y sabes, al final solo nos acordamos de todo aquello de lo que el corazón entiende y se nutre.

Yo, tesoro, casi cada día, recuerdo como si fuera ayer mis primeros baños en el estanque de “las siete leguas”, donde desnudos, sin diferencias ni problemas, todos los niños y niñas del pueblo disfrutábamos, reíamos y soñábamos sin más. Donde el hijo del potentado y el del labriego, compartíamos pan y viandas como hermanos.

Recuerdo cada atardecer templado de aquellas primeras primaveras, donde el amor se abría camino en un adolescente que descubría los besos como un regalo.

Aquel tibio sabor a fruta fresca, cuando besé a tu abuela por primera vez, a la vera del camino de vuelta. Y aquella paz que sentí, tan profunda, frente aquellos ojos verdes que me hablaban.

Y tú, como yo, recordarás al final los abrazos sinceros, las risas y los amigos de veras. Las luces y no las sombras.

Las sensaciones de las primeras veces, de todas las primeras veces. Las ternuras de lo  sencillo y no las durezas de lo más complejo.

La alegría de lo verdadero. No la falsedad de lo superfluo.

Así que ahora que lo sabes. Usa tu tiempo para llenar de bellos recuerdos el futuro y saborear como nadie el presente. Y olvida; olvida lo que no es realmente importante.

Sé sincera contigo y con el mundo. Y nunca dejes de decir nada a nadie, si eso es lo requiere cada momento o es lo que necesita tu alma.

Y Vive.

Vive como el corazón te dicte. Ama, siente, vibra… muere si por dejar el alma en algo es necesario. Que el tiempo es único, no se puede reservar, así que aprovéchalo ahora. Como si fuera, tesoro, el último día del verano.

Porque tu verano puede empezar hoy mismo, aquí, en primavera.

[…] 

Helena, recorrió despacio el centenar de metros que le separaban de aquella colina donde siempre buscaba su refugio. Casi atardecía y la brisa ya era fresca.

Se sentó como siempre sobre aquella enorme piedra gris, testigo de mil andanzas, y pudo ver enfrente la vieja encina, los trigales verdes y el cielo azul que lo enmarcaba todo.

y el cielo azul...

y el cielo azul…

Y la luz la inundó de una paz que ya no recordaba. Para cerrar los ojos y sentirla.

Para por primera vez, desde hacía tantos años, ser dueña de nuevo de su destino, y casi poder tocar con la punta de los dedos, aquel tiempo, su tiempo; ese maravilloso regalo, y saborearlo como nunca, nunca antes, hubiera pensado…      

Tu tiempo...

Su tiempo…

 

DEDICATORIA:

  • A tod@s las que andan perdid@s buscando tiempo para su tiempo. Para lo realmente importante.

 

Read Full Post »

EL SUMIDERO…

 ………………………………….

Para leer oyendo…

La vida a veces es como un sumidero. Se lo traga todo. Lentamente, sin ser conscientes. Como una lluvia fina que a veces borra sueños… o los hiberna.

Y nos dejamos arrastrar por los acontecimientos, por el día a día, sin luchar; sin pestañear. Perdidos en una rutina que nos envuelve como una coraza, fría, que nos aleja del tacto de lo más pequeño, de lo más importante, que nos separa de los sentimientos. De lo invisible a los ojos.

Y un día nos miramos al espejo y casi, casi no nos reconocemos… para no gustarnos lo que vemos.

No somos nosotros. No somos nosotras… ya ni siquiera somos.

Y es que la vida es tan corta, tan sublime. Un regalo, un tesoro que no podemos desperdiciar. Porque sin darnos cuenta, cualquier mañana puede que ya no podamos escapar de esa atracción y todo, todo sea irreversible…

[…]

Juán como cada mañana, preparó su café. Metódicamente. Apenas eran las siete y después de la ducha, como siempre, se dispuso a prepararse para ir al trabajo.

Cogió las mochilas de los niños, los bocatas y los zumos, para acercarse junto a la escalera y verlos bajar como siempre bostezando, y a regañadientes. Aquella visión le daba la vida y por un momento, le alzaba sobre la monotonía de la que ni siquiera era consciente.

Porque aquellos abrazos templados a sus hijos, de sabor a almohada, y de olor a cielo, le dibujan una sonrisa cada día en su corazón olvidado.

Después, la radio le lavaba las penas cada mañana.

La estruendosa risa de Javi Nieves, de Mar, contagiaba aquel coche de esperanza mañanera, con acordes que resonaban entre los cristales empañados camino al cole. Mientras, por el retrovisor, con el rabillo del ojo, deleitarse con la alegría de sus hijos, que despertaban a la mañana con aquella música… y con ellos, despertar su propia esperanza.

Porque aquel hombre no era feliz. No lo era, y aun no lo sabía.

Toda aquella energía, aquellos sueños de un alma sensible, se habían ido difuminando, perdiendo con el paso de los años, de los días, sumergido en una existencia que se había vuelto gris, poco a poco.

Proyectos de vida, ilusiones enterradas bajo una fina capa de incomprensión y olvido… que sin darnos cuenta nosotros mismos alimentamos.

Y también entre ellos dos, todo era diferente. O quizás por eso, todo lo era.

Porque aquella complicidad, aquellas miradas que lo decían todo, aquella pasión compartida habían desaparecido junto a sus sueños. Para ser, como tantos, un respetable y feliz matrimonio de puertas afuera; y dos cómodas soledades de puertas adentro…

[…]

 

-¡Con el paso de los años… pasan esas cosas! ¡Si yo te contara!-dijo Francisco sirviéndose otra  cerveza.

-¡El amor, se pierde, pero queda el cariño!-le contestó Roberto con desgana…

Y aquella media docena de amigos, asintieron con la cabeza, sin perder de vista aquel enorme televisor, ni el regate del delantero de turno. Un jueves más. Un mes más.

Pero aquella noche, aquellas palabras movieron el engranaje. 

Basta una gota...

Basta una gota…

Porque a veces, basta una fina gota de lluvia para saber que llueve, sobretodo si uno va por la vida sin paraguas. En el corazón.

Y de pronto, Juan, se sintió solo como hacía mucho que no se sentía. Perdido entre tanta gente.

Ausente en aquella vorágine de voces y goles regados con alcohol, de hombres que tampoco veían en muchos casos acercarse aquel agujero negro que lo absorbía todo,  y del que él, por primera vez, era consciente.

-¿Qué hago yo, aquí, ahora?-pensó en silencio.

-¿Por qué me siento así?-musitó casi como un susurro…

Sobre el mostrador...

Sobre el mostrador…

Para sin avisar y tras dejar unas monedas en el mostrador, alejarse despacio bajo la lluvia que arreciaba fuera. Y también en su interior… acera arriba.     

[…]

La existencia, a veces, pone señales frente a nosotros en los lugares más insospechados.

Y solo es necesario tener la rendija del corazón abierta para poder verlas.

Como aquella noche; en la que Juan había visto por fin la luz al final del túnel, pero también su propia vida desangrarse, perdida por aquella tragona de la desesperanza y la monotonía.

De pronto todo se volvió gris frente a su mirada profunda.

Y el mundo que lo rodeaba se tornó sordo a sus llamadas… como un fundido en negro, que no estaba dispuesto a aceptar.

Lentamente puso el vehículo en marcha, para recorrer los kilómetros que alejaban de la que era su casa. Y toda la vida, como un film antiguo, pasó por su mente, en instantes,  tan intensos como dolorosos.

Y supo que hacer.

Y decidió que no estaba dispuesto a ver pasar los días delante, sin subir al tren de sus sueños, sin compartirlos con quién y cómo Él creía que era necesario. Cómo se merecía una vida tan, tan, efímera.

Y al entrar a casa, sintió un chasquido en el alma, para darse cuenta que un punto de no retorno se había dibujado en aquella tarde de invierno.

Era difícil. Y no podía, ni debía hacerlo dañando a nadie. Las personas que nos han querido, pensó, no se merecen esto. Pero tampoco un amor que ya no existe. 

Y aquella noche, frente a ella, y con la confianza de antaño, Juan, de nuevo, volvió a tomar sus propias riendas, y a comenzar a sembrar su propio jardín en vez de esperar a que alguien de nuevo le trajera flores. A ser capitán de su destino.

nuestro destino

Para no esperar, que todo… que Él mismo se perdiera por aquel oscuro sumidero. Como tantos. 

………………………………….

 DEDICATORIA:

 

  • A tod@s aquell@s que buscan su propio destino. ¡Ánimo!.

 

Read Full Post »