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Archive for 29 agosto 2013

LA CHISTERA…

chistera

Para escuchar oyendo…

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Desde algún lugar del mundo…

29 de Agosto de 2013.

A veces la vida nos sorprende. 

Siempre lo hace, pero a veces… 

Y sin esperarlo, en cualquier momento o lugar, con la guardia baja, te sitúa en  un instante frente a tus propios sentimientos; ante tus pensamientos más profundos, tus sueños, tus esperanzas… frente a ti mismo.

Frente a ti mismo...

Frente a ti mismo…

Como un espejo.

Sin saberlo. Sin pedirlo. A corazón abierto.

A veces ocurre. Sí…

Y acontecimientos inesperados te hacen reflexionar sobre tu propia existencia, sobre el valor de las cosas; de lo auténtico… de lo que es invisible a los ojos.

Frente al poder inimaginable de la delicada “Mecánica del Corazón” (1).

Y en tus pupilas, se dibuja como un film antiguo, todo aquello que mueve tu voluntad… sin poder evitarlo.

Sucede… 

Uno tiene entonces la extraña sensación de verse desde fuera, de contemplarse como un observador invitado a una tertulia contigo mismo.

Y mágicamente, como por encantamiento, cuando esto ocurre, todas nuestras barreras, nuestros miedos… desaparecen. Como debería ocurrirnos más a menudo.

Desaparecen...

Desaparecen…

Yo he viajado hace poco. Lo hice.

Para descubrir que a veces, muchas veces, olvidamos las cosas más esenciales. Secuestrados por el torrente de un día a día que nos arrastra…

Vivimos a menudo, como si la vida no fuera un regalo.

Como si el tiempo no fuera limitado, y el más valioso de los bienes.

Como si cualquier mañana pudiéramos tener la misma oportunidad de hoy, para hacer lo que dejamos en la cartera del olvido.

Y dormimos los afectos con la anestesia de la rutina.

Los “te quiero” en el cajón de la costumbre.

Las ilusiones, en la parada más cercana.

Sí, lo hacemos. Sin pensarlo… sin valorar las consecuencias.

Y cuando sucede, cuando ves pasar frente a ti lo que más importa, lo que hace girar las agujas del corazón, algo se rompe. Estalla. Cambia en tu interior como un relámpago que fulmina la indiferencia.

Cuántos abrazos perdidos. Cuántos momentos para amar y ser amado, olvidados…

Abrazos perdidos...

Abrazos perdidos…

Cuántas miradas al vacío, cuántas…

Llamadas sin hacer. Viajes sin realizar… sueños que cumplir por el simple hecho de pensar que todo es eterno, sin dar valor a cada segundo perdido.

Pero nada es imposible, e inalterable… si puedes soñarlo.

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Y entonces, algo despierta en tu interior para pintar la vida de mil colores, tonos; para aprender de nuevo a saborear cada instante, como si fuera el último.

Para levantar un teléfono.

Levantar un teléfono...

Levantar un teléfono…

Para hacer maletas sin pensar en el destino.

Para decir te amo, sin límites, a cualquier hora y circunstancia.  

Probad, no es necesario que nada nos ocurra. Tan sólo hay que pensar que cada segundo está cargado de magia, y que nosotros manejamos la chistera.

Que nunca sabremos qué nos deparará el futuro; que nuestra existencia y la de los que nos rodean, los que más nos importan, es nuestro mayor tesoro.

Amad. Sonreid. Acariciad… mirad a los ojos.

Todo será entonces más sencillo, y siempre, siempre…

Primavera.

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 (1) La Mecánica del Corazón es un libro de Mathias Malzieu (Montpellier, 1974).

DEDICATORIA:

  • A la vida…

        

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VOLVER A SER… UN NIÑO.

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Para leer escuchando…

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A veces sabéis, me gustaría volver a ser un niño. Si es que alguna vez, en lo más profundo, he dejado de serlo.

Para ver el mundo con los ojos de entonces. Sin barreras, ni límites; sin fianzas.Con la paleta de colores intacta, fresca y el pincel impoluto. Para volver a tener esa sensación de las primeras veces. Del descubrimiento. De que las cosas ocurren sin ser consciente de ello, sencillamente ocurren; para saborearlas efímeras y dulces como cuando el tiempo nunca importaba, tan sólo el placer de vivirlas.

Ser niño. Sí…

Para abrir todas las puertas sin llamar, sin miedo a lo que está al otro lado. Sintiendo el pomo de la vida en tus manos por instantes que huelen a tardes de verano. A sonrisas contenidas. A olor a pan tierno recién hecho de la abuela. A abrazos con olor a azahar y canela; eternos. A leche caliente y a esperanzas.

Niño.

Para correr descalzo las calles sin miedos. Sin perjuicios. Para abrazar a todos sin esperar que nadie te lo pida. Abrazar, sí. Y que te abracen.

Abrazos...

Abrazos…

Disfrutando cada bocanada de aire al atardecer volviendo del estanque, como en el mejor de los viajes; el viaje hacia un hombre que nace por dentro aún sin saberlo.

En el estanque...

En el estanque…

De nuevo, niño.

Para decir lo que siento al viento y a las gentes, a boca llena. Sin tamices. Sin filtros. Sin esperas. Plagado de palabras que llevan dentro la más pura esencia de los sentimientos.  

Para hacer de la equivocación, un juego. Y del juego, la norma. Niño para tocar con la punta de los dedos todo, de nuevo. Y nuevo. Para acariciar a mi madre. Para escuchar en silencio la sonrisa de mi padre. Para limpiar despacio el vaho de la mañana en los cristales de mi cuarto mientras el tiempo nos pinta la vida al otro lado. Para dibujar sobre mi perro nubes que surgen de colores sobre su pelo desgastado; y para apretar la mano de aquel amigo y compartir aquel tierno afecto de la amistad sincera.

Apretar la mano...

Apretar la mano…

Sí, ser niño… para soñar.

Para sentir que todo es posible por el mero hecho de pensarlo, de esperarlo; de compartirlo. Y tejer fantasías en cada esquina para sembrarlas por el camino esperando que el rocío de la vida germine esas semillas. Las de la inocencia.

Semillas que germinen...

Semillas que germinen…

Para mirar a los ojos de frente, sin miedo. Allí donde la verdad no es un fin sino la rutina.

Que ser astronauta es lo normal y que la risa es la mejor merienda. Volver, sí. Volver a ser niño. Para recordar que hay algo maravilloso dentro de cada uno, que hemos olvidado. Que a veces olvidamos.Un ser irrepetible. Un milagro. Una oportunidad forjada durante años que no puede desperdiciarse, porque lo traicionaríamos.

Un corazón que late, que siente. Que desea y espera;  que a veces necesita solamente que volvamos por un momento a ser lo que fuimos… para no olvidarlo.

Y volver al origen. A la esencia. A nosotros mismos y nuestros sueños.

Para sentir que la vida es un regalo, cada día.

Como cuando tú y yo… éramos niños.

Porque  aún todo es posible.

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DEDICATORIA:

  • A  la calida luz de la infancia.
  • Al niño que aún llevamos dentro.

 

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