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Archive for 28 julio 2016

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Para leer escuchando…

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Quizás no estemos preparados para el verano. Tal vez se nos hace demasiado grande tener todo el tiempo del mundo, la tranquilidad por horizonte y la paciencia por única frontera. Demasiado acostumbrados a las prisas. Demasiado perdidos en la pantalla de un móvil que nos dirige, o tal vez nos anestesia el día a día. Ausentes de emociones nuevas pero que en realidad son las más antiguas; las de las conversaciones sin horarios, las de la ternura por APP de un corazón necesitado, las del tacto cercano de los que en realidad nos aman y toleran nuestras faltas u ausencias.  

Y entonces llega una mañana y tenemos días por delante para restañar nuestras costuras y tal vez no sepamos ni siquiera como abordarlos; tan acostumbrados a la adrenalina de una vida estresada que el silencio duele, que la calma chirría, que la paz es un plato al que cuesta acostumbrarse. Y es que tenemos adormecida la conciencia de lo realmente importante.

Así que he decidido coger papel y lápiz y escribir todo aquello que creo que es necesario para salir de este laberinto en el que tantos andamos perdidos y disfrutar de unas vacaciones distintas.

Tal vez no os sirva a todos, tal vez ni siquiera a mí mismo, pero el mero hecho de reflexionar sobre lo que me espera me hace abrir los ojos para darme cuenta por enésima de vez de todo lo que nos estamos perdiendo. Tan ocupados en buscar la felicidad en lo que se compra o se vende; cuando lo que nos hace realmente felices nunca ha tenido precio…

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Así que si me lo permitís, voy a comenzar con este DECÁLOGO PARA UN VERANO DISTINTO:

  1. HAY QUE CERRAR LOS OJOS: No hay nada como cerrar los ojos. Sentarse en el lugar más cómodo que tengamos a mano y dejarse llevar. Para pensar en cuando fue la última vez que sentimos esa maravillosa sensación de dejar la mente en blanco. Recordando todo aquello que nos hace sonreír y abandonando los caminos que nos llevan a pensar en la rutina y las dificultades; para sólo abrirnos al sendero de los días que nos esperan. Olvidando todo aquello que nos ha hecho daño para sólo llevar a cuestas lo mejor que nos ha pasado. Entonces estaremos preparados para descargar la mochila…
  2. DESCARGAR LA MOCHILA: Pesa demasiado. Demasiadas heridas, tristezas y sueños incumplidos. Demasiadas decepciones con el mundo y con nosotros mismos. Tantas expectativas perdidas en el camino que se hace insoportable su carga. Porque nos lastran, nos impiden ver más allá porque el peso nos hace bajar la mirada hacia lo que aún es posible. Así que es necesario vaciarla. Despejarla de miedos y desesperanzas para llenarla de proyectos, de nuevas ilusiones y volver a cargarla sobre la espalda. Dolerá, sentiremos la punzada del recuerdo a cada peso que nos quitemos de encima porque nada pasa en balde, pero cuando acabemos sentiremos la ilusión de lo nuevo, de lo que comienza y entonces todo será posible.
  3. SONREIR: A veces se nos olvida demasiado y es la sonrisa el combustible del alma. Así que hay que hacerlo en cualquier lugar y momento. No hay nada que una sonrisa no sane ni puerta que se le resista. Y tal vez abrirá las puertas más complejas, las propias; las más profundas, las que encierran lo mejor de nosotros mismos  para que otros puedan entrar y conocernos de veras. La sonrisa del corazón que es la ventana más hermosa para la alegría.
  4. LA ALEGRÍA: La de lo sencillo. La de compartir las cosas que nos gustan de verdad. La de disfrutar de lo pequeño pero que nos llena, lo cercano que nos despereza la tristeza, lo diferente que nos ilusiona, lo que se hace de corazón y que no tiene precio.
  5. CUMPLIR SUEÑOS: No tienen porque ser demasiado complejos ni grandes. A veces los mejores sueños van envueltos en lo más simple, en lo más sencillo. Hay que intentarlo. Nada como cumplir un sueño que llevamos tiempo intentando hacer realidad porque nos da alas para emprender otros que todavía están dormidos y porque en el fondo ¡Qué sería la vida sin los sueños!
  6. EL TACTO: De los que nos importan o de los que queremos que lo hagan. De los que tenemos cerca pero hemos dejado para el final, abandonados por lo que no es importante. El de las manos, el de la piel, el de la mirada. El que nos acerca más que cualquier cosa. El que huele a silencio o a estruendo. El de las palabras al oído o el de la carcajada. El sencillo roce de lo que realmente importa.
  7. OTROS LUGARES, OTRAS MIRADAS: Nada como descubrir otros paisajes, otras gentes, otras maneras de ver la vida. Viajar nos hace más humanos, más humildes, sin duda más sabios. Disfrutar por primera vez de algo maravillosamente distinto es una sensación inigualable, porque además tendemos a pensar que lo nuestro, que lo que conocemos y nos rodea es lo mejor. Que nuestra forma de ver la vida es única, que nuestras costumbres son las de todos, para descubrir que apenas a unos kilómetros hay otros tiempos y otras miradas. Y que en realidad es más sencillo de lo que pensamos ver la vida con los ojos de otros si somos capaces de intentarlo.
  8. DEJARSE LLEVAR: Por cualquier sitio y a cualquier hora. Sin corsés que nos limiten, sin prejuicios que nos cierren posibilidades que nos esperan. Dejando simplemente que la vida y sus oportunidades se nos ofrezcan para compartirlas. La magia de dejar que todo suceda simplemente, sin planificar, el secreto de lo que se acerca sin avisar  cargado de horas nuevas.
  9. Y TAMBIÉN VIAJAR ENTRE PÁGINAS: Allí donde cualquier viaje es posible, cualquier historia puede ocurrir y tiene nombres que se nos vuelven cercanos. Esa paz que lleva sumergirse entre páginas que nos arrastran más allá de nuestras miserias, para abrirnos a otros mundos y hacernos volar desde un sillón o tumbados en la arena. Nada como bucear en las aventuras que otros soñaron un día cualquiera y que ahora pueden formar parte de nuestra propia vida, para cambiarnos.
  10. Y DECIRLO… Hablar. Conversar. Con los que nos acompañan en la vida, a los que no dedicamos el tiempo suficiente; que en el fondo es no preocuparnos por nosotros mismos. Saber de ellos. Decirles lo que les queremos y demostrárselo. Tejer con nuestra palabra todo lo que sentimos y que hace tiempo que no somos capaces de contárselo.

 

Y así puede que todo sea más sencillo. Dará igual el lugar, sólo será importante disfrutar cada instante. Puede que no sean las más lujosas vacaciones, que el tiempo no acompañe, pero sin duda habremos viajado de la mejor manera posible y al mejor destino. El que nos reconcilia con lo que nos salva, con lo que nace dentro, con lo mejor de nosotros mismos.

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DEDICATORIA:

A la mágica luz del verano.

A Beatriz…

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DE PASO…

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Para leer escuchando…

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De paso. Creemos vivir de paso. Con las oportunidades siempre intactas y la posibilidad de volver atrás abierta en cualquier momento. Con nuestra mirada como único referente, con nuestras ideas, con nuestra forma de ver la vida como modelo exclusivo a seguir. Ese que tantas veces exigimos aceptar a los demás, a los que nos rodean.

De paso; pero en demasiadas ocasiones con paso más de maestro que de aprendiz. Con palabras forjadas por una experiencia que asumimos como única e irreversible. Con las alas desplegadas porque no sabemos ni queremos plegarlas a otros vientos. Con la conciencia tapiada tantas veces de prejuicios. Con la esperanza hecha jirones de olvidos. Con la alegría varada en una realidad que en verdad solo es un espejismo tallado por nuestras tristezas.

De paso, pero detenidos.

De paso, pero atrás.

De paso, pero sin avanzar ni darnos cuenta de que llevamos demasiado tiempo sin hacerlo.

De paso, pero dormidos.

Dormidos, pero en realidad olvidados por nosotros mismos…

 

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Distintos…

 

Y entonces, si logramos darnos cuenta. Si una mañana notamos por fin que algo se nos mueve por dentro. Si alguien nos abre los ojos y nos desempolva la sonrisa. Si nos erizan la piel, si nos abrazan el alma. Si la vida nos sale al paso para invitarnos a bailar con ella y nos lleva de su mano aunque hayamos olvidado su ritmo y su cadencia. Si nos enseñan a darnos cuenta que en realidad andamos perdidos. Que todo es un aprendizaje permanente. Que no hay verdades absolutas, tal vez ninguna verdad, tal vez millones de ellas y todas válidas. Si nos descubren que realmente somos pequeños, imperfectos, distintos y maravillosamente vulnerables. Que no hay nada escrito. Que no hay dolor que no pase. Que no hay alegría que no se retorne si tenemos las puertas abiertas. Que hay demasiada gente como nosotros cansada de no detenerse a saborear cada instante; para hacer de cada momento algo irrepetible. Que hay que confiar de nuevo en la gente y en lo que nos rodea, por mucho que nos hayan hecho daño. Que hay miles de caminos, centenares de miradas, y que tan sólo importa querer y poder compartir alguna de ellas, si dejamos que sea el corazón quien nos hable. Entonces, sí, en ese momento mágico algo se romperá y nada volverá a ser lo mismo.

 

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El aroma de lo cercano…

Porque no hay que andar de paso. Porque de paso no saboreamos cada instante, ni percibimos un susurro en el viento. Porque no rozamos la mano que nos tienden; y porque no es fácil abrazar si andamos de paso. Porque no aspiramos el aroma de lo cercano, el tacto de las pequeñas cosas que erigen otras enormes por dentro. Porque la existencia es tan mágica que podemos construirla de mil maneras y todas caben dentro de ella. Tan sutil que cambia a cada momento. Tan maravillosamente frágil que se nos escapa si no la disfrutamos. Tan valiosa que no podemos vivirla de paso…

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DEDICATORIA:

A Beatriz.

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HAY QUE DECIRLO…

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Para leer escuchando…

“Antes de que me quede sin corazón, voy a decirte lo que me pasa…”

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Pensó que era el momento de decírselo. De intentar explicárselo con palabras sencillas, esas que todos entendemos porque no tienen vuelta ni doblez. Llevaba ya demasiado tiempo esperando el momento oportuno, pero a veces, las cosas más simples son las más difíciles de contar. Porque las palabras sinceras ya no cotizan en bolsa y apenas si las creemos o valoramos, rehenes de nuestros propias rutinas. Esclavos de nuestros miedos…

Nunca pensó que fuera sencillo encontrarlo, meditaba mientras se acercaba. Con tantas cicatrices, todo se vuelve relativo, pensó. Y la esperanza pasa a ser un plato que no se cena cada día cuando ni hay hambre ni se espera. Pero había aparecido en el momento justo para hacerle creer verdaderamente que era posible, que pese a sus desasosiegos, a pesar de sí mismo, que frente a lo que el pasado, el presente o el futuro le deparara, aquí estaba. Aquí, frente a su mirada, para quedarse.

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Las dudas nunca fueron buenas consejeras, caviló al aproximarse a su puerta. Jamás. Porque se alimentan del vacío que todos llevamos dentro. De esos espacios de temores y soledades que vamos sembrando en nuestro interior con el paso del tiempo, donde no crece fácilmente la confianza. Habitaciones perdidas con puertas infinitas que no dejan pasar el aire ni las emociones por sinceras que estas sean. Muros infranqueables que nos vuelven grises; extrañamente sordos y mudos a los sentimientos. Los que había que derribar para siempre.

Y tal vez, sin saberlo, aquellas paredes habían sido levantadas para derribarse, para hacerse añicos frente a su presencia. Porque cuando llega y te pone el mundo patas arriba, nada necesita explicarse. Todo se entiende, aunque llegue tan dentro que casi duela.

Eso quería decirle. Tan simple y tan complejo. Sencillamente que ya no había nada que temer, que la tristeza había volado sin avisar desde que lo supo.

[…]

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Asió el pomo, y lo giró lentamente rumiando sus pensamientos. La habitación estaba en penumbras, pero su aroma delataba su presencia; ella descansaba. Así que, lentamente, se tumbó a su lado y le cogió la mano. Y allí supo entonces que no era cuestión de demasiadas palabras, que tal vez ni siquiera eran necesarias. Que le bastaría un abrazo, un te quiero bajito, una caricia, y tal vez eso sería suficiente para que por fin lo comprendiera. Pero también se dio cuenta que aquellos pensamientos estaban en el fondo dirigidos a Él mismo. Que aquella oleada de ternura que ahora envolvía su alma, que había construido paso a paso mientras se acercaba a casa, era en el fondo la auténtica respuesta. Que simplemente era ella, y ya nada importaba.

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DEDICATORIA:

A Beatriz.

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