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adecalogo

Para leer escuchando…

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Quizás no estemos preparados para el verano. Tal vez se nos hace demasiado grande tener todo el tiempo del mundo, la tranquilidad por horizonte y la paciencia por única frontera. Demasiado acostumbrados a las prisas. Demasiado perdidos en la pantalla de un móvil que nos dirige, o tal vez nos anestesia el día a día. Ausentes de emociones nuevas pero que en realidad son las más antiguas; las de las conversaciones sin horarios, las de la ternura por APP de un corazón necesitado, las del tacto cercano de los que en realidad nos aman y toleran nuestras faltas u ausencias.  

Y entonces llega una mañana y tenemos días por delante para restañar nuestras costuras y tal vez no sepamos ni siquiera como abordarlos; tan acostumbrados a la adrenalina de una vida estresada que el silencio duele, que la calma chirría, que la paz es un plato al que cuesta acostumbrarse. Y es que tenemos adormecida la conciencia de lo realmente importante.

Así que he decidido coger papel y lápiz y escribir todo aquello que creo que es necesario para salir de este laberinto en el que tantos andamos perdidos y disfrutar de unas vacaciones distintas.

Tal vez no os sirva a todos, tal vez ni siquiera a mí mismo, pero el mero hecho de reflexionar sobre lo que me espera me hace abrir los ojos para darme cuenta por enésima de vez de todo lo que nos estamos perdiendo. Tan ocupados en buscar la felicidad en lo que se compra o se vende; cuando lo que nos hace realmente felices nunca ha tenido precio…

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Así que si me lo permitís, voy a comenzar con este DECÁLOGO PARA UN VERANO DISTINTO:

  1. HAY QUE CERRAR LOS OJOS: No hay nada como cerrar los ojos. Sentarse en el lugar más cómodo que tengamos a mano y dejarse llevar. Para pensar en cuando fue la última vez que sentimos esa maravillosa sensación de dejar la mente en blanco. Recordando todo aquello que nos hace sonreír y abandonando los caminos que nos llevan a pensar en la rutina y las dificultades; para sólo abrirnos al sendero de los días que nos esperan. Olvidando todo aquello que nos ha hecho daño para sólo llevar a cuestas lo mejor que nos ha pasado. Entonces estaremos preparados para descargar la mochila…
  2. DESCARGAR LA MOCHILA: Pesa demasiado. Demasiadas heridas, tristezas y sueños incumplidos. Demasiadas decepciones con el mundo y con nosotros mismos. Tantas expectativas perdidas en el camino que se hace insoportable su carga. Porque nos lastran, nos impiden ver más allá porque el peso nos hace bajar la mirada hacia lo que aún es posible. Así que es necesario vaciarla. Despejarla de miedos y desesperanzas para llenarla de proyectos, de nuevas ilusiones y volver a cargarla sobre la espalda. Dolerá, sentiremos la punzada del recuerdo a cada peso que nos quitemos de encima porque nada pasa en balde, pero cuando acabemos sentiremos la ilusión de lo nuevo, de lo que comienza y entonces todo será posible.
  3. SONREIR: A veces se nos olvida demasiado y es la sonrisa el combustible del alma. Así que hay que hacerlo en cualquier lugar y momento. No hay nada que una sonrisa no sane ni puerta que se le resista. Y tal vez abrirá las puertas más complejas, las propias; las más profundas, las que encierran lo mejor de nosotros mismos  para que otros puedan entrar y conocernos de veras. La sonrisa del corazón que es la ventana más hermosa para la alegría.
  4. LA ALEGRÍA: La de lo sencillo. La de compartir las cosas que nos gustan de verdad. La de disfrutar de lo pequeño pero que nos llena, lo cercano que nos despereza la tristeza, lo diferente que nos ilusiona, lo que se hace de corazón y que no tiene precio.
  5. CUMPLIR SUEÑOS: No tienen porque ser demasiado complejos ni grandes. A veces los mejores sueños van envueltos en lo más simple, en lo más sencillo. Hay que intentarlo. Nada como cumplir un sueño que llevamos tiempo intentando hacer realidad porque nos da alas para emprender otros que todavía están dormidos y porque en el fondo ¡Qué sería la vida sin los sueños!
  6. EL TACTO: De los que nos importan o de los que queremos que lo hagan. De los que tenemos cerca pero hemos dejado para el final, abandonados por lo que no es importante. El de las manos, el de la piel, el de la mirada. El que nos acerca más que cualquier cosa. El que huele a silencio o a estruendo. El de las palabras al oído o el de la carcajada. El sencillo roce de lo que realmente importa.
  7. OTROS LUGARES, OTRAS MIRADAS: Nada como descubrir otros paisajes, otras gentes, otras maneras de ver la vida. Viajar nos hace más humanos, más humildes, sin duda más sabios. Disfrutar por primera vez de algo maravillosamente distinto es una sensación inigualable, porque además tendemos a pensar que lo nuestro, que lo que conocemos y nos rodea es lo mejor. Que nuestra forma de ver la vida es única, que nuestras costumbres son las de todos, para descubrir que apenas a unos kilómetros hay otros tiempos y otras miradas. Y que en realidad es más sencillo de lo que pensamos ver la vida con los ojos de otros si somos capaces de intentarlo.
  8. DEJARSE LLEVAR: Por cualquier sitio y a cualquier hora. Sin corsés que nos limiten, sin prejuicios que nos cierren posibilidades que nos esperan. Dejando simplemente que la vida y sus oportunidades se nos ofrezcan para compartirlas. La magia de dejar que todo suceda simplemente, sin planificar, el secreto de lo que se acerca sin avisar  cargado de horas nuevas.
  9. Y TAMBIÉN VIAJAR ENTRE PÁGINAS: Allí donde cualquier viaje es posible, cualquier historia puede ocurrir y tiene nombres que se nos vuelven cercanos. Esa paz que lleva sumergirse entre páginas que nos arrastran más allá de nuestras miserias, para abrirnos a otros mundos y hacernos volar desde un sillón o tumbados en la arena. Nada como bucear en las aventuras que otros soñaron un día cualquiera y que ahora pueden formar parte de nuestra propia vida, para cambiarnos.
  10. Y DECIRLO… Hablar. Conversar. Con los que nos acompañan en la vida, a los que no dedicamos el tiempo suficiente; que en el fondo es no preocuparnos por nosotros mismos. Saber de ellos. Decirles lo que les queremos y demostrárselo. Tejer con nuestra palabra todo lo que sentimos y que hace tiempo que no somos capaces de contárselo.

 

Y así puede que todo sea más sencillo. Dará igual el lugar, sólo será importante disfrutar cada instante. Puede que no sean las más lujosas vacaciones, que el tiempo no acompañe, pero sin duda habremos viajado de la mejor manera posible y al mejor destino. El que nos reconcilia con lo que nos salva, con lo que nace dentro, con lo mejor de nosotros mismos.

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DEDICATORIA:

A la mágica luz del verano.

A tus abrazos tiernos…

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DE PASO…

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Para leer escuchando…

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De paso. Creemos vivir de paso. Con las oportunidades siempre intactas y la posibilidad de volver atrás abierta en cualquier momento. Con nuestra mirada como único referente, con nuestras ideas, con nuestra forma de ver la vida como modelo exclusivo a seguir. Ese que tantas veces exigimos aceptar a los demás, a los que nos rodean.

De paso; pero en demasiadas ocasiones con paso más de maestro que de aprendiz. Con palabras forjadas por una experiencia que asumimos como única e irreversible. Con las alas desplegadas porque no sabemos ni queremos plegarlas a otros vientos. Con la conciencia tapiada tantas veces de prejuicios. Con la esperanza hecha jirones de olvidos. Con la alegría varada en una realidad que en verdad solo es un espejismo tallado por nuestras tristezas.

De paso, pero detenidos.

De paso, pero atrás.

De paso, pero sin avanzar ni darnos cuenta de que llevamos demasiado tiempo sin hacerlo.

De paso, pero dormidos.

Dormidos, pero en realidad olvidados por nosotros mismos…

 

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Distintos…

 

Y entonces, si logramos darnos cuenta. Si una mañana notamos por fin que algo se nos mueve por dentro. Si alguien nos abre los ojos y nos desempolva la sonrisa. Si nos erizan la piel, si nos abrazan el alma. Si la vida nos sale al paso para invitarnos a bailar con ella y nos lleva de su mano aunque hayamos olvidado su ritmo y su cadencia. Si nos enseñan a darnos cuenta que en realidad andamos perdidos. Que todo es un aprendizaje permanente. Que no hay verdades absolutas, tal vez ninguna verdad, tal vez millones de ellas y todas válidas. Si nos descubren que realmente somos pequeños, imperfectos, distintos y maravillosamente vulnerables. Que no hay nada escrito. Que no hay dolor que no pase. Que no hay alegría que no se retorne si tenemos las puertas abiertas. Que hay demasiada gente como nosotros cansada de no detenerse a saborear cada instante; para hacer de cada momento algo irrepetible. Que hay que confiar de nuevo en la gente y en lo que nos rodea, por mucho que nos hayan hecho daño. Que hay miles de caminos, centenares de miradas, y que tan sólo importa querer y poder compartir alguna de ellas, si dejamos que sea el corazón quien nos hable. Entonces, sí, en ese momento mágico algo se romperá y nada volverá a ser lo mismo.

 

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El aroma de lo cercano…

Porque no hay que andar de paso. Porque de paso no saboreamos cada instante, ni percibimos un susurro en el viento. Porque no rozamos la mano que nos tienden; y porque no es fácil abrazar si andamos de paso. Porque no aspiramos el aroma de lo cercano, el tacto de las pequeñas cosas que erigen otras enormes por dentro. Porque la existencia es tan mágica que podemos construirla de mil maneras y todas caben dentro de ella. Tan sutil que cambia a cada momento. Tan maravillosamente frágil que se nos escapa si no la disfrutamos. Tan valiosa que no podemos vivirla de paso…

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DEDICATORIA:

A tus abrazos tiernos.

HAY QUE DECIRLO…

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Para leer escuchando…

“Antes de que me quede sin corazón, voy a decirte lo que me pasa…”

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Pensó que era el momento de decírselo. De intentar explicárselo con palabras sencillas, esas que todos entendemos porque no tienen vuelta ni doblez. Llevaba ya demasiado tiempo esperando el momento oportuno, pero a veces, las cosas más simples son las más difíciles de contar. Porque las palabras sinceras ya no cotizan en bolsa y apenas si las creemos o valoramos, rehenes de nuestros propias rutinas. Esclavos de nuestros miedos…

Nunca pensó que fuera sencillo encontrarlo, meditaba mientras se acercaba. Con tantas cicatrices, todo se vuelve relativo, pensó. Y la esperanza pasa a ser un plato que no se cena cada día cuando ni hay hambre ni se espera. Pero había aparecido en el momento justo para hacerle creer verdaderamente que era posible, que pese a sus desasosiegos, a pesar de sí mismo, que frente a lo que el pasado, el presente o el futuro le deparara, aquí estaba. Aquí, frente a su mirada, para quedarse.

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Las dudas nunca fueron buenas consejeras, caviló al aproximarse a su puerta. Jamás. Porque se alimentan del vacío que todos llevamos dentro. De esos espacios de temores y soledades que vamos sembrando en nuestro interior con el paso del tiempo, donde no crece fácilmente la confianza. Habitaciones perdidas con puertas infinitas que no dejan pasar el aire ni las emociones por sinceras que estas sean. Muros infranqueables que nos vuelven grises; extrañamente sordos y mudos a los sentimientos. Los que había que derribar para siempre.

Y tal vez, sin saberlo, aquellas paredes habían sido levantadas para derribarse, para hacerse añicos frente a su presencia. Porque cuando llega y te pone el mundo patas arriba, nada necesita explicarse. Todo se entiende, aunque llegue tan dentro que casi duela.

Eso quería decirle. Tan simple y tan complejo. Sencillamente que ya no había nada que temer, que la tristeza había volado sin avisar desde que lo supo.

[…]

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Asió el pomo, y lo giró lentamente rumiando sus pensamientos. La habitación estaba en penumbras, pero su aroma delataba su presencia; ella descansaba. Así que, lentamente, se tumbó a su lado y le cogió la mano. Y allí supo entonces que no era cuestión de demasiadas palabras, que tal vez ni siquiera eran necesarias. Que le bastaría un abrazo, un te quiero bajito, una caricia, y tal vez eso sería suficiente para que por fin lo comprendiera. Pero también se dio cuenta que aquellos pensamientos estaban en el fondo dirigidos a Él mismo. Que aquella oleada de ternura que ahora envolvía su alma, que había construido paso a paso mientras se acercaba a casa, era en el fondo la auténtica respuesta. Que simplemente era ella, y ya nada importaba.

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DEDICATORIA:

A tus abrazos tiernos.

CANSADO…

 

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 Para leer escuchando…

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Estoy cansado. Cansado de lo superfluo, de lo que huele a mera repetición sin emociones. De ser una diana más, como tantos, en el día a día de la gente sin alma. Esa que nos rodea, cercana o distante, para enjuiciar nuestros actos o nuestras decisiones. Sinceramente, estoy muy cansado; son demasiados. Hay tantas personas vacías bebiendo de la fuente fácil de la crítica y la sentencia… que asustan.

Cansado. Aturdido de que tengamos que andar por la vida justificando cada paso. De que sólo lo que se comprende pueda tener razón o aprobación tácita. Harto de tantas calificaciones banales de café y mantel, en sobremesas perfectamente aburridas. De vidas prêt-à-porter de sentimientos. De gentes sin esperanza que quieren dejarnos sin la nuestra. De familias que venden una perfección, que en realidad está envuelta en abandono.

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No me gusta juzgar ni juzgo; apenas puedo hacerlo conmigo mismo. Prefiero dejar que las palabras fluyan y los actos me las presenten, antes de equivocarme. Pero creo que esa no es la costumbre, o más bien la rutina. Por eso, navegar es tan difícil; porque apenas quedan miradas transparentes a lo sencillo o a lo diferente. Y así todo se vuelve fácilmente, doblez y esquina a cada zancada.

Cansado. Pero sigo adelante.

Aunque harto de los que no saben ni dejan. De los que existen para respirar pero no acarician el aire. De los que no saben ni quieren volar pero envidian tus alas, y al menor revoloteo intentan cortarlas. De los que no miran al horizonte pero envidian el nuestro. De los de la sonrisa fácil, pero la risa hueca. De los que te acarician el hombro pero dándote la espalda. De las gentes que sólo sobreviven pero envidian la vida que no comprenden en otros.

Pero eso no me detiene, ni os detenga nunca. Mejor siempre continuar avanzando.

Nada les duele más que ver que el paso no baja de ritmo aunque sortees el fango y los baches que construyan. Nada es tan eficaz contra su presencia que nuestra indiferencia. Los achanta la esperanza. Los destruye nuestra decisión y el valor de enfrentarnos a lo que queremos. Les pueden los sueños. Les asfixia la ternura. Les oscurece la claridad de nuestras acciones y se disuelven ante nuestra paz y nuestra calma. Les desarma nuestra sonrisa…

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Cansado, tal vez triste por tanto gris, por tanta gente vacía, pero a la misma vez esperanzado.

Porque a pesar de todo, siempre hay un suspiro en el viento, siempre un nuevo día. Personas que pueden devolverte en tan sólo un segundo toda la ilusión que algunos te robaron. Porque la vida es en realidad un maravilloso cúmulo de instantes, y el verdadero secreto es saber elegirlos y vivirlos a nuestra manera. Y especialmente compartirlos con quienes sepan ver y sentir como tú lo haces; como has decidido.

 

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Caminar junto a nosotros…

 

Nadie está llamado a seguirnos pero tampoco nadie es extranjero en nuestra tierra. Así que dejemos caminar junto a nosotros, como compañeros de vida, sólo a los que realmente nos acaricien el alma, sin pedir nada a cambio y ofrezcámosles la nuestra.

Es nuestra decisión, la más difícil, pero tal vez la más importante que haremos nunca.

 

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DEDICATORIA:

 A tus pasos cercanos y tus abrazos tiernos.

TARDES LLUVIOSAS.

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Para leer escuchando…

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Me gustan las tardes lluviosas. Casi tristes. Encapotadas de recuerdos y grises de tantas ganas de verte.

Me gustan sus distancias cortas. Su aire espeso de melancolía. Esas que me acercan a mí mismo, que me dejan tan próximo a lo que sueño que casi puedo tocarlo con las puntas de los dedos. Las del café que sana, las de los cristales que todo lo ven y los atardeceres eternos; las de la calma regada de nostalgia. Las infinitas; las etéreas. Las que no esperas y te envuelven con su halo de otros momentos, para llevarte lejos. Me gustan; como esta tarde…

Y cuando me siento en sus horas, a veces inesperadas, siempre distintas, me pierdo en el tic-tac de sus segundos; para dibujar con sus agujas tiempos diferentes. Mis propios instantes como alejados del mundo, donde sólo yo puedo dirigir mis pensamientos.

Me gustan…

... tiempos diferentes.

… tiempos diferentes.

Con ellas buceo despacio en mis emociones; casi como un ritual, como un refugio al que aferrarme. Y aunque no tenga mapa ni guía, navego por sus momentos mágicos que me acercan a lo mejor que encierro dentro, a lo que no se difumina, a lo verdadero, a lo auténtico. Y me dejo llevar al ritmo de las gotas que golpean las ventanas para danzar a su paso al otro lado que se empaña.

Son las de la luz que muere a cada vuelta de la esquina. Las de los pasos que se pierden bajo un viejo paraguas. Son las de las prisas por llegar a casa y las de las de tantas soledades sin prisa. Las que dejan que la primavera muera a manos de un verano que las añorará para siempre.

Bajo el paraguas...

Bajo el paraguas…

Sí, me gustan las tardes lluviosas. Cuando viajar no es una quimera y basta tan sólo con cerrar los ojos. Donde los aromas permanecen y los tactos se dibujan en el aire. Donde no hay fronteras ni distancias, ni miedos ni desesperanzas. Sólo esa maravillosa sensación de estar frente a lo mejor que todos llevamos dentro.

Me gustan…

Me gusatan...

Me gustan…

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DEDICATORIA:

A tus abrazos tiernos…

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Para leer escuchando…

 

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Siempre he pensado que existen.

No porque efectivamente los haya visto alguna vez, o porque me haya parecido entrever su sombra al abrigo del bosque. Ni siquiera porque piense que tal vez cabalguen libres con su cuerno reluciente al sol de alguna pradera recóndita, quizás en algún país perdido; acaso en mis sueños. Simplemente porque creo que son imprescindibles. Que si no existieran habría que inventarlos, porque para mí representan que no hay nada realmente imposible.

Eterno el dilema entre realidad y esperanza. Entre futuro e ilusiones, entre lo que vivimos, andamos, damos, somos, construimos… y lo que verdaderamente deseamos. Aunque al final todo se reduzca de manera más simple en decidirnos en cruzar esa delgada línea que nos separa de las emociones, dibujada entre la vida o la mera supervivencia. Y nunca me ha gustado ser un simple superviviente…

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…nunca un simple superviviente.

Si tengo que decidir apuesto por ellos. Por lo que representan. Por la verdad que encierran bajo su pelo sedoso y su cabellera al viento. Creo en que si realmente somos capaces de imaginarlos no hay nada que se nos resista, porque bajo su imagen de cuento para niños, son el estandarte de la esperanza en que podemos conseguir lo que añoramos si luchamos y creemos en ello.

Volar no es fácil. Avanzar cuesta. Pero soñar y creer no es imposible.

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Luchar contra el viento que nos arremolina el alma, nos difumina su presencia, la de nuestras ilusiones, para abandonarnos a la costumbre de lo fácil y repetitivo. Dejamos de ver su figura corretear por las calles de nuestras vidas, de escuchar sus cascos golpear nuestro corazón acelerado por la pasión de lo que de verdad nos llena; de oír su relincho que nos lleva a pelear por lo que queremos. Para volvernos uno más de los que nos cruzamos cada día, cabeza baja, perdidos en una existencia sin rumbo. Abandonados en una especie de sopor permanente donde no hay cabida para los sueños.

Pero existen. No lo dudes. Están más cerca de lo que pensamos, pacen dentro de nosotros. Sólo hay que darles la oportunidad de que corran libres de nuevo, de soltarles las riendas, para que liberen las nuestras. Las que nos atan y nos secuestran de lo realmente importante.

Son los que se dibujan en los ojos de los que amamos. Los que corretean entre las manos que nos abrazan, que nos acarician, que nos consuelan. Son los de la calma, los del trote ligero, y también los del galope. Los de la pasión y el entusiasmo que nos acelera el corazón y la confianza. Aún duermen en los establos más secretos dentro de nosotros mismos, esperando tan sólo que creamos de nuevo en ellos.

Tengo que confesaros, que algunas veces, perdí la esperanza en volver a encontrarlos. Que me deje llevar por caminos donde no es posible su presencia. Para simplemente ser un náufrago más de la vida. Uno de tantos escépticos.

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Me perdí…

Pero he vuelto a creer en ellos.

Porque cuando todo parecía imposible he encontrado de nuevo su reflejo en tu mirada, sí. Y corretean de nuevo, y yo con ellos, y tú de la mano. Porque siento el aire de cara y la luz en el camino. Porque has desempolvado mis ganas, mis ilusiones y mis proyectos. Y de nuevo me dejo llevar por su correr alegre, por su trote ligero. Para ya simplemente cabalgar de nuevo, al abrigo de tus abrazos tiernos.

Gracias.

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DEDICATORIA:

A ti.

CATORCE…

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Para leer escuchando…

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Puede que definirte sea complejo. Porque tal vez no sea necesario hacerlo, sino vivirte.

Puede que nos perdamos demasiado buscándote nombres o apellidos; dándote forma. Dibujando tu rostro, descifrando tu mundo como si fuera tan sencillo saber cómo aparecerás. Como si ilusos, pudiéramos construirte a nuestra manera o dibujarte con los colores donde nos sentimos cómodos. Vestirte; calzarte con las emociones que nos abrigan el alma, las que nos llegan; las que necesitamos cuando no hallamos todas las respuestas. Sin darnos cuenta, que serás tú quien nos encuentre. Y probablemente para cambiarnos todos nuestros preconcebidos esquemas.

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Demasiados fuegos de artificio…

Nos rodean demasiados fuegos de artificio. Demasiados. Tantas frases hechas e imágenes planificadas en tu nombre. Cuando realmente, si algo te gusta, es pasar desapercibido salvo para los que en realidad te conocen de veras. Porque cuando estas dentro de nosotros no gustas de alharacas ni demostraciones para la galería, sino de ternura. Sencilla, mágica y auténtica ternura de la que te alimentas.

Si pudieras hablar mañana, tal vez gritarías. No porque no haya verdad en muchos gestos, en tantos presentes. Sino porque también hay demasiados te quiero vacíos envueltos en rutina. Muchas manos que se tocan extrañas; ateridas de tantos días de olvido. Rostros que ya no recuerdan tu presencia en aquellas primeras miradas.

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No elegiste día…

No elegiste día, porque no lo necesitas. No tienes mes porque no ocupas el tiempo y el espacio como un objeto cualquiera. No tienes nombre aunque los tienes todos; y el mío es de siete letras.

Cuando llegas no avisas. Entras como un torrente sin llamar a la puerta. Da igual que estemos o no preparados, porque ya nada será como antes y por eso no tienes etiquetas, edad ni patria.

Y una vez que nos acompañas, cuando realmente te sientes en la casa compartida que dos alzan contigo, nada es como realmente habíamos pensado. Nada.

No eres sencillo. Y eso te hace maravillosamente distinto e irrepetible. Creces con nosotros, te envuelves de nuestras andanzas. Te siembras, te marchitas; mutas, renaces, vuelas… resucitas con nuestras virtudes y nuestras miserias.  Y nos haces sin duda mejores. Sin duda.

Realmente mueves el mundo, sin tocarnos. Estas detrás de millones de sonrisas, de lágrimas. Nos haces capaces de todo, incluso de lo imposible. Porque imposible es decir que no cuando nos das alas. Y aunque muchos piensan que estás al alcance de cualquiera; se equivocan. Porque sólo muestras tu verdadera esencia a quienes se dan a corazón abierto; aunque a veces duela.

Y ahora; en este instante en el que puedo hablarte, sólo quiero darte las gracias. He preferido hacerlo hoy, porque mañana tendrás el día muy ocupado, y porque en el fondo sé que el 14 no te gusta.

Gracias.               

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DEDICATORIA:

A tus abrazos tiernos…