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LA MAGIA…

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Para leer escuchando…

La vida es un ramillete de instantes que alguna vez fueron sueños…

………………………

 

Tan solo tuve que verte.

Tan solo un instante en el que todo se detuvo. Como si el tiempo bailara frente a mis ojos, perdidos en los tuyos, una danza invisible. Con pasos quedos, que nos elevaban sobre la multitud difuminada en aquella enorme estancia. Y nada existía…

... nada existía.

… nada existía.

No me lo preguntes, pero sentí que volvía a casa; o tal vez que nunca me había ido de ella; tan solo que la andaba buscando allá donde nadie nos ve, donde todo es posible. Y bastó un abrazo para abrir de nuevo la puerta; para saber que por fin la había encontrado y que ya no quería marcharme nunca.

Recuerdo que te miré despacio. Que no entendía bien que sucedía, porque cuando ocurre uno se queda sin palabras, sin aliento, sin heridas; solo con aquella emoción que puede con todo. Como aquella primera bocanada de aire limpio en un corazón que latía de nuevo.

...de aire limpio.

…de aire limpio.

Sé que no fuiste a encontrarme, ni que yo te buscaba. Que no te esperaba aunque te soñaba. Que aunque pueda extrañarte no necesité ni un solo segundo para amarte; porque hay segundos que realmente valen toda una vida, y fueron mil vidas de ida y vuelta en aquella tarde.

Dibujaste sonrisas, sembraste esperanza; y a su sombra surgieron horas que no olvidaré nunca. Recorrí de tu mano mil senderos, mil aceras. Y sentí que ya nada volvería a ser lo mismo en aquella bendita plaza envuelta en tango, ron y ternura.

Tango...

Tango…

Sucediste. Como un milagro. Como nunca había esperado, pero como soñé siempre. Con tus manos dulces y tus ojos que me hablaban. Perdidos en mitad de la gente para encontrarnos.

Solo me queda pedirte que no cambies, déjame tan solo acompañarte. Daré rienda suelta a tus sueños y los haré míos. Y no hará falta nada más que tu presencia, cuando el sol salga y todo sea posible. Curaré despacio tus heridas como tú ya has sanado las mías. 

Porque hay un suspiro en el viento. Un eco que al Sur me trae tu nombre. Un pulso que me habla de ti, de tu presencia. Cuando cierro los ojos, y ahora sí, por fin… apareces.

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Apareces…

……………………….

DEDICATORIA:

A una mágica noche de Agosto…

A tus abrazos tiernos.

PERDIDOS…

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Para leer escuchando…

Me gustaría agradecer a la maravillosa fotógrafa Laura Caruncho por dejarme usar sus preciosas imágenes, que nos hacen ver más allá.  

http://mlauracaruncho.wix.com/laura-caruncho

………………………

Me gusta la gente que se pierde.

Esa que a veces creemos ver deambulando por la vida, y que a simple vista parecen sin rumbo. La que no siempre sonríe enlatado, ni siempre va a la moda, aunque la cree. La que no parece de la tribu y dejamos pasar sin apenas rozarlos, sin intentar comprenderlos.

Esa gente; la que se pierde pero arriesga; la que lo intenta aunque no lo consiga, pero lo intenta. Porque al final de sus ojos descubrí siempre la mayor ternura, solo tuve que cruzar una mañana cualquiera la calle de su mirada. 

Las tenemos cerca. A veces no sabemos donde acaban y donde empezamos nosotros, pero siempre nos da vértigo entenderlos. Porque es más sencillo caminar por la acera seca en vez de bailar bajo la lluvia. Aunque una vez bailado, nada vuelva a ser lo mismo…

Tras su mirada se esconde una tristeza infinita, casi puedes rozarla cuando te acercas. Cuajada en mil batallas, en mil derrotas, pero tan tierna que te envuelve como una tarde de verano. Y a su lado, cuando decides que ya no son tan diferentes, todo toma otro ritmo y otro sentido. Dejas de pensar en lo que importa para centrarte en lo importante, y la vida fluye de nuevo como jugando entre los dedos; jugando sí, pero sintiéndola más cerca que nunca.

Perdidos. Perdidos pero buscando hallarse. Los locos y locas más cuerdos, porque al menos saben que lo están e intentan remar a su manera hacia la orilla. Cuánta gente hay perdida sin saberlo, me digo cada vez que los tengo cerca. Porque caer no es el problema sino el camino, nadie se levanta si no se ha puesto en marcha nunca.

Su tacto...

Su tacto…

Me gusta su tacto cercano. Su sonrisa a veces atribulada, como escondida tras una mueca cargada de melancolía. Sus abrazos sin manos. Sus palabras mudas. Sus guiños con los ojos cerrados pero el corazón abierto.

Tengo que reconocer que al cruzar su calle me ganaron para siempre. Y que ya muchas veces todos los demás me parecen extraños, hasta yo mismo. Como si estuviesen mucho más cerca de la verdadera felicidad, aún sin saberlo, que el resto del mundo.

Perdidos, pero no perdedores.

Porque arriesgar por lo que crees aunque sea a contracorriente, aunque te extravíes, aunque sientas que remar así te deja sin fuerzas, no te hace más débil sino todo lo contrario. Al fin y al cabo, nadie sabe si puede conseguirlo si no lo intenta, y ellos son los héroes y heroínas del fracaso.

Pero lo que no podré olvidar nunca es su mirada. A su lado he descubierto que no solo es cuestión mirar, de caminar la vida creyendo que la recorremos sin más. Se trata de ver. De explorar. De perderse en ella hasta no encontrarse, para dejarse llevar por lo que el corazón nos dicte. Sencillamente, de vivir.

Habitaciones preciosas...

Al otro lado…

No hay demasiada gente capaz de ver más allá. Al otro lado de lo convencional, de lo tangible. Porque cuántas veces buscamos fuera lo que simplemente tenemos dentro de nosotros mismos o de los que nos rodean. Habitaciones preciosas; que no recorremos si no somos capaces de contemplar lo que nos envuelve con otros ojos, aunque tantas veces nos haga vulnerables y nos lleve a la nostalgia porque no nos guste lo que vemos.

Perdidos. Perdidas, pero para encontrarse.

Puedes tenerlos al otro lado del rellano. Tal vez cogen contigo el metro cada mañana, suben el ascensor junto a ti, o te acompañan en el trabajo. No es tan difícil, puedes intentarlo. Deja que un día cualquiera te enseñen ese barrio desconocido de su existencia. Simplemente déjate llevar por su música y por su andar distinto. Los reconocerás enseguida porque tienen limpia la mirada. Entonces,  olvida por una vez lo que el mundo piensa.

Tal vez al final descubras como yo aquella mañana, que nada es como parece. Que su visión de la vida es diferente porque ven al otro lado de las cosas, y comiences así a ver con un prisma hecho de otras emociones.

Para descubrir a su lado, que nunca estuvieron perdidos; y que tal vez seas tú el que puedas a aprender junto a ell@s el camino de vuelta…

El camino de vuelta...

…de vuelta.

……………………..

DEDICATORIA:

A los que se pierden para encontrarse, para encontrarte.

A mi amiga Kate…

A los que quieren ver más allá.

UNA PEQUEÑA PROMESA…

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Para leer escuchando…

…………………….     

Prometo no prometerte nada.

Simplemente prometo ser yo mismo y aceptarte tal cual eres. Aunque a veces, ni siquiera pueda entenderme.

No querré llevar tus maletas, apenas puedo con las mías; así que mejor caminaremos sin equipaje, que tus ojos me basten y tu palabra me sosiegue. Tú decidirás el rumbo o lo echaremos a suertes; que la moneda girará en el aire y mientras me dará tiempo a ver tu sonrisa. Esa que descubriré una mañana cualquiera y valdrá una vida. Y tal vez, al caer sobre tu mano, la cruz será la cara o viceversa, porque habremos olvidado la razón del juego o ya no importará el destino y sí el tiempo juntos.

Prometo no hacer ruido, pero escucharte. No seguirte pero acompañarte. No suplicarte pero conocerte. Y mientras tanto abriré mis puertas y mis ventanas, para no dejar habitaciones que Tú no conozcas aunque haga frío y tu viento desordene mi alma.

Sí, lo prometo.

 

Prometo...

                   Prometo…

Y prometo darme para recibirte. No esperar a que vengas y buscarte. No perderme en mis vacíos y recorrer los tuyos hasta encontrarte, porque la búsqueda sera mi mejor regalo.

Y no ser perfecto. No serlo pero amar tus imperfecciones, y caminar despacio las cicatrices que las forman y que construyen tu pasado y tu presente. No darte nunca la espalda, y mirarte de frente para buscar en ti mi esperanza.

Prometo no marcharme sin avisarte. Pero también volver en cuanto olvide la promesa, porque no podré cumplirla cuando te encuentre.

Solo te pido que cuando me halles no te arrepientas, y que tus ojos me hablen sin más esperas. Y sin condiciones.

Y entonces, ya no será necesaria ninguna otra promesa… te lo prometo.

…………………….

APROMESA

DEDICATORIA:

A lo que viene…

DOS VIDAS.

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Para leer escuchando:

……………….

Me gustaría ser yo y otro al mismo tiempo, para tener dos vidas o infinitas y ver qué pasa. Tejer deprisa mis caricias para que te arropen y no las olvides nunca cuando aparezcas; cuando me mires por primera vez a los ojos. Cuando pueda tocarte, pero esta vez despierto.

Prepararé esta tarde las maletas. No llevaré gran cosa. Una muda de palabras sinceras y un pantalón de sueños. Una camisa hecha de retales y ternuras y un pasaporte aún no caducado de confianza.

Saldré a la plaza, pero no a buscarte. Ven tú a mi encuentro que yo te espero. Pasearemos descalzos las aceras y seré franco. Y te enseñaré las heridas para que conozcas mis miedos y olvides los tuyos.

Descalzos...

Descalzos…

Déjame que me lleve tu ritmo y tu sonrisa. La que llevo esperando meses como primavera. La que me amanece dibujada en tu recuerdo y en la esperanza; esa que resuena por dentro pero nadie escucha.

Y no oiré más cerrarse la puerta, porque abriré las ventanas y el aire entrará a borbotones. Tu rebeldía será mi horizonte y siempre amanecerá despacio; solo cuando sea necesario que la luz nos ilumine.

Me gustaría ser yo y otro al mismo tiempo, para tener dos espacios o el nuestro y darle forma. Y amueblar habitaciones que solo tú y yo conocemos; cuando nadie nos vea pero existas.

Cuando decidas que es el momento de encontrarme… y simplemente sucedas.

……………….

DEDICATORIA:

A un día cualquiera pero contigo.

Ni un día sin poesía…

EN EL CAMINO…

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Para leer escuchando…

…………………………………

Recuerdo aquellos primeros minutos, y el silencio.

Aquella sensación de que algo distinto comenzaba. El frío de la mañana, aquel verde infinito; y la necesidad de dar el primer paso…

Creo que uno no sabe nunca a ciencia cierta porque comienza este viaje, que razones lo impulsan, aunque pienso que en el fondo simplemente busca respuestas a preguntas que lleva tiempo haciéndose o tal vez, a algunas que no ha sido capaz de responderse.

Y así, sin darnos cuenta, nos vemos una mañana con la mochila a la espalda y con la otra, la interior, cargada de lastres que intentar soltar durante el recorrido. Una travesía de ida y de vuelta, que se transita por fuera pero se recorre por dentro para cambiarlo todo.

Tengo que deciros que al comenzar sentí una emoción profunda. Como hacía tiempo que no percibía; y al momento, también la carga de todo lo que llevaba dentro y me atenazaba, y que quizás me había llevado frente a aquel sendero que se perdía en el bosque, como en cierta manera nuestra propia vida.

Y así empezamos…

Empezamos...

Empezamos…

La brisa de la mañana cortaba la cara, pero aquel aire puro iba penetrando también despacio como un bálsamo. Os juro que al empezar sentí como crujían todas las costuras, como me escocían todas las heridas del cuerpo y del alma, como si algo se resistiera a dar el paso, como si en el fondo, yo mismo supiera que aquella cura iba a ser dolorosa, difícil e íntima.

Decidí adelantarme.

Y así, aceleré el paso por el sendero para sumergirme en todo lo  que la mañana me regalaba. La luz penetraba entre los árboles y dibujaba mil sombras sobre el suelo, y el rocío tintineaba entre las hojas de los castaños y la paz casi podía tocarse.

Oía mis pasos. Y pensé que no recordaba cuanto hacía que escuchaba aquel sonido, y que realmente era una sensación maravillosa. Delante, solo la vereda; y por norte, aquella calma.

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La calma…

Los pájaros nos saludaban, a su manera. Sin estruendos. Con gorjeos suaves, como si entendieran el porqué de aquellos hombres y mujeres que zigzagueaban despacio aquel camino. En una sinfonía de colores y sonidos que te envolvían, que te arrastraban hacia delante, que te mostraban a su manera la razón de aquella aventura.

Y en cada recodo, en aquel primer día, pude ver dibujarse como un descubrimiento nuevas formas y nuevos tonos. Toda una paleta de verdes y ocres. Y una amalgama de olores a tierra mojada, a lavanda, a hierbabuena, a armonía y a búsqueda. A la mía y a la de todos. Ese olor interior que maridaba con el externo, en una conjunción mágica de sabores y esencias perdidas. De niñez olvidada y de heridas sin cicatrizar. Aromas. Sabores. Temores… que tapizaban cada paso, más que aquella tierra oscura bajo la arboleda.

Aromas. Sabores...

Aromas. Sabores…

Y poquito a poco, todo iba tomando forma y sentido. Como si siempre lo hubiese tenido, y lo hubiésemos olvidado… para recordarlo allí.

[…]

Los kilómetros fueron cayendo lentamente, y con ellos aquella tristeza de la que quise desembarazarme a la orilla del primer riachuelo. Recuerdo que apareció de repente. Primero como un sonido, como un canturreo del agua sobre las piedras milenarias. Y luego como un manantial fascinante, donde refrescamos nuestro rostro mientras que otros caminantes nos devolvían por primera vez aquel saludo que siempre nos acompañaría:

Buen camino!- escuché, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Pensé que aquel mensaje encerraba algo más que dos palabras, que un saludo. Que era toda una declaración de intenciones. Y así fue. Porque durante decenas de kilómetros aquella mezcla de sonrisas y palabras fue trufando nuestro peregrinaje. En todos los idiomas, y con todos los acentos. Mujeres y hombres de cualquier parte del mundo nos devolvían el mismo saludo, pero siempre, siempre con un gesto amable que a pesar de repetido no dejaba de reconfortarme. De reconciliarnos con lo mejor del ser humano, con la amabilidad sin alharacas. Con la bondad desnuda. El gran secreto a voces del camino.

Como una sorpresa...

Como una sorpresa…

Y el resto del primer día lo recuerdo como una permanente sorpresa. Subidas y bajadas donde la naturaleza se vestía con sus mejores galas. Arboledas que tocaban sinfonías de sonidos perdidos en mi conciencia. Risas y también alguna lágrima, íntimas y a veces compartidas. Horas eternas donde casi no deseas llegar al final de la primera etapa porque quieres saborear cada zancada como aquel primer beso adolescente. Y la compañía de los amigos; esa que se alzaba sobre todo, como un faro. Una baliza invisible que iluminaba esas veredas con la luz más clara que recuerdo…

[…]

Casi no recordaba el cansancio cuando llegamos al pueblecito de destino.

Las decenas de kilómetros se olvidaban en aquella mezcla de ilusión y magia. Pero cayeron sobre nosotros al dejar la mochila a la entrada del Albergue. Donde como siempre, decenas de sonrisas sudorosas nos recibieron como durante nuestro recorrido. Lo mejor del día. De ese y del resto. Las buenas gentes que a nuestro lado, detrás o delante, nos abrían paso con sus pies y con su alma desnuda de prejuicios. Un recuerdo imborrable y un aprendizaje extraordinario que guardaré para siempre.

[…]

Dejé que el agua de la ducha cubriera mi cuerpo para llevarse el polvo y el sudor de aquel día inolvidable. Para sentir el paso de las horas sobre las piernas cansadas pero la alegría inmensa de la primera jornada del camino. Para abandonarme durante segundos eternos bajo aquella fuente sanadora y pensar en lo vivido.

Viandas...

Viandas…

Y luego, las viandas casi desaparecieron nada más sentarnos a la mesa. Ya calzadas las chanclas y la ropa limpia; y una extraña alegría que casi no reconocíamos pero que se dibujaba virgen en nuestra mirada. Los cuatro nos miramos y sin decir nada supimos que ocurría. Y por un instante, después de tanto buscarlo, todo tuvo sentido. Y al levantar la mirada en aquel amplio salón del albergue, nos vimos rodeados de tantos rostros sin nombre con los que habíamos compartido senderos y saludos. Descansos y agua. Y a los que fuimos pusiendo nombre y hasta historia los días siguientes. Toda una familia cuajada a golpe de búsqueda, de esfuerzo, de paisajes que nos unían más que desunían. Personas que ahora forman parte de nuestras vidas para siempre. Amistades construidas al calor o el frío de un universo diferente que se alzaba cada madrugada, desde el interior de todos y cada uno.

[…]

Los días fueron transcurriendo, y nuestros pasos se volvieron firmes. Nuestros cuerpos cansados de las primeras jornadas se tornaron misteriosamente fuertes, y casi nos pedían seguir caminando; como si no quisieran volver atrás y mirar siempre hacia delante.

Cambiaban...

Cambiaban…

Los paisajes cambiaban. Prados. Bosques. Lomas y praderas verdes. Aldeas de piedra y pizarra. Nubes de mañana y soles de mediodía, en una alternancia sorprendente, pero como misteriosamente planificada. Y todo plagado de las maravillosas gentes del Bierzo, de Galicia. Siempre dispuestas, siempre amables. Personas de rostro bronceado, manos curtidas y corazón grande. Que te saludaban a la vera de tu caminar, mientras se afanaban en sus campos y su ganado. Como si la vida y el mundo se detuvieran por instantes a tu paso para dibujar óleos no soñados por el mejor paisajista.

Su ganado...

Su ganado…

Pero también, en silencio, nuestro paisaje interior había ido cambiando igualmente con el paso de las horas y los días. En un viaje paralelo fantástico, personal, inenarrable. Madurado al sol de tanta hermosa vivencia. De tantos silencios y de tantas complicidades. Para dibujarse con la calma y la ternura que íbamos recogiendo y construirse con todo lo bueno que todos los caminantes iban sembrando.

Y por momentos pensé, que cuando uno toca la paz de cerca, se da cuenta de todo lo que se pierde tantas veces…

[…]

Camino...

Camino…

El camino…

El de miles de caras y centenares de promesas. El de la esperanza, el de la calma o el de la tormenta. El que no sabes si recorres o te busca. Porque cuando algo no necesita ser explicado no es cuestión de palabras, de tiempos, sino de emociones. Y esas a veces no se leen con la mirada.

El camino. El del cielo por techo. El viento que te habla. La alianza con lo sencillo, donde casi siempre sobran las palabras.

El cielo por techo...

El cielo por techo…

Pero el camino que también tiene rostro y nombres. De los que al final comparten contigo sus pasos. Amistades cuajadas bajo el cielo de una Galicia dormida, de personas sin coraza ni prevenciones. De cualquier lugar, pero con el mismo destino. Para dar lo mejor de uno mismo, sin saber a quién ni qué se tiene delante.

Cuantas veces medité en silencio, que ocurriría si nos comportáramos todos así cualquier día y en cualquier sitio. Seguro, pensé, que todos seriamos mucho más felices y la vida más sencilla…

[…]

Hay cosas que son difíciles de explicar, pero que me guardo dentro. Como un tesoro. En esa habitación interior donde dejo lo mejor de mí mismo. Permitidme que no pueda contarlo todo y que lo deje en lo más profundo. Solo deciros que no pude olvidar acordarme de todos y todas a los que quiero. Puse vuestros nombres a los meandros del río, a los cielos encapotados, a la fina lluvia que nos aliviaba. A mi soledad compartida.

Porque no fui solo. Fui con todos vosotros.  Y os dejé para siempre grabados a nuestro paso. Creo que fue el peso más liviano de la mochila y el mejor aliento, y a veces casi pude sentiros de la mano.

Y como todo tiene un fin… llegamos a Santiago.

Santiago...

Santiago…

Después de unos inolvidables días que no olvidaremos nunca. Como no olvidaré aquel abrazo tierno en el Obradoiro en aquella majestuosa mañana de verano. Nunca unas lágrimas me supieron tan dulce.

El camino. El mío y el de tantos.

El que se anda y el que se vive. El de la tierra y el de las emociones. El que se lleva dentro. El que te transforma.

Y ahora que he vuelto a casa, tengo que deciros que mis pies caminan de nuevo mi Sur, pero que parte de mi corazón se quedó una mañana de verano entre los bosques de Galicia.

…………………………………

He aprendido a ser más yo mismo, a decir lo que siento y hacer lo que digo. A vivir…“.

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DEDICATORIA:

A todas las gentes de “O Camiño”.

A los bosques del  Bierzo y al verde inmenso de Galicia.

A la memoria de mi Padre.

A mis querid@s: Jose, Ramón, Bernardo, Encarni, Alfonso, Yolanda, Daniel, Rafa, Colins e Irene.

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Para leer escuchando…

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En la vida sobran o faltan todas las razones. Porque cuando algo no necesita ser explicado no es cuestión de números o de palabras, de tiempos o estaciones, sino más bien de emociones. Y esas a veces no se leen con la mirada.

 

Solo se trata de una armonía nueva, diferente para cada cosa. Sentimientos; cercanos o lejanos pero que nos envuelven, y para los que solo bastaría dejarnos llevar por su sintonía, por su música, para ser nota en ese pentagrama invisible. Blancas o corcheas de la conciencia, tan simple como eso.

 

Esas sensaciones que pululan cerca, que nos tocan, y de las que no somos conscientes. Esa melodía, la suya, está a nuestro alrededor como una banda sonora que nos regala mil tonos constantemente. Basta solo cerrar los ojos y dejarnos llevar… con il tempo.

 

[…]

Largo.

Muy lento. Cadencioso. Casi sutil aroma a lo que nace dentro sin darnos cuenta. A la primera mirada, al primer descubrimiento; la primera risa, la primera…

Il tempo de lo que no avisa, pero que prende. Rescoldo. Primer sorbo. Primera brisa de lo que comienza.

 

Adaggio...

Adagio…

Adagio.

Majestuoso. De lo que se recrea en nosotros para tejernos. Para dibujar sonrisas al ritmo lento de las mejores compañías. De la mano pequeña que nos lleva. De la arrugada que nos enseña. El del suave roce del tiempo que no pasa, que más bien se queda…

 

Andante.

Emociones de lo que decidimos y andamos. De lo que nos gusta, nos rodea o camina con otros. Ritmo vivaz de lo que luchamos, de lo que cuesta pero nos enriquece. De lo que vemos a la vuelta de la esquina. El compás de cada día.

 

Allegro.

Que te envuelve, raudo. Que te lleva en volandas, porque ni se piensa, ni se espera. Ni se sabe ni se medita, solo se vive con la emoción de lo que nos llega. Alegría. Caricias. La vida en su cadencia más risueña. Primavera…

Allegro...

Allegro…

Allegro ma non troppo.

Del sí pero no. De lo que aparece pero se teme. De los primeros pasos y las dudas. De lo que espera que surja. Que te haga diferente. El ritmo armonioso de la esperanza. De lo que se desea…

 

Morendo.

De lo que se va. De lo que nos deja. Lo que pudo ser y no fue y se agarra a nosotros como un suspiro, a cada vuelta. Métrica de lo que muere lentamente en nuestras manos, en nuestra propia existencia. Vida que fue para sembrarse.

 

Sostenuto...

Sostenuto…

Sostenuto.

En el tiempo y en el espacio. El de la amistad sincera. El del amor verdadero. El equilibrio de lo que nos llena por dentro y nos hace mejores. De las miradas que nos hablan. De los nuestros. De lo cercano. El tacto indeleble de los que nos aman. El acorde de lo que permanece.

 

 […]

La vida y sus tiempos. Música que nos siembra. Sinfonía de lo que es realmente importante y nos construye, para dejarnos desnudos o arroparnos el alma.

No pasemos de largo, y escuchemos. No es necesario que siempre seamos solistas, o de que el concierto sea multitudinario. Mejor disfrutar y saborear cada paso, cada nota.

Porque hay una melodía para cada ilusión, y en cada camino… un tempo per la Vita.     

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DEDICATORIA:

 

A la vida y sus sinfonías.

RECUERDOS…

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Para leer escuchando…

 

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Recuerdo que no lo olvidaba.

Que aunque cerrara los ojos para sumergirme en mí mismo, no podía abandonarlo, dejar fuera aquel dolor profundo que había descubierto. Esa sensación de mirarla y que doliera. Y aquel olor a tiza y a ungüento contra las espinillas que lo envolvía todo… 

Recuerdo que así descubrí lo que ahora sé que tiene nombre, pero que cuando lo percibí por primera vez no tenía sentido. Para hacerte sentir desnudo frente a todo y a todos, y sin respuestas. Sin resortes para contarlo, porque ni siquiera sabes lo que está ocurriendo. Solo que algo se ha roto por dentro para nunca volver a ser lo mismo. Nunca.

Decidí guardar aquel instante para siempre.

Que no lo olvidaría jamás.

Y así al sonar el timbre que daba paso al recreo, garabateé con premura la hora, el día; aquel momento en el viejo cuaderno de anillas que aún guardo, y que a veces hojeo para volver a aquel segundo. A aquel pasillo en penumbra y a sus ojos. A la sensación de que algo me quemaba por dentro como no había sentido nunca, y como tal vez nunca volveré a percibir como aquella primera vez. 

Frente a sus ojos...

Frente a sus ojos…

Aquella mañana en la que sin saber cómo ni porqué, mi corazón dejo de latir por un instante. Para detener el mundo, y con él, yo mismo. Aquel dolor dulce, inenarrable, tan íntimo frente a ella.

Las horas que transcurrieron luego fueron un torbellino de sensaciones, en esa frontera entre la adolescencia y la existencia. Entre el niño que había llegado y aquel adulto que se resistía a salir a escena. Porque tal vez era consciente de que aquellas horas ya nunca volverían.

Aquel niño vive aún dentro. No he querido abandonarlo.

Resguardado en esa habitación recóndita donde lo encerramos sin darnos cuenta, para dejar que la vida nos separe. Sin percibir que forma parte indivisible de nosotros mismos.

Me gusta sacarlo de vez en cuando de paseo.

Ver de nuevo por sus ojos, palpar las cosas con sus manos, construir mis pensamientos con sus palabras directas y sin dobleces, como cuando todo era más sencillo, y nada tenía diferentes soluciones, solo la mejor respuesta. La primera.

No ha perdido su sonrisa. Esa alegría contagiosa que me ayuda a valorarlo todo como un descubrimiento. A ver la vida como se abre camino, en ese momento sutil en el que solo hay que mirar hacia delante y darse cuenta que está todo por escribir. 

Y me cojo de su mano, y me dejo llevar. Y me devuelve a mi esencia, a mis sueños olvidados, a todo aquello que decidí no abandonar, pero que enterré demasiado pronto, traicionándolo, pero que Él no me ha tenido en cuenta. Porque siempre es posible empezar de nuevo, me dice…

Y la verdad es que prefiero hacerle caso. Escuchar sus palabras nerviosas y sus consejos; porque he descubierto que está más cerca de mi corazón de lo que yo he estado nunca, y porque es maravilloso percibir otra vez el pulso de lo espontaneo. El mágico aroma de su inocencia. 

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Hoy, de nuevo, he vuelto a sacar la libreta del cajón, y despacio, he pasado las páginas desgastadas hasta llegar hasta a aquel primer día.

Y he cerrado los ojos para sentirlo de nuevo.

Y he pensado, que aquel sentimiento, que aquel vértigo parece como si hubiera resurgido de nuevo. O que tal vez nuevamente me siento como en aquel día, pero hoy en tu presencia.

No lo he olvidado; porque lo guardé donde nadie me ve, pero solo al verte he vuelto a sentirlo. Así que lo he mirado y Él me sonreído moviendo la cabeza, porque después de tantos años ya no necesita explicarlo.

Y ahora soy yo el que de nuevo y frente a tu mirada, me he quedado como aquella otra maravillosa mañana… sin respuestas.

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DEDICATORIA:

       Al niñ@ que llevamos dentro.         

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