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UNA PEQUEÑA PROMESA…

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Para leer escuchando…

…………………….     

Prometo no prometerte nada.

Simplemente prometo ser yo mismo y aceptarte tal cual eres. Aunque a veces, ni siquiera pueda entenderme.

No querré llevar tus maletas, apenas puedo con las mías; así que mejor caminaremos sin equipaje, que tus ojos me basten y tu palabra me sosiegue. Tú decidirás el rumbo o lo echaremos a suertes; que la moneda girará en el aire y mientras me dará tiempo a ver tu sonrisa. Esa que descubriré una mañana cualquiera y valdrá una vida. Y tal vez, al caer sobre tu mano, la cruz será la cara o viceversa, porque habremos olvidado la razón del juego o ya no importará el destino y sí el tiempo juntos.

Prometo no hacer ruido, pero escucharte. No seguirte pero acompañarte. No suplicarte pero conocerte. Y mientras tanto abriré mis puertas y mis ventanas, para no dejar habitaciones que Tú no conozcas aunque haga frío y tu viento desordene mi alma.

Sí, lo prometo.

 

Prometo...

                   Prometo…

Y prometo darme para recibirte. No esperar a que vengas y buscarte. No perderme en mis vacíos y recorrer los tuyos hasta encontrarte, porque la búsqueda sera mi mejor regalo.

Y no ser perfecto. No serlo pero amar tus imperfecciones, y caminar despacio las cicatrices que las forman y que construyen tu pasado y tu presente. No darte nunca la espalda, y mirarte de frente para buscar en ti mi esperanza.

Prometo no marcharme sin avisarte. Pero también volver en cuanto olvide la promesa, porque no podré cumplirla cuando te encuentre.

Solo te pido que cuando me halles no te arrepientas, y que tus ojos me hablen sin más esperas. Y sin condiciones.

Y entonces, ya no será necesaria ninguna otra promesa… te lo prometo.

…………………….

APROMESA

DEDICATORIA:

A lo que viene…

DOS VIDAS.

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Para leer escuchando:

……………….

Me gustaría ser yo y otro al mismo tiempo, para tener dos vidas o infinitas y ver qué pasa. Tejer deprisa mis caricias para que te arropen y no las olvides nunca cuando aparezcas; cuando me mires por primera vez a los ojos. Cuando pueda tocarte, pero esta vez despierto.

Prepararé esta tarde las maletas. No llevaré gran cosa. Una muda de palabras sinceras y un pantalón de sueños. Una camisa hecha de retales y ternuras y un pasaporte aún no caducado de confianza.

Saldré a la plaza, pero no a buscarte. Ven tú a mi encuentro que yo te espero. Pasearemos descalzos las aceras y seré franco. Y te enseñaré las heridas para que conozcas mis miedos y olvides los tuyos.

Descalzos...

Descalzos…

Déjame que me lleve tu ritmo y tu sonrisa. La que llevo esperando meses como primavera. La que me amanece dibujada en tu recuerdo y en la esperanza; esa que resuena por dentro pero nadie escucha.

Y no oiré más cerrarse la puerta, porque abriré las ventanas y el aire entrará a borbotones. Tu rebeldía será mi horizonte y siempre amanecerá despacio; solo cuando sea necesario que la luz nos ilumine.

Me gustaría ser yo y otro al mismo tiempo, para tener dos espacios o el nuestro y darle forma. Y amueblar habitaciones que solo tú y yo conocemos; cuando nadie nos vea pero existas.

Cuando decidas que es el momento de encontrarme… y simplemente sucedas.

……………….

DEDICATORIA:

A un día cualquiera pero contigo.

Ni un día sin poesía…

EN EL CAMINO…

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Para leer escuchando…

…………………………………

Recuerdo aquellos primeros minutos, y el silencio.

Aquella sensación de que algo distinto comenzaba. El frío de la mañana, aquel verde infinito; y la necesidad de dar el primer paso…

Creo que uno no sabe nunca a ciencia cierta porque comienza este viaje, que razones lo impulsan, aunque pienso que en el fondo simplemente busca respuestas a preguntas que lleva tiempo haciéndose o tal vez, a algunas que no ha sido capaz de responderse.

Y así, sin darnos cuenta, nos vemos una mañana con la mochila a la espalda y con la otra, la interior, cargada de lastres que intentar soltar durante el recorrido. Una travesía de ida y de vuelta, que se transita por fuera pero se recorre por dentro para cambiarlo todo.

Tengo que deciros que al comenzar sentí una emoción profunda. Como hacía tiempo que no percibía; y al momento, también la carga de todo lo que llevaba dentro y me atenazaba, y que quizás me había llevado frente a aquel sendero que se perdía en el bosque, como en cierta manera nuestra propia vida.

Y así empezamos…

Empezamos...

Empezamos…

La brisa de la mañana cortaba la cara, pero aquel aire puro iba penetrando también despacio como un bálsamo. Os juro que al empezar sentí como crujían todas las costuras, como me escocían todas las heridas del cuerpo y del alma, como si algo se resistiera a dar el paso, como si en el fondo, yo mismo supiera que aquella cura iba a ser dolorosa, difícil e íntima.

Decidí adelantarme.

Y así, aceleré el paso por el sendero para sumergirme en todo lo  que la mañana me regalaba. La luz penetraba entre los árboles y dibujaba mil sombras sobre el suelo, y el rocío tintineaba entre las hojas de los castaños y la paz casi podía tocarse.

Oía mis pasos. Y pensé que no recordaba cuanto hacía que escuchaba aquel sonido, y que realmente era una sensación maravillosa. Delante, solo la vereda; y por norte, aquella calma.

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La calma…

Los pájaros nos saludaban, a su manera. Sin estruendos. Con gorjeos suaves, como si entendieran el porqué de aquellos hombres y mujeres que zigzagueaban despacio aquel camino. En una sinfonía de colores y sonidos que te envolvían, que te arrastraban hacia delante, que te mostraban a su manera la razón de aquella aventura.

Y en cada recodo, en aquel primer día, pude ver dibujarse como un descubrimiento nuevas formas y nuevos tonos. Toda una paleta de verdes y ocres. Y una amalgama de olores a tierra mojada, a lavanda, a hierbabuena, a armonía y a búsqueda. A la mía y a la de todos. Ese olor interior que maridaba con el externo, en una conjunción mágica de sabores y esencias perdidas. De niñez olvidada y de heridas sin cicatrizar. Aromas. Sabores. Temores… que tapizaban cada paso, más que aquella tierra oscura bajo la arboleda.

Aromas. Sabores...

Aromas. Sabores…

Y poquito a poco, todo iba tomando forma y sentido. Como si siempre lo hubiese tenido, y lo hubiésemos olvidado… para recordarlo allí.

[…]

Los kilómetros fueron cayendo lentamente, y con ellos aquella tristeza de la que quise desembarazarme a la orilla del primer riachuelo. Recuerdo que apareció de repente. Primero como un sonido, como un canturreo del agua sobre las piedras milenarias. Y luego como un manantial fascinante, donde refrescamos nuestro rostro mientras que otros caminantes nos devolvían por primera vez aquel saludo que siempre nos acompañaría:

Buen camino!- escuché, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Pensé que aquel mensaje encerraba algo más que dos palabras, que un saludo. Que era toda una declaración de intenciones. Y así fue. Porque durante decenas de kilómetros aquella mezcla de sonrisas y palabras fue trufando nuestro peregrinaje. En todos los idiomas, y con todos los acentos. Mujeres y hombres de cualquier parte del mundo nos devolvían el mismo saludo, pero siempre, siempre con un gesto amable que a pesar de repetido no dejaba de reconfortarme. De reconciliarnos con lo mejor del ser humano, con la amabilidad sin alharacas. Con la bondad desnuda. El gran secreto a voces del camino.

Como una sorpresa...

Como una sorpresa…

Y el resto del primer día lo recuerdo como una permanente sorpresa. Subidas y bajadas donde la naturaleza se vestía con sus mejores galas. Arboledas que tocaban sinfonías de sonidos perdidos en mi conciencia. Risas y también alguna lágrima, íntimas y a veces compartidas. Horas eternas donde casi no deseas llegar al final de la primera etapa porque quieres saborear cada zancada como aquel primer beso adolescente. Y la compañía de los amigos; esa que se alzaba sobre todo, como un faro. Una baliza invisible que iluminaba esas veredas con la luz más clara que recuerdo…

[…]

Casi no recordaba el cansancio cuando llegamos al pueblecito de destino.

Las decenas de kilómetros se olvidaban en aquella mezcla de ilusión y magia. Pero cayeron sobre nosotros al dejar la mochila a la entrada del Albergue. Donde como siempre, decenas de sonrisas sudorosas nos recibieron como durante nuestro recorrido. Lo mejor del día. De ese y del resto. Las buenas gentes que a nuestro lado, detrás o delante, nos abrían paso con sus pies y con su alma desnuda de prejuicios. Un recuerdo imborrable y un aprendizaje extraordinario que guardaré para siempre.

[…]

Dejé que el agua de la ducha cubriera mi cuerpo para llevarse el polvo y el sudor de aquel día inolvidable. Para sentir el paso de las horas sobre las piernas cansadas pero la alegría inmensa de la primera jornada del camino. Para abandonarme durante segundos eternos bajo aquella fuente sanadora y pensar en lo vivido.

Viandas...

Viandas…

Y luego, las viandas casi desaparecieron nada más sentarnos a la mesa. Ya calzadas las chanclas y la ropa limpia; y una extraña alegría que casi no reconocíamos pero que se dibujaba virgen en nuestra mirada. Los cuatro nos miramos y sin decir nada supimos que ocurría. Y por un instante, después de tanto buscarlo, todo tuvo sentido. Y al levantar la mirada en aquel amplio salón del albergue, nos vimos rodeados de tantos rostros sin nombre con los que habíamos compartido senderos y saludos. Descansos y agua. Y a los que fuimos pusiendo nombre y hasta historia los días siguientes. Toda una familia cuajada a golpe de búsqueda, de esfuerzo, de paisajes que nos unían más que desunían. Personas que ahora forman parte de nuestras vidas para siempre. Amistades construidas al calor o el frío de un universo diferente que se alzaba cada madrugada, desde el interior de todos y cada uno.

[…]

Los días fueron transcurriendo, y nuestros pasos se volvieron firmes. Nuestros cuerpos cansados de las primeras jornadas se tornaron misteriosamente fuertes, y casi nos pedían seguir caminando; como si no quisieran volver atrás y mirar siempre hacia delante.

Cambiaban...

Cambiaban…

Los paisajes cambiaban. Prados. Bosques. Lomas y praderas verdes. Aldeas de piedra y pizarra. Nubes de mañana y soles de mediodía, en una alternancia sorprendente, pero como misteriosamente planificada. Y todo plagado de las maravillosas gentes del Bierzo, de Galicia. Siempre dispuestas, siempre amables. Personas de rostro bronceado, manos curtidas y corazón grande. Que te saludaban a la vera de tu caminar, mientras se afanaban en sus campos y su ganado. Como si la vida y el mundo se detuvieran por instantes a tu paso para dibujar óleos no soñados por el mejor paisajista.

Su ganado...

Su ganado…

Pero también, en silencio, nuestro paisaje interior había ido cambiando igualmente con el paso de las horas y los días. En un viaje paralelo fantástico, personal, inenarrable. Madurado al sol de tanta hermosa vivencia. De tantos silencios y de tantas complicidades. Para dibujarse con la calma y la ternura que íbamos recogiendo y construirse con todo lo bueno que todos los caminantes iban sembrando.

Y por momentos pensé, que cuando uno toca la paz de cerca, se da cuenta de todo lo que se pierde tantas veces…

[…]

Camino...

Camino…

El camino…

El de miles de caras y centenares de promesas. El de la esperanza, el de la calma o el de la tormenta. El que no sabes si recorres o te busca. Porque cuando algo no necesita ser explicado no es cuestión de palabras, de tiempos, sino de emociones. Y esas a veces no se leen con la mirada.

El camino. El del cielo por techo. El viento que te habla. La alianza con lo sencillo, donde casi siempre sobran las palabras.

El cielo por techo...

El cielo por techo…

Pero el camino que también tiene rostro y nombres. De los que al final comparten contigo sus pasos. Amistades cuajadas bajo el cielo de una Galicia dormida, de personas sin coraza ni prevenciones. De cualquier lugar, pero con el mismo destino. Para dar lo mejor de uno mismo, sin saber a quién ni qué se tiene delante.

Cuantas veces medité en silencio, que ocurriría si nos comportáramos todos así cualquier día y en cualquier sitio. Seguro, pensé, que todos seriamos mucho más felices y la vida más sencilla…

[…]

Hay cosas que son difíciles de explicar, pero que me guardo dentro. Como un tesoro. En esa habitación interior donde dejo lo mejor de mí mismo. Permitidme que no pueda contarlo todo y que lo deje en lo más profundo. Solo deciros que no pude olvidar acordarme de todos y todas a los que quiero. Puse vuestros nombres a los meandros del río, a los cielos encapotados, a la fina lluvia que nos aliviaba. A mi soledad compartida.

Porque no fui solo. Fui con todos vosotros.  Y os dejé para siempre grabados a nuestro paso. Creo que fue el peso más liviano de la mochila y el mejor aliento, y a veces casi pude sentiros de la mano.

Y como todo tiene un fin… llegamos a Santiago.

Santiago...

Santiago…

Después de unos inolvidables días que no olvidaremos nunca. Como no olvidaré aquel abrazo tierno en el Obradoiro en aquella majestuosa mañana de verano. Nunca unas lágrimas me supieron tan dulce.

El camino. El mío y el de tantos.

El que se anda y el que se vive. El de la tierra y el de las emociones. El que se lleva dentro. El que te transforma.

Y ahora que he vuelto a casa, tengo que deciros que mis pies caminan de nuevo mi Sur, pero que parte de mi corazón se quedó una mañana de verano entre los bosques de Galicia.

…………………………………

He aprendido a ser más yo mismo, a decir lo que siento y hacer lo que digo. A vivir…“.

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……………………………

DEDICATORIA:

A todas las gentes de “O Camiño”.

A los bosques del  Bierzo y al verde inmenso de Galicia.

A la memoria de mi Padre.

A mis querid@s: Jose, Ramón, Bernardo, Encarni, Alfonso, Yolanda, Daniel, Rafa, Colins e Irene.

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Para leer escuchando…

 ……………………………..

En la vida sobran o faltan todas las razones. Porque cuando algo no necesita ser explicado no es cuestión de números o de palabras, de tiempos o estaciones, sino más bien de emociones. Y esas a veces no se leen con la mirada.

 

Solo se trata de una armonía nueva, diferente para cada cosa. Sentimientos; cercanos o lejanos pero que nos envuelven, y para los que solo bastaría dejarnos llevar por su sintonía, por su música, para ser nota en ese pentagrama invisible. Blancas o corcheas de la conciencia, tan simple como eso.

 

Esas sensaciones que pululan cerca, que nos tocan, y de las que no somos conscientes. Esa melodía, la suya, está a nuestro alrededor como una banda sonora que nos regala mil tonos constantemente. Basta solo cerrar los ojos y dejarnos llevar… con il tempo.

 

[…]

Largo.

Muy lento. Cadencioso. Casi sutil aroma a lo que nace dentro sin darnos cuenta. A la primera mirada, al primer descubrimiento; la primera risa, la primera…

Il tempo de lo que no avisa, pero que prende. Rescoldo. Primer sorbo. Primera brisa de lo que comienza.

 

Adaggio...

Adagio…

Adagio.

Majestuoso. De lo que se recrea en nosotros para tejernos. Para dibujar sonrisas al ritmo lento de las mejores compañías. De la mano pequeña que nos lleva. De la arrugada que nos enseña. El del suave roce del tiempo que no pasa, que más bien se queda…

 

Andante.

Emociones de lo que decidimos y andamos. De lo que nos gusta, nos rodea o camina con otros. Ritmo vivaz de lo que luchamos, de lo que cuesta pero nos enriquece. De lo que vemos a la vuelta de la esquina. El compás de cada día.

 

Allegro.

Que te envuelve, raudo. Que te lleva en volandas, porque ni se piensa, ni se espera. Ni se sabe ni se medita, solo se vive con la emoción de lo que nos llega. Alegría. Caricias. La vida en su cadencia más risueña. Primavera…

Allegro...

Allegro…

Allegro ma non troppo.

Del sí pero no. De lo que aparece pero se teme. De los primeros pasos y las dudas. De lo que espera que surja. Que te haga diferente. El ritmo armonioso de la esperanza. De lo que se desea…

 

Morendo.

De lo que se va. De lo que nos deja. Lo que pudo ser y no fue y se agarra a nosotros como un suspiro, a cada vuelta. Métrica de lo que muere lentamente en nuestras manos, en nuestra propia existencia. Vida que fue para sembrarse.

 

Sostenuto...

Sostenuto…

Sostenuto.

En el tiempo y en el espacio. El de la amistad sincera. El del amor verdadero. El equilibrio de lo que nos llena por dentro y nos hace mejores. De las miradas que nos hablan. De los nuestros. De lo cercano. El tacto indeleble de los que nos aman. El acorde de lo que permanece.

 

 […]

La vida y sus tiempos. Música que nos siembra. Sinfonía de lo que es realmente importante y nos construye, para dejarnos desnudos o arroparnos el alma.

No pasemos de largo, y escuchemos. No es necesario que siempre seamos solistas, o de que el concierto sea multitudinario. Mejor disfrutar y saborear cada paso, cada nota.

Porque hay una melodía para cada ilusión, y en cada camino… un tempo per la Vita.     

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……………………….

 

DEDICATORIA:

 

A la vida y sus sinfonías.

RECUERDOS…

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Para leer escuchando…

 

……………………………..

Recuerdo que no lo olvidaba.

Que aunque cerrara los ojos para sumergirme en mí mismo, no podía abandonarlo, dejar fuera aquel dolor profundo que había descubierto. Esa sensación de mirarla y que doliera. Y aquel olor a tiza y a ungüento contra las espinillas que lo envolvía todo… 

Recuerdo que así descubrí lo que ahora sé que tiene nombre, pero que cuando lo percibí por primera vez no tenía sentido. Para hacerte sentir desnudo frente a todo y a todos, y sin respuestas. Sin resortes para contarlo, porque ni siquiera sabes lo que está ocurriendo. Solo que algo se ha roto por dentro para nunca volver a ser lo mismo. Nunca.

Decidí guardar aquel instante para siempre.

Que no lo olvidaría jamás.

Y así al sonar el timbre que daba paso al recreo, garabateé con premura la hora, el día; aquel momento en el viejo cuaderno de anillas que aún guardo, y que a veces hojeo para volver a aquel segundo. A aquel pasillo en penumbra y a sus ojos. A la sensación de que algo me quemaba por dentro como no había sentido nunca, y como tal vez nunca volveré a percibir como aquella primera vez. 

Frente a sus ojos...

Frente a sus ojos…

Aquella mañana en la que sin saber cómo ni porqué, mi corazón dejo de latir por un instante. Para detener el mundo, y con él, yo mismo. Aquel dolor dulce, inenarrable, tan íntimo frente a ella.

Las horas que transcurrieron luego fueron un torbellino de sensaciones, en esa frontera entre la adolescencia y la existencia. Entre el niño que había llegado y aquel adulto que se resistía a salir a escena. Porque tal vez era consciente de que aquellas horas ya nunca volverían.

Aquel niño vive aún dentro. No he querido abandonarlo.

Resguardado en esa habitación recóndita donde lo encerramos sin darnos cuenta, para dejar que la vida nos separe. Sin percibir que forma parte indivisible de nosotros mismos.

Me gusta sacarlo de vez en cuando de paseo.

Ver de nuevo por sus ojos, palpar las cosas con sus manos, construir mis pensamientos con sus palabras directas y sin dobleces, como cuando todo era más sencillo, y nada tenía diferentes soluciones, solo la mejor respuesta. La primera.

No ha perdido su sonrisa. Esa alegría contagiosa que me ayuda a valorarlo todo como un descubrimiento. A ver la vida como se abre camino, en ese momento sutil en el que solo hay que mirar hacia delante y darse cuenta que está todo por escribir. 

Y me cojo de su mano, y me dejo llevar. Y me devuelve a mi esencia, a mis sueños olvidados, a todo aquello que decidí no abandonar, pero que enterré demasiado pronto, traicionándolo, pero que Él no me ha tenido en cuenta. Porque siempre es posible empezar de nuevo, me dice…

Y la verdad es que prefiero hacerle caso. Escuchar sus palabras nerviosas y sus consejos; porque he descubierto que está más cerca de mi corazón de lo que yo he estado nunca, y porque es maravilloso percibir otra vez el pulso de lo espontaneo. El mágico aroma de su inocencia. 

arecuerdos1

Hoy, de nuevo, he vuelto a sacar la libreta del cajón, y despacio, he pasado las páginas desgastadas hasta llegar hasta a aquel primer día.

Y he cerrado los ojos para sentirlo de nuevo.

Y he pensado, que aquel sentimiento, que aquel vértigo parece como si hubiera resurgido de nuevo. O que tal vez nuevamente me siento como en aquel día, pero hoy en tu presencia.

No lo he olvidado; porque lo guardé donde nadie me ve, pero solo al verte he vuelto a sentirlo. Así que lo he mirado y Él me sonreído moviendo la cabeza, porque después de tantos años ya no necesita explicarlo.

Y ahora soy yo el que de nuevo y frente a tu mirada, me he quedado como aquella otra maravillosa mañana… sin respuestas.

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……………………………..

 

DEDICATORIA:

       Al niñ@ que llevamos dentro.         

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Para de acabar de leer escuchando…

…………….

Si quieres. Si te atreves.

Sin más pero sin menos.

Sin nada pero con todo.

Sin palabras pero sin excusas; aquí te espero.

 

Cuando el sol caliente...

Cuando el sol caliente…

 

Cuando el sol caliente.

 Cuando haga frío.

 Cuando no me esperes, y cuando falte.

Cuando no te tenga y cuando sea tuyo… y todo estalle.

 

 

No preguntes; no tengo respuestas.

 Ni siquiera tengo que preguntarte.

 Nada te daré que no me pidas.

Y te entregaré lo que tengo, aunque solo sean mis manos.

 

Salvo tu mirada...

Salvo tu mirada…

 

Nada te pido.

Nada necesito.

Nada creeré, salvo tu mirada.

Nada resistirá salvo tu abrazo, cuando el mundo se detenga.

  

 

No sé si vienes; si debo buscarte,

O si tú me esperas.

Si será en aquella esquina y en este instante.

Si estás cerca, o debo hallarte en el camino.

  

 

Solo sé que existes.

Dentro.

Aquí donde solo permanezco yo y mis miserias.

Donde dormitan mis sueños y florecen mis vacíos.

 

Y vuelas...

Y vuelas…

 

Y vuelas. Sí.

Con las alas abiertas de mi esperanza.

Esa que confía.

 Que tiembla al pensar que es a la vuelta, y que estás llegando.

 

 

Y cuando me veas,

 Déjame hablarte al oído, no me juzgues a la ligera.

 Yo sabré que eres, sin saberlo.

Y no habrá más sombras, ni más dudas.

 

 

Dibujaremos entonces cabriolas en el aire.

 Ese que solo se pinta con los colores del alma.

 Y llenarás mis horas, y yo tus días.

 Y juntos las noches y las mañanas.

 

 

Porque hay un suspiro en el viento.

 Un eco que me trae tu nombre.

 Un pulso que me habla de ti, de tu presencia.

 Cuando cierro los ojos, y entonces… apareces.

 

... un suspiro en el viento.

… un suspiro en el viento.

 …………….

DEDICATORIA:

A ti.

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Para leer escuchando…

 

“Pasas todo tu  tiempo esperando una segunda oportunidad…”.

……………………………..

Cuando sonó el timbre, Alba apenas tuvo tiempo de ponerse algo encima y secarse un poco. No esperaba a nadie ese sábado y aquel sonido le había pillado por sorpresa.

En apenas unos segundos recorrió el pasillo hasta llegar a la entrada, para en un instante, descolgar aquel telefonillo que no dejaba de sonar con insistencia.

¿Buenos días, es usted Alba?-sonó al otro lado con tono seco.

¡Sí, dígame!-contestó un tanto desconcertada. 

¡Soy el cartero, traigo un paquete a su nombre!… 

Alba pulsó firmemente el botón que accionaba el acceso al edificio, y rápidamente, corrió de nuevo hacia su dormitorio para ponerse algo más decente. Se retocó el pelo para apresurarse junto a la entrada a la vez que escuchaba como resonaban unos golpes en la puerta.

Giro el pomo. Y sin prestar demasiada atención al papel que le habían puesto delante y tras un lacónico –Buenos días–, firmó el recibí para cerrar tras ella con aquel inesperado envío entre las manos.

No eran horas para demasiadas preguntas ni reflexiones. Así que con desgana, dejó aquel envoltorio sobre la mesa del salón para como una autómata dirigirse hacia la cocina. Encendió como cada mañana el equipo y subió la persiana; y la luz y la música invadieron de golpe aquel espacio para envolverlo todo con aquella pátina de normalidad enlatada. Era otro fin de semana más.

Tras algunas canciones que tatareó por lo bajini, y con el primer humo del café, recordó que tenía aquel extraño embalaje esperando ser abierto. Y como si de repente se le hubieran abierto los ojos, llenó en un segundo su taza para sentarse frente a aquel intruso envuelto en misterio al que había olvidado por completo.

Con el primer humo...

Con el primer humo…

No era demasiado grande, pensó, mientras daba el primer sorbo y en su mente comenzaba a gestarse una especie de crucigrama blanco que intentaba rellenar poniendo nombre a aquel artefacto que acababa de cambiar su monótona mañana.

No recordaba haber comprado ni pedido nada, aunque su cabeza no estaba para demasiadas cosas –pensó–; no pasaba por un buen momento. Y así como un juego, una retahíla de posibilidades comenzaron a tomar forma en su cerebro.

  • Algún envío retrasado. Era posible.
  • Un maravilloso obsequio de alguna casa comercial. Raro pero…
  • ¿Publicidad de algún banco dispuesto a atraparte entre sus garras?. Bastante probable.
  • Seguro que las paginas amarillas y la guía que no le habían enviado en todo el año. Menudo regalazo…
  • O tal vez un perfume fatal de un amante secreto… ¡Estaría bien!-pensó con una leve sonrisa.

Aunque seguro que al final sería algo de la pesada de su vecina, que como nunca para en casa había puesto su dirección para que no se le extraviase. Seguro… –¡Qué tormento!– Acabó pensando rebullida en su sofá.

Aquella absurda reflexión le había quitado las ganas de apresurarse a desenvolverlo; así que se tomó su tiempo para acabar su desayuno, y con el mismo desinterés comenzó a abrir aquel paquete mientras su mirada se perdía en el vacío.

Tras una ligera resistencia, el sonido del papel al rasgarse inundó la estancia, para de pronto hacer surgir ante sus ojos como un relámpago aquellas letras que reconoció al instante…

Y entonces, todo cambió. El mundo se detuvo en aquella habitación. Y su corazón con él.

 

[…]

A veces lo más difícil no es saber, sino decidir.

Y sin duda alguna aquella historia la había dejado sin argumentos y sin respuestas. No tenía duda de lo que sentía por él, no se trataba de eso. Más bien se trataba de ella misma. De su concepción de la vida. De su propia existencia; de su independencia. De sus territorios y de sus decisiones. De aquella difícil dualidad entre lo compartido y lo propio. Entre el sueño de sentirse querida y su amor a sí misma.

Y de pronto, hacía solo unos meses, alguien había revuelto aquel organizado armario de su vida. Y ella se había dejado llevar disfrutando de aquel inesperado pero maravilloso desorden.

Y ahora, ese viaje permanente sin respuestas le atormentaba. Día tras día. Segundo a segundo. Para sin darse cuenta y despacito, abandonar a su suerte aquel amor que había emergido como un manantial salvador, y dejarlo a la deriva sin darle una auténtica oportunidad a aquellos sentimientos.

Valentía y amor...

Valentía y amor…

Y es que la valentía y el amor son o deben ser dos caras inseparables de la misma moneda. Pero cada vez es más difícil que se acuñen juntas. Y a ella le costaba.

Tal vez, pensaba Alba, que si era capaz de dar distancia, de no mirar de frente, podría poner nombre y color a sus emociones. Saber que es lo que tenía que hacer, se decía. Sin darse cuenta que aquello tan solo escondía una huida y un abandono.  Donde no encontraría ninguna de las respuestas y solo dejaría un náufrago.

El ajetreo incesante de su trabajo le permitiría seguramente tomar distancia, pero su corazón no podría ver la esencia de lo que ni siquiera aún había florecido del todo, y que podría ser hermoso.

Y al final ocurrió. Cuando después de algunos meses llenos de magia, ella le dijo una mañana, sin más aviso ni prólogos, que necesitaba su espacio; y Él no supo que decir…

Ni estaba preparado. Ni lo esperaba. Nadie lo estaría.

Aunque en el fondo, en un ejercicio al que se resistía cada mañana,  supiera desde hacía tiempo que aquello iba a ocurrir. Que aunque lo amara, no era suficiente. Que había entrado en su vida sin avisar y había desmadejado su mundo. Y que ella algún día tendría que decidir entre su corazón y su reino.

Y aquella mañana había llegado.

Y ni quiso ni supo resistirse… solo encomendarse en lo más profundo a todo lo que había dado y habían construido juntos; esperando que fuera suficiente para conquistar su alma rebelde. 

 

        […]

 avayas 3

Aquellas palabras le retumbaron por dentro, y de pronto, aquel extraño envoltorio se había convertido en el centro de su pensamiento.

No lo esperaba.

No había transcurrido demasiado tiempo desde que tuvo la última conversación con Él, o al menos eso le parecía a ella. Pero en esos escasos meses apenas si habían intercambiado unas líneas. Y no es que no lo hubiera echado de menos, sino que había preferido refugiarse en su rutina para no pensar. No estar. No decidir.

Y de repente todo había cambiado.

Tenía que reconocer, que aquella hoja manuscrita la había desnudado. Había desencadenado en ella y en un instante toda una avalancha de sentimientos escondidos, apartados de la mente, que habían aparecido con nombres, caras, fechas, tactos y olores… envolviéndola. Como si todo aquello se hubiera quedado almacenado en la habitación más recóndita de su corazón, para estallar hoy, haciéndola sentir sola y triste como no recordaba.

En el fondo, Él había estado siempre presente. Por encima de sus miedos. Delante y detrás de aquella pátina de normalidad con la que había intentado barnizarse el alma.

Alba, intentó recuperar el sosiego. Y lentamente, extrajo aquellas hojas manuscritas del envoltorio. Para entre las manos llevarlas hasta su rostro, como si con ellas Él pudiera acompañarlas. Y así se mantuvo durante unos segundos interminables, que la reconciliaron con su recuerdo, con su ausencia, con su melancolía.

El reloj entonces dio la hora y rompió el hechizo. Y Alba con mimo extendió frente a su mirada aquellos folios, y con el corazón en la garganta comenzó a leerlos…

 

Querida Alba:

Antes de que te vayas…

De que decidas no continuar, no intentarlo de nuevo, tenía que hablarte, discúlpame.

Seguro que en este momento te estés preguntando el porqué de esta carta, yo me lo he preguntado también antes de escribirla, y no sabes cuanto lo he meditado.

Han pasado ya tres meses, aunque realmente a mi me han parecido años, sin tu presencia. Me encuentro bien, no te preocupes, y entiendo tu silencio y tu distancia. Sé que para ti era necesaria.

Hoy quiero decirte que tu lado he vivido muchos días, horas, minutos, segundos. Intensos. Inolvidables. Mágicos. Compartidos.  Los mejores de mi vida.

Espero que yo haya sabido darte lo que Tú esperabas, pero no dudes que te he dado todo lo que soy y lo que tengo.

Hoy es mi cumpleaños, no sé si lo recuerdas, probablemente lo hayas olvidado, no te preocupes. Un hombre en mitad de su existencia que solo puede decir ya las cosas que siente, porque cree que si no nada tiene sentido. Que solo tiene lo que cabe en sus manos, en su corazón y en sus sueños, de los que tú formas parte cada noche.

...la verdad.

…la verdad.

 

Y como cuando es tu cumpleaños siempre se dice la verdad…

Solo quiero decirte que te amo.

Que no encuentro otra manera de decírtelo ni quiero hacerlo. Que no quiero ni puedo obviarlo. Ni esconderlo. Más bien gritarlo a los cuatro vientos esperando que la brisa me devuelva tu presencia; aunque realmente nunca te has marchado porque te llevo dentro.

No quiero molestarte, ya sabes lo que te respeto. Solo decirte con toda la sinceridad que tu me has pedido siempre, y con toda el alma, lo que me estalla por dentro.

Te amo, sencillamente, simplemente. Sin más explicaciones. Con todo lo que soy, y lo poco que tengo. 

Hoy celebro mi matrimonio con la vida. Y quiero decirte que me gustaría dedicar, si tú quieres, el resto de mis años y mis días a quererte. Sé que a veces todo es difícil, complejo. Que tal vez no soy todo lo que mereces. Que las nubes a veces ocultan el cielo y hace frío al subir la montaña…  

Déjame intentar ser tu sol cuando arrecie la lluvia. Tus manos cuando las necesites. Tus oídos cuando los gritos arrecien. Tu hombro para cuando el cansancio te haga mella. Tu amigo, tu compañero, y sé tú, mi calma.

He pedido solo un regalo para mi cumpleaños. No necesito explicaciones. No quiero ni una sola palabra..

Solo mirarme de nuevo en tus ojos.

Posdata: Estaré en nuestro Restaurante de siempre. Estas invitada.

No faltes…

Tuyo siempre.

 

                      9 de mayo de 2015.

           En algún lugar del Mundo.

 

 

[…]

 

Alba no pudo remediar sus lágrimas. Lo había olvidado todo y era imperdonable. Y lo peor es que lo había hecho contra sus propios sentimientos.

Como un resorte, se levantó del sofá para llegar hasta su dormitorio. Tendió sobre la cama el vestido que llevaba la primera vez que se vieron, se calzó y en unos minutos pisaba las calles.

Sobre la cama...

Sobre la cama…

Nada la ataba. Nada la movía. Solo su decisión de hacer caso a lo que sentía y que había dejado dormir injustamente.

 […]

 

La puerta del establecimiento se abrió despacio y el camarero le sonrió.

Ella camino despacio sorteando las mesas con la mirada firme y al frente, para percibir al fondo su presencia.

Él no la vio llegar. Absorto en sus pensamientos. Y Alba le acarició suavemente, mientras giraba su rostro para observarlo durante unos segundos.

¡Has tardado tanto en invitarme, que no he podido comprarte nada!-Le dijo al oído con ternura.

¡No estaba seguro de que vinieras!-le contestó casi sin voz.

¡Así que, querido, he decidido regalarte mi tiempo… y mi vida!-dijo Alba.

Ella se giró para sentarse despacio frente a Él, como siempre hacía, como si nada hubiera ocurrido. Mientras se perdía en su presencia.

Aunque realmente sí, algo mágico había sucedido. Y es que en aquel instante, y en un solo segundo, aquel Reino había quedado por fin destronado, sin Reina, un momento antes de que se marchara…  

 avayas13

……………………………..

DEDICATORIA:

A l@s que se quedan…

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