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EL EXTRAÑO CLUB…

EL EXTRAÑO CLUB...

EL EXTRAÑO CLUB…

 

Para leer escuchando…

………..

Creo sinceramente que la existencia es más sencilla de lo que pensamos, aunque nos empeñamos misteriosa y tozudamente en complicarla.

A veces, cuando me miro en el espejo interior, me veo a mí mismo como un bicho raro. Uno de esos tipos extraños que aún creen en el valor sencillo de las cosas, en el tacto de lo cotidiano, en la valía de las emociones porque son las palancas que realmente mueven el mundo. O al menos el mundo que debería interesarnos.

La PALABRA...

   La PALABRA…

De los que percibimos el sutil regalo de lo natural y sincero. El poder de la palabra y la cercanía que la envuelve; la magia de la presencia de otros. De los que pensamos que errar es consustancial al ser humano, y que buscar la perfección en todo solo nos lleva al vacío, a la soledad de los que no entienden la belleza de lo inacabado. Que solo podemos decir ya las cosas que sentimos porque si no nada tiene sentido; y porque la vida es demasiado valiosa para caminarla con los ojos cerrados.

... cerrados.

... Cerrados.

Me siento sí de ese club de las personas que creen que merece la pena luchar por lo que crees, aunque eso no te lleve a ningún sitio ni mejore tu ego. Que querer y decirlo siempre es la mejor solución. Ese reducido círculo de gentes que aún apuestan por la amistad y la confianza; por la ternura frente a la premura, por la verdad frente al silencio frío de lo políticamente correcto.    

Nos hemos vuelto un universo tan, tan estándar. Nos vestimos siguiendo las mismas tendencias. Nos rebozamos en las mismas manías, costumbres y deseos enlatados. Todos jugamos al padel. Todos queremos veranear en agosto. Sonreímos por Whatsapp, desnudamos nuestros días en Facebook; para vivir durante horas al otro lado de una pantalla que vomita vidas vacías. Y olvidamos el tacto. La piel. Para secuestrar la realidad tangible de una simple, real e inimitable mirada.

El tacto...

                    El tacto…

Me resisto a abandonar este extraño y pequeño ateneo de los que no quieren ni necesitan interpretar las palabras porque tienen vida propia y las dicen sin dobleces. De los de contigo mejor que solo. De los de ahora mejor que mañana. De los que no necesitan buscar excusas para no estar, no ver, no sentir, porque creen que juntos siempre somos más fuertes.

Tal vez ya no estemos de moda. No seamos portada. Pero aún existimos: El club de las personas extrañamente normales.    

 …………………

A tus ojos que me hablan… 

GANAS.

aganas

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Para acabar escuchando…

“Son sueños, que son de verdad…”

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Ganas de ver, de sentir.

De mirar con otros ojos y creerlo todo.

De pisar la tierra y palpar la lluvia.

De abrir mil puertas. De vivir.

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Vivir…

Ganas de respirar. De descorrer la melancolía.

De que la brisa sople y de alzar el vuelo.

De ser. De Estar. De ir y de volver.

De viajar apenas sin tocar el suelo.

 

Ganas de buscar. De hallar respuesta.

De nuevos mares y de otros cielos.

De sonrisas; pero sin promesas.

De sueños. De abrazos. De te quieros.

Ternuras...

Ternuras…

Ganas de ternuras. De lleno y vacío.

De lo dejo todo, pero nada dejo.  

De solo; pero solo contigo.

De contigo, que sin ti me muero.  

 

Ganas de todo. Ganas de nada…

De senderos prohibidos y caminos ciertos.

De sol y lunas. De noches y mañanas.

De luces. De sombras.

Ganas. Tan solo eso…

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Todo…

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DEDICATORIA:

A l@s Rebeldes. A l@s que no se conforman…

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Para leer escuchando…

Carta desde algún lugar del Mundo…

5 de Enero de 2015.

Queridos siempre Reyes Magos:

Hace muchos años que no os escribo por estas fechas.

No es que haya perdido la ilusión en vosotros, eso no podría ocurrir nunca. Tal vez es que me he hecho mayor y he descuidado vuestros sueños. Y creedme si os digo que eso es imperdonable.

No redacto esta carta solo para pediros disculpas, que también, sino para deciros que no os he olvidado. Que os llevo dentro envueltos en los mejores recuerdos de mi infancia. En donde me refugio cuando todo falla, cuando la vida nos hace vulnerables y la única opción es volver a casa, a esa de la que ya formáis parte para siempre.

Hoy surcaréis mil cielos de todos los colores, y personillas de todas las tierras soñaran con vosotros. Y muchos amaneceres los descubrirán mirando nerviosos como la luz se abre camino, cuando el hechizo de vuestra presencia aún flote en el aire.

No quiero nada. Al menos nada tangible. No quiero que me envolváis con mimo, como antaño, juguetes ni presentes. Pero si os pido que no dejéis ningún hogar sin vuestra presencia, aunque nada os hayan solicitado.

Solo quiero para mí y los míos cosas que no se fabrican ni se venden. Que no necesitan envoltorio. Aunque tal vez si vengan envueltas en abrazos. Prometo repartirlas y hacerlas que vuelen entre los que me quieren y quiero.

Sin límites...

  Que no se envuelven…

Tan solo pido ternura, alegría, amor y esperanza. Esa es mi solicitud en esta prodigiosa tarde de mil viajes y mil promesas. Porque ya no serán mías sino que las sembraré allá donde vaya. Porque lo que se siembra en tierra de otros, siempre florecerá en la nuestra.

Y porque aprendí de vuestra mano que no hay que olvidar vuestra magia. Que es en la inocencia de los niños, donde vosotros vivís realmente, que no sois flor de un día.

En sus miradas...

 En sus miradas…

Que habitáis en su corazón otras 364 mañanas y noches; en sus ojos que hablan y en sus sonrisas. Que son ellos, los niños, los que nos muestran vuestro verdadero rostro cada 5 de Enero como hoy.

Así que veamos la vida a través de su mirada. No nos resignemos a perder lo que aún nos queda de niños. Ese es el secreto.

Buenas noches y hoy, con la ilusión renovada, os esperaré como siempre junto al árbol.

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Pd: Solo pediros que la ayudéis a ser fuerte y subir a lo alto de su montaña.

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DEDICATORIA:

A todas las personas pequeñas del mundo.

CARTA A UN VIEJO AMIGO…

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Desde algún lugar del Mundo…

Querido y viejo amigo. Creo que es la última oportunidad que tengo de hablar contigo, ahora que vencen las horas para poder disfrutar de tu presencia. Y no quería, no podía pasar este momento sin darte las gracias.

Ha sido larga, pero maravillosa, esta travesía a tu lado. Cargada de momentos inolvidables, por alegres y difíciles; pero en el fondo creo que has conseguido que pueda sentirme hoy mejor persona, y eso no puedo decírselo a todo el mundo. No podía dejar de escribírtelo antes de que me dejes.

Juntos nos hemos ido construyendo cada mañana. Es difícil saber ahora mismo donde empiezas y donde acabo, porque en realidad te has hecho parte ya de mis recuerdos, y te llevaré para siempre muy dentro, en ese baúl de emociones que no quisiera cerrar nunca. Recuerdo como si fuera ayer como te conocí una fría noche de invierno en Almagro. Plagaste de estrellas aquel cielo, y me regalaste una noche maravillosa que no olvidaré jamás. De esos días que uno prefiere almacenar en su interior para saborear despacio cuando el sol no calienta.

...de Estrellas

… de Estrellas

Y fuimos construyéndonos juntos. Día a día, hora a hora, segundo a segundo. Y aunque tengo que reconocerte que también hemos vivido de la mano malos momentos, me quedo con todas las luces que encendimos juntos y que no se apagarán jamás en mí.

Espero a tu sucesor con ilusión, tengo que decírtelo. Lo espero. Pero no quiero que pienses que te echaré en el olvido, nunca podría hacerlo. Como espero que los que hayan compartido con nosotros tantas vivencias no lo hagan, porque contigo hemos vivido algunos de los días más hermosos de nuestra vida.

Pero también ha habido momentos complicados y tristes. De esos que uno no espera, y para los que no estamos nunca preparados. Sé que no has tenido la culpa y que el destino nos ha llevado a vivirlos juntos; a recorrerlos sacando fuerzas de donde no pensábamos que existían. Pero también has conseguido al final, con tu paciencia infinita, esas tiritas para la tristeza que han restañado nuestras heridas, y que tímidamente vuelva a salir el sol en el horizonte.

Me regalaste también días preciosos. Destellantes de ternura. Con ellos, construimos caminos inexplorados en los que me he sentido feliz como nunca. En los que he aprendido que la vida, de la que formas parte, no tiene sentido si no la saboreas sin límites ni complejos. Dejándote llevar por la intuición y por el corazón que nunca te engaña. Esa lección que tú me has regalado, la llevaré marcada dentro para los que te sucedan. Gracias…

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Ahora, entrañable amigo, solo me queda decirte adiós, cuando apenas te quedan unas horas conmigo. No podré olvidarte jamás. Porque te guardaré y te llevaré a mi lado junto a tus compañeros el resto del tiempo que nos quede juntos.

Me quedo con ese regalo que me has dejado estos últimos días y que tanto necesitaba. Un tesoro que no sabré como pagarte, querido 2014, la esperanza…

Hasta siempre.   

Hasta siempre...

Hasta siempre…

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Para acabar escuchando…

“Ahora que tengo un alma que no tenía…”

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DEDICATORIA:

Para tod@s, mis mejores deseos en 2015.

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EN TODAS PARTES…

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Para leer escuchando…

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Desde algún lugar del mundo…

Todo ocurre por una razón, o al menos eso quiero pensar. Y a veces, la vida se confabula para regalarte una sorpresa que al principio parece un dardo envenenado. Yo no soy de los que se achican. De los que se dejan llevar por la tristeza o el desconsuelo cuando las cosas no ocurren como uno quiere. Eso no quiere decir que no sea sensible, que lo soy. Es solamente que prefiero poner buena cara a los nubarrones en vez de quedarme quieto cuando la lluvia arrecia y te pilla sin paraguas.

Me encanta viajar ¿Os lo había dicho ya?; creo que no he tenido oportunidad. Sí, me encanta. No por el hecho en sí de conocer lugares diferentes, ni siquiera por salir de la monotonía o de lo que uno ve todos los días. Tal vez lo que me atrae es la sensación de que algo puede ocurrir en cualquier momento, a la vuelta de la esquina, y que esa emoción se potencia cuando uno no sabe lo que hay al otro lado de una calle que no había pisado nunca. Así que esa mañana decidí tomar las riendas de mi vida de nuevo, en busca de ese cosquilleo en el estómago. No había sido un buen día, ni una buena semana, llevaba siendo un mes desastroso en realidad. Por eso, pensé que ya estaba bien de llorar, de dejarme caer en el sillón con la comedia romántica de turno para hacerme esa especie de Harakiri permanente y absurdo que solo me llevaba al vacío con palomitas, pero vacío al fin y al cabo.

¡Ya era suficiente! Sí. Me vino a la memoria aquella frase de “Love Actually”, una de mis favoritas de siempre y no solo de ahora, que estaba tan perdido en la nostalgia. Aquella escena memorable. Recordad, el chico enamorado de la mujer de su mejor amigo, a la que visita en secreto para autoflagelarse con aquellos carteles que iba pasando mientras sonaba un villancico.

-¡Tú, para mí, eres perfecta!- Concluía. Mientras se daba la vuelta por aquella calle solitaria en Navidad…  

atoledo9Había luchado contra todo, contra sus sentimientos, y se había dejado la piel en ello, pero sabía por fin que era suficiente. Y esa misma sensación del protagonista era la que yo tenía ahora. Lo había dado todo pero ya bastaba. Y sin carteles ni música. No en Londres, sino en el Sur y también en Navidad, enfilé aquella calle solitaria en mi mente en busca de lo que está en todas partes.

[…]

Mi abuela siempre me decía que yo era un soñador. Yo me reía cada vez que ella me lo comentaba. Era una mujer sabia, adelantada a su tiempo. De esas que te miraban y te lo decían todo sin pronunciar una palabra. Nunca me he sentido, bueno os mentiría, prácticamente nunca me he sentido tan a salvo como entre sus abrazos tiernos. Y hoy los echaba de menos, no sabéis cuanto.

-¡Un soñador, un bendito soñador es lo que eres!-me repetía mientras esbozaba esa sonrisa que lo curaba todo, y que yo guardo dentro para los días nublados como estos. Y ahora que ha pasado el tiempo y que ya no la tengo a mi lado, tengo que reconocer que llevaba razón. Y que tal vez este soñador no ha nacido en tiempos buenos para la utopía, pero que sobrevive a pesar de todo, con un pequeño barniz de realidad cada mañana…

Bueno, que me pierdo y no sigo con la historia. Os decía que había decidido esa mañana tomar de nuevo el control y lanzarme a lo desconocido. No necesitaba muchas cosas, y además siempre he pensado que todo sale mejor  cuando no se piensa demasiado y uno se deja llevar por la intuición. Aunque en realidad con ese sistema me he llevado algunos de los palos más grandes de mi vida, pero tengo que reconoceros que también las mayores alegrías. Así que en apenas unos minutos llené como pude la maleta, cogí la cartera, y después de hacer unas llamadas me dispuse a recorrer kilómetros sin destino fijo. En un viaje iniciático un poco absurdo por inesperado, pero necesario.

Y ahora la pregunta era ¿Adónde dirigirme? O a lo mejor esa no era la cuestión importante, tal vez era la que todo el mundo se haría. Si lo que buscaba no tenía nombre, ni remite, qué más daba, pensé. Mejor decidir sobre la marcha.

En lo disparatado de toda esta historia, porque realmente en el fondo así puede parecerlo, pensé que iría tomando cada decisión dejándome llevar por cada nombre. Sí. Por los nombres de los pueblos y ciudades que encontrara en el camino. No os riáis, sí, una estupidez… Como si una suerte de sendero invisible se dibujara en mi mente. Tenéis que comprender que mi estado emocional no era el más adecuado, aunque eso no explica suficientemente tan descabellado plan ni a este loco que os escribe.

Ahora ya tan solo tocaba tomar una dirección.

En el aire...

En el aire…

Ni corto ni perezoso busqué en el bolsillo una moneda -Norte cara, cruz Sur- el este y el oeste lo dejaría para otro momento. Cerré los ojos por un instante, como velando armas buscando la concentración necesaria, y tras abrirlos lance el metal al aire en un viaje que me pareció eterno. Y en aquel espacio frío de una mañana de Diciembre, tras varios giros, el destino no escrito, o tal vez más de lo que yo pensaba, tomó forma, sentido y rumbo. El norte nos esperaba al fin, a mí y a mi suerte.   

     […]

 

Decidí que el norte empezaba en Despeñaperros.

Así que conduje tranquilamente con la música a todo trapo, mientras los kilómetros se apresuraban a presentarme paisajes realmente preciosos. La carretera se abría camino entre ellos, zigzagueando curiosa, como si quisiera adivinar que iba a pasar con estas andanzas. El día ayudaba, radiante, y poco a poco fui acercándome a la frontera. A aquellos montes imponentes, ensortijados de árboles que suponían un punto de no retorno. Tomé aire, y como en un ritual, decidí cruzarlos despacio, ralentizando mi marcha para disfrutar del momento. Aquel enorme viaducto como colgado en el aire se abría en el horizonte, y pensé que tal vez era una metáfora de mi propia existencia, y que era un puente hacia una nueva vida. A partir de allí todo dependería de mi instinto y de lo que el futuro me tuviera deparado.

A una nueva vida...

 A una nueva vida…

Resolví continuar el camino sin apartarme de la ruta principal. Al principio era difícil decidir por donde seguir, y cada cruce, cada salida, se convertía en una posibilidad desconocida frente a mis ojos. No podía hacer otra cosa que sonreír por aquella ocurrencia que me torturaba a cada rato, y me hacía plantearme si era el siguiente cruce el que llevaría a mi destino. Pero qué importaba el nombre que la historia hubiera decidido ponerle a cualquiera de los pueblos que nacían a ambos lados; si tenía que llegar a algún lugar, llegaría, pensé.

La siguiente señal a la derecha me indicaba Santa Cruz de Mudela; deliberé sonriendo que un camino santificado no podía ser malo así que autoconvencido, decidí continuar hasta que otra indicación me apartara de aquella ruta. Y así fueron transcurriendo los minutos y las horas, que caían impasibles bajo la batuta de aquel cargador de CDs inagotable. Y yo no encontraba excusa, ni inspiración alguna en las decenas de nombres y lugares que aparecían en cada salida. Y se fueron sucediendo, uno tras otro, entre lomas y llanuras. De pronto, el indicativo de Toledo se desplegó en el horizonte, y como si una llamada invisible me avisara puse el intermitente, sin dudarlo. La Ciudad de las tres culturas, me esperaba, pensé ¿Adónde mejor que allá donde todos han convivido y aún quedan para siempre prueba imborrable de sus huellas? Tal vez esa era la respuesta que esperaba…

     […]

Engalanada...

 Engalanada…

La Ciudad apareció engalanada para mí como una novia. Recuerdo que al dejar el coche junto aquel hotel abrigado en piedra, tuve la sensación de que era el lugar adecuado, no sabría cómo explicarlo. Se respiraba tanta paz y armonía al caminar por aquellas calles empedradas bajo la luz anaranjada de las farolas, que todo invitaba al silencio y la meditación. La que yo necesitaba. El bullicio de la mañana había dado paso a la tranquilidad; y las parejas, de la mano, se hacían arrumacos por las callejuelas, y tengo que reconoceros que por primera vez me sentí solo y con un nudo en la garganta.

No sé cuánto tiempo caminé por aquellos barrios anclados en la historia. Solo sé que la música me llevó como en volandas a aquel lugar. Y cuando quise darme cuenta, allí estaba yo, en mitad de aquel callejón perdido en la Ciudad Imperial, atrapado por una melodía que me arrastraba como el canto de las sirenas.

En aquel callejón...

En aquel callejón…

Me costó abrir aquella puerta. Pesada, y por supuesto antigua. Pero apenas la había desplazado unos centímetros de su marco, aquella voz estalló dentro de mí, no me preguntéis porqué. Caminé unos pasos, al fondo de un largo pasillo se abría una estancia de techos altos, y no más de una docena de pequeñas mesas se abarrotaban bajo la luz de pequeñas lamparitas. Decidido me adentré en ella. Apenas si era capaz de vislumbrar sus caras; solo el sonido del cristal al chocar las copas y los pasos quedos, y de fondo aquel canto de mujer.

No lo dudé y decidí sentarme en la única mesa libre que quedaba a la derecha del pequeño escenario, mientras mis ojos se acostumbraban a aquella luz tenue y casi misteriosa. Recuerdo que con el primer trago de vino pude al fin poner rostro a aquella voz. Y también recuerdo que ya no pude dejar de hacerlo.

Puede que el resto de la historia os pueda parecer increíble. Pero realmente ocurrió así. No sé si fue el azar o el destino, o si hubiera llegado a cualquier otro sitio si aquella moneda hubiera dado otra dirección a la veleta de mi aventura. Sinceramente creo que de todas formas hubiera aparecido sin saber cómo en aquella calleja para escuchar su melodía. Porque inexplicablemente, ella no dejó igualmente de mirarme desde que yo lo hice. Y las horas se sucedieron eternas aquella noche, bajo aquel cielo engalanado mágicamente de estrellas.

Así que querida abuela, hoy quiero dedicarte esta historia. Aquí desde esta preciosa terraza que se abre a los cuatro vientos de Toledo. Ya han pasado muchos meses, y quiero que sepas que sigo aquí. Al norte de mi patria, pero en el centro de mis sueños. Esos que Tú alimentaste con tu cariño y ternura, para que yo los sembrara en otras tierras. Para que los recogieran otras manos, y otros ojos, pero con el mismo amor. Ese, el de verdad, el que Tú me enseñaste.

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DEDICATORIA:

A l@s que aún creen que está en todas partes… 

……..

SUEÑOS…

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Para leer escuchando…

“El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños”.

Paulo Coelho.

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Pablo no oyó cerrarse la puerta. Solo el sonido del silencio que lo invadió en un segundo, para hacerlo sentir diminuto, minúsculo, insignificante…

No estaba preparado para aquel momento, ni nadie lo hubiera estado. Porque cuando se da todo no se espera el vacío por respuesta. Y ahora solo sentía aquel erial de emociones que lo habían borrado de la faz de la tierra.

Aquellos minutos no los olvidaría nunca. Marcados a fuego de palabras que retumbaban en su interior como un cincel homicida. Barriendo la alegría y la ilusión acumulada en un corazón que ahora solo era desierto.

Para dejar de ser consciente del tiempo. De las horas. De los días.

Dejar de ser. De estar. De vivir.

Porque cuando el dolor es tan profundo, la vida no sigue, solo pasan los días; pero sin darnos cuenta, como si todo se hubiera detenido para nosotros y la existencia siguiera en un mundo ajeno, fuera de uno mismo.

Cerrar una historia...

Cerrar una historia…

̶ ¿Quién puede cerrar una historia de un portazo, sin más? ̶ se preguntaba una y otra vez en su cabeza sin encontrar respuestas.

Como era posible que tanto amor no mereciera otro fin o al menos una oportunidad para renacer; cuando ni siquiera era consciente de que languideciera. Y no aquel frío. Aquella soledad yerma que no tenía sentido.

Porque el amor era para valientes, pensaba. Y cuando se ha construido con tanto cariño, dándolo todo, no merecía aquel final ni aquel silencio aunque la tristeza fuera compartida. No cabían excusas, ni disculpas. Porque lo que se había tejido despacio no se podía deshilar en un minuto. Y sobretodo porque la quería con todo el corazón.

 

[…]

 

Habían pasado dos semanas. Sin duda las más difíciles que Pablo recordaba. Y a pesar de sus esfuerzos, de las tiritas de cariño de su entorno, de su espíritu  optimista, no habían vuelto la sonrisa ni la alegría.

No sabía nada de María.

Ni una llamada. Ni un mensaje. Ni una palabra de aliento que diera alas a aquel hombre devastado, aunque Él sabía que la inundaría igualmente la tristeza. La conocía y la comprendía bien, aunque a veces ella lo dudara. Por eso y a pesar de todo quiso respetar su duelo y su espacio, pese a que cada hora que pasaba sin sentir su presencia, moría lentamente.

Y es que a veces todo tiene un sentido, pero hay momentos en que todo carece de lógica, la que no encontraba. Porque el corazón no entiende de matemáticas, solo de emociones. Y aquella historia no podía acabar siendo dividendos y sustraendos. 

            […]

 

Aquella mañana de Diciembre había amanecido de nuevo cargada de nostalgia. Pero Pablo decidió no resignarse a permanecer de nuevo en el abandono. Así que a duras penas se echó a la calle en busca de brisa y sol del sur. Tal vez en busca de sí mismo.

...de Nostalgia.

…de Nostalgia.

Sin darse cuenta, como un autómata, comenzó a recorrer aquellos lugares que hacía poco había visitado de su mano. Como si aquella esencia, la de los dos, permaneciera invisible y mágicamente suspendida en el aire para curar un poco aquella melancolía. Y cada paso, como un milagro, comenzaron a pegarse uno a uno aquellos trocitos de aquel alma rota, y con ella lentamente su estima. Como si la luz de invierno le hubiera dado las fuerzas que le faltaban para renacer un poco a la vida.

 ̶ ¿Qué estaría haciendo ella en ese mismo instante? ̶ pensó al pasar junto a aquel café donde comenzaron a compartir sus confidencias.

Y casi sin percibirlo, la sonrisa volvió a dibujarse en su cara, al recordar tantos días compartidos. Al rememorar sus viajes, sus ilusiones, su ternura. No la tenía ya junto a Él –pensó–, pero no se había marchado. Y esa sensación lo sacó de aquel pozo de tristeza para devolverle la esperanza.

Si se habían amado y se amaban como pensaba. Si habían sido capaces de sortear todos los escollos, si estaban destinados a estar juntos, ocurriría. No podía abandonarse a la resignación ni al olvido imperdonablemente. Solo se trataba de confiar en que en aquel corazón inmenso pero atormentado de María, habría un hueco para Él y su amor. Solo quedaba confiar como siempre en sus sueños.

 

[…]

 

Cuando quiso darse cuenta se encontraba casi saliendo de la Ciudad. Había decidido coger el coche; le relajaba conducir y ver como los kilómetros caían como hojas del árbol, y con ellos sus tristezas. Al llegar al cruce no lo pensó y puso el intermitente, para aparcar bajo el árbol como tantas veces. La estación brillaba bajo aquella luz y Pablo se sintió en casa.

Le relajaba conducir...

Le relajaba conducir…

La camarera le sonrió nada más verle. Y se acerco a Él.

¡En la mesa de siempre, supongo!–le comentó alegremente, mientras se adelantaba para acompañarlo.

Abrió la puerta despacio, mientras la sostenía amablemente para que Él pasara. Los rayos del sol se colaban por las ventanas entreabiertas y aquel olor a madera que tanto recordaba lo llenaba todo.

De pronto, en aquel instante, un aroma inconfundible llegó a Él como un prodigio. Era su perfume… Nervioso dio un paso, para en la penumbra de aquella estancia, divisar su figura.

¡No puede ser! –pensó, mientras un escalofrío recorría todo su cuerpo y sentía que el corazón le estallaba.

¡Has tardado demasiado, cariño, llevó muchos días esperándote!– Retumbó en aquel espacio ahora solo ocupado por los dos.

Mientras lentamente se acercaba a Él para rodearlo en un abrazo infinito.

 

[…]

  

Las horas cayeron sobre aquella pareja perdida en su mundo, como si nada hubiera ocurrido.

No hubo reproches ni disculpas. No eran necesarias. No hubo preguntas, porque los dos eran la respuesta. Porque cuando soñamos solos, es nada más que un sueño. Pero cuando soñamos juntos el sueño puede hacerse realidad.

 

Cora Weiss

Cora Weiss

…………………………

 

DEDICATORIA:

 A los que aún creen en los sueños.

A tus ojos que me hablaran siempre.

AÚN CREO EN LOS ATARDECERES.

……………………

Aún creo en los atardeceres.

Que la luz tiene múltiples colores.

Que el sol realmente sana todas las heridas,

y que no hay días malos, si aprendemos;

porque solo serán mañana borrones de recuerdos.

 

Me gustan las gentes que miran de frente.

Las que no esconden nada porque no lo necesitan.

Las que lo dan todo, aunque no esperen respuestas,

y te aman; te aman por lo que eres.

Las que te buscan,

las que te encuentran,

las que te salvan.

 

Aún percibo cada día en el aire fragancias nuevas.

Me gusta buscarlas cuando nadie me observa,

y la soledad me acompaña.

Cuando hace frío y el consuelo se agrieta,

y duele todo, todo hasta el alma. 

 

Me gusta dibujar sonrisas en el aire.

Y las personas que sonríen sin explicaciones.

Las de las manos cerca,

las que respiran ternura,

las que te quieren sin más en su horizonte.

 

Porque creo que de nuevo habrá un susurro en el viento.

Un poema y un abrazo inolvidable.

Y el aire volverá a oler a azahar y a canela,

trazando piruetas con las miradas.

Y la vida volverá otra vez a tejerse cerca.

……………………

 ATARDECER 3

 

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