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Archive for 24 marzo 2013

LA ESTACIÓN…

 

La Estación...

La Estación…

 6:30 A.M. Estación de Tren en cualquier lugar de mi Andalucía. 1966.

  ………………………

Parecía que aquel desconchón de la pared hubiera estado esperando pacientemente su mirada desde hacía años. Una mirada de despedida.

Hacía frío esa mañana de febrero, un frío que le helaba hasta el alma.

Marcos se sentía en aquel momento el hombre más olvidado del mundo. Nunca había tenido aquella sensación tan desoladora, como si un desierto de tristezas y olvidos recorrieran su mente y le aislaran de todo lo que le rodeaba: Una realidad tan tangible como la del que espera coger un tren que sin duda iba a cambiar su vida; la suya, la de su familia y el destino de cientos de personas que ni siquiera aun existían…

Ese pensamiento, esa soledad atronadora le retumbaba en su cabeza a cada segundo, lentamente, como un tañido de campanas y le traía a su memoria tristes recuerdos; del porqué se encontraba hoy frente a aquel viejo andén, del porqué de su partida, de su melancolía, de su tristeza que por momentos le hacían sentirse más y más culpable.

Marcos Juárez, sentado en aquel desvencijado banco de madera, había dejado la vieja maleta de cuero a su lado y esperaba que todo acabara cuanto antes abstraído en sus pensamientos y en un pitillo…

La vieja maleta...

La vieja maleta…

No era hombre de verbo fácil, no, más bien todo lo contrario; de mirada dura y aspecto corpulento, su voz desgarrada llamaba la atención e imponía respeto, incluso a los que le conocían. Aquellos que sabían que detrás de ese  aceitunero fajado en mil contiendas, de pelo ensortijado y ojos grandes, que detrás de cada calada de aquel pitillo de “caldo de gallina” recién liado, se escondía un alma noble de un hombre sencillo. Un hombre que hoy sufría como nunca.

No era persona de expresar sus sentimientos fácilmente, y menos en público; pero esa triste mañana con el desasosiego en la garganta, después de tantos años, una solitaria lágrima recorría su rostro sorteando en su camino arrugas y surcos en aquel semblante de hombre de campo; para en cada recodo, en cada meandro salado, a cada paso sentir que se le desgarraba el corazón.

Porque iba a dejar su tierra para refugiarse casi al otro lado del mundo… al “Maresme”.

-¡Tan lejos! -pensaba…

Mar de olivos y “Maresme”; parecía como si la Mar quisiera como una madre acompañarlos y no dejarlos solos en el camino.

A él, a su mujer María y a sus cinco hijos; en un viaje sin retorno que comenzaba hoy sin quererlo, desde aquella triste estación de tren y que  acabaría tendiendo puentes de plata, de afectos y recuerdos entre dos tierras tan lejanas y a la vez tan cercanas.

Patrias de ida y vuelta, como tantos y tantas lo hicieron, para sembrar vida, sudor  y esperanzas a ambos lados. Sudores que nos sembraron.

Dos mundos que sin duda Marcos y María iban a acercar, y que unirían a muchos. Y que como tantos emigrantes comenzaban cualquier fría madrugada con un equipaje cargado de miedos e ilusiones. Dejando atrás la bendita tierra  que les vio nacer; para embarcar en busca de nuevos horizontes para ellos y para los suyos…

Pero en aquel momento, en aquellas horas amargas, apenas lo pensaba, él solo podía sentir un dolor profundo y difícil, del que apenas podía zafarse apretando el cigarrillo entre los dientes… como si en cada calada buscara un bálsamo para tanto vacío.

[…]

Una suave caricia, le volvió de pronto a la realidad.

Marcos giró su cabeza y vio a su lado a su mujer, María, que lo miraba dulcemente con los ojos empañados.

Con los ojos empañados...

Con los ojos empañados…

Y él, por un momento dejó atrás el miedo, y la desesperanza, para aferrarse al azul de su mirada como un naufrago, porque sabía, que a su lado, todo era posible.

[…]

El revisor miró atrás por última vez apoyado en la puerta del vagón. El humo negro llenaba el recinto como una niebla oscura, y por las ventanillas aquellos hombres y mujeres miraron por última vez aquel espacio… aferrados a su destino y sus esperanzas…

Y la vida se abrió camino, navegando al otro lado del mar… un mar de olivos.

Un Mar de olivos...

Un Mar de olivos…

………………………

Dedicatoria:

    • A Marcos y María, dos almas hermosas que nos sembraron.
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UN BARCO DE SUEÑOS…

Un barco de sueños...

Un barco de sueños…

Carta a un@s piratas soñador@s: Desde algún lugar del mundo y de mis sueños…

14 de Marzo de 2013.

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Para leer escuchando “Parte de mi” de Lagarto Amarillo.

…”No se como explicar que al otro lado del mar… hay una parte de mi…”  

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Buenos días queridos/as camaradas:

Recuerdo la primera vez que vi nuestro viejo barco atracado en el puerto, apenas amanecía…

La luz se abría camino y mis ojos intentaban acostumbrarse al madrugón, mientras la alegría me embargaba al pensar, que en pocas horas, iba a estar sobre aquella nave.

La mar nos regalaba su brisa que templaba aquel calor húmedo, y las gaviotas revoloteaban sobre un aire cargado de sal y de nostalgia. Una guitarra sonaba.

Despacio, con los primeros rayos del sol, subí al fin a aquel precioso buque, con la ilusión a flor de piel. La madera de la pasarela crujía a cada paso, y yo me sentía como un niño con zapatos nuevos.

Recuerdo, mis piratas, como si fuera ayer, como a medida que ascendía, el barco iba creciendo lentamente frente a mi mirada; aquel olor a brea y ron me envolvía como dándome la bienvenida, y yo me sentía por momentos como en otro mundo… sin poder disimular la emoción que me embargaba.

Despacio, como en un ritual, puse el pié en cubierta; apenas comenzaba a clarear y todo me parecía mágico, embarcado en aquel velero fantástico con el que había soñado tantas madrugadas…  y aún sueño.

Vosotros, vosotras, la tripulación, despreocupada, os afanabais en vuestras tareas diarias, y apenas erais sombras que se movían al ritmo de una luz que se abría camino entre mástiles y velas plegadas. Mientras tanto, el Capitán, al fondo, me esperaba con su mirada penetrante junto al timón, inmóvil, investido de autoridad.

  Me esperaba...

Me esperaba…

-¡Buenos días, grumete! ¡Llega tarde, casi zarpamos!- me espetó sin más con su voz rotunda…

Os reconozco que no supe que decir, abrumado… y que apenas pude esbozar una tímida sonrisa como saludo, superado por los acontecimientos.

Alto y corpulento, con aquella barba blanca bien cuidada y un loro de mil colores sobre su hombro, se erguía frente a mí, desafiante. Todo un pirata, pensé.

Tras unos instantes, que me parecieron eternos, él comenzó a andar con sus botas relucientes para acercarse a mi, despacio, como analizándome. Sin perder detalle.

Aquellos pasos, firmes, resonaron en mi cabeza como un cincel, y cuando quise darme cuenta ya lo tenía a mi lado.

Silver, me miró entonces fijamente por un instante, para inmediatamente golpearme en el hombro y con una sonrisa que lo decía todo, darme un abrazo que me dejó sin aliento.

-¡Bienvenido, a este barco, marinero… dónde todo es posible!- me dijo para inmediatamente, dar la vuelta y perderse hacía proa… en mitad de la niebla.

Y de pronto, todo sucedió…

El ruido de las velas al ascender por los mástiles me sacó de mis pensamientos, mientras que todo un bullicio de voces y gentes que aparecíais por babor y estribor, os afanabais como al unísono en cumplir las ordenes del Capitán y echaros a la mar…

Tras soltar amarras, la mayor y trinquete comenzaron a desplegarse ante mis ojos por primera vez, para, mientras recorríamos la bocana del puerto, tomar todo el viento como aliado.

La “Hispaniola” parecía volar sobre una mar que la recibía entre sus brazos de olas y algas, y el viento sonaba a música al tensar la gavia… y con ella, mi corazón.

Yo, absorto, continuaba en mitad de la vorágine de un barco que comenzaba a abalanzarse raudo cortando las olas, un barco sobre el que viviría aventuras que nunca había ni siquiera imaginado… y que aún no concibo.

Recuerdo que con el paso de las horas, y ya ataviado con las ropas adecuadas, empecé a sentirme un miembro más de la tripulación.

Guapas bucaneras de ojos grandes y trajes ceñidos, pelirrojas, rubias y morenas, mujeres hermosas por los que cualquier pirata naufragaría, compartían trabajo con rudos marineros de ojos tapados y caras marcadas, en una curiosa mezcla que llenaba de color aquel velero.

Como no recordar aquel primer atardecer sobre el castillo de proa, donde el sol pintó de naranja una mar que se rendía a sus pies en el horizonte. Donde por momentos, ante aquella visión, casi pude tocar el paraíso…

Casi tocar el paraíso...

Casi tocar el paraíso…

Como olvidar la primera escaramuza frente al corsario Drake, que nunca pudo dar caza a nuestro barco, el más rápido del caribe, que burlaba a su viejo cascarón bajo la pericia de nuestro Silver.

Aquellas primeras andanadas y el olor a pólvora para saludar nuestra llegada a Isla Tortuga. Y Las noches de ron y jarana bajo la luz de una luna Dominicana que nos acunaba, mientras se miraba en aquellas aguas turquesa…

Y vuestra compañía… como olvidarlo.

[…]

Hoy os escribo esta misiva porque quiero daros a todos y todas las gracias, ahora que mi travesía me ha llevado de nuevo a puerto seguro.

Agradeceros tantos días y tantas noches de ilusiones y esperanzas sobre nuestro barco por mares de ensueño; con tormentas y en calma, bajo el sol y bajo la lluvia. Gracias por vuestras risas sinceras, vuestro hombro y vuestro apoyo en las largas travesías del alba.

Nunca sabré, ni sabremos, si este barco nuestro, este sueño que surca los mares de la vida cada día, a lomos de vosotros y vosotras, soñador@s, partirá hacia un nuevo destino. Lo que si se es que cada viaje a vuestro lado ha sido y es para mi una aventura maravillosa.

A veces he pensado que hacía un escritor de tierra adentro en mitad de la mar, izando velas, y engrasando amarras.

Parece un sinsentido. Pero no lo es… al contrario.

Porque he recordado que “no hay mejor viento que el amor verdadero, más patria que tus sentimientos y más norte que luchar por lo que uno quiere”…

Y estar a vuestro lado en estas travesías, bajo la misma brisa, me ha ayudado a luchar por lo que quiero, y a poner siempre norte a pesar de la tormenta, para por fin conseguirlo… y llegar a puerto.

Buenas noches, tripulación. Se os quiere.

¡Sed felices y hasta siempre!…

……………………………..

Dedicatoria:

    • A toda la tripulación de un barco de sueños, la “Hispaniola”…
    • A su Capitán “John Silver” , @Longjohn72… por llevarnos siempre por aguas tranquilas.
    •  A la pirateja  @bibia67… por dibujarnos sonrisas.
    •  A la bucanera pelirroja @MonikeRey… por hacernos más tiernas las travesías.
    • A la marineruca @montsefbieric… por pintarnos de azul todos los cielos, todos los mares.
    •  A la pirata @Maje2… por enseñarnos que otro mar es posible.
    • Al pirata @Su_Bli_Me… por dibujarnos música en cada puerto.
    • A la bucanera @Moni_Sena… por  iluminarnos en la tormenta.
    • A la gata del barco @MixaEscaldada… por su amable maullar.
    • A la pirata @Airiaamg… nuestra ReinaSonrisas.
    • A la bucanera @Embruji… nos regala el mejor café del Caribe.
    • Al pirata @MaloContigo… su ironía nos salva de encallar.
    • A la bucanera @ClaudiadeBanus… brisa al otro lado del mar. 
    • A la pirata @mardegus07… siempre cerca.  
    • A tod@s l@s que alguna vez han subido a este barco de ilusiones…

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