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Archive for 27 diciembre 2013

RAZONES…

razones

Para leer escuchando…

……………………….

Razones.

Nos pasamos la vida buscando razones.

Para todo. Para nada…

Para sentirnos despiertos o para dormir las conciencias. Para encontrarnos… o para perdernos.

Para dar sentido a veces a lo que no tiene ni lo necesita; mientras todo, todo nos pasa tan cerca, apenas sin darnos cuenta. Sin inmutarnos.

Razones. Sí.

Cómo si la vida las necesitara.

Cómo si la luz pidiera permiso a la noche, o la tormenta a la calma.

Pero caemos. Tod@s caemos.

Y la búsqueda se vuelve entonces fin para aletargarnos. Para difuminar las oportunidades y dejarnos sin aliento. Para arriar nuestras velas y dejarnos sin alma. Ausentes. Perdidos.

Razones.

Que se convierten en motivos para no afrontar los caminos. Para no ver más allá de lo inmediato, ni dar rienda suelta a nuestros sueños. Para no liberarnos del miedo a lo desconocido.

Nuestros sueños...

Nuestros sueños…

Porque realmente no las hay, ni se las espera. No tienen sentido… no lo tienen.

Pero nos lastran los bolsillos.

Nos pegan al sillón de lo de siempre. Nos crucifican en la cruz de la desesperanza.

Así que mejor bajar de ese tren ahora que podemos, sin preguntar estación ni destino ¡Qué más da! La vida espera…

Tierna y salvaje.

Indomable e incierta.

Sin respuestas y con todas ellas.

Despeinemos el corazón y saltemos al andén sin pensarlo.

Despeinemos...

Despeinemos…

Porque en realidad no hay razón para la alegría ni causa para la ternura.

Explicación para la sorpresa, ni guía para las ilusiones.

Norte para los sueños, ni fórmula para el amor verdadero; salvo ellos en sí mismos.

Porque no hay razones para la existencia, sólo que ella es y las encierra todas. No busquemos más. No las busquemos.

Vivamos la vida al límite como si fuera el último día, el último minuto… el segundo final.

razones 3

Porque cuando una persona realmente sabe donde va, la vida se encarga de construirle el camino, sin más preguntas, sin más RAZONES.

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DEDICATORIA:

  • A l@s que nos dan todas las razones… 
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LAS COSAS BUENAS…

buenas 2Para leer escuchando

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No os habéis preguntado nunca…

¿A que huelen las cosas buenas?

¿Nunca? ¿ni por un solo instante?

Sí. Podréis pensar que es una pregunta absurda. Y seguramente llevéis toda la razón.

Pero creo que si lo meditáis un poco, entenderéis la razón y la importancia de este interrogante. Y tal vez eso os hará como a mí buscar otras respuestas…

Yo me lo pregunté ayer, apurando mi café mientras el sol moría en el horizonte. En esas horas tranquilas donde nada importa, salvo lo importante. Y creo, sinceramente, que he encontrado la respuesta.

Las cosas buenas, sí. Las buenas.

buenas 11

Y es que se nos han olvidado casi.

Dormidas. Aletargadas en el purgatorio del vuelva usted mañana. Envueltas en la sabana de la costumbre, bajo la manta de la rutina. Rebullidas en el edredón del puede esperar otro día. Aunque casi siempre no puedan.

Y ya no recordamos apenas su aroma. Su tacto. Sus sensaciones, que nos embriagaban. Su tersura…

Zambullidos en una existencia con sólo un camino de ida y vuelta, que se repite, sin que seamos conscientes. En días que saben a lunes. En tiempos y horas marcadas por hábitos innecesarios. Planas. Grises. Neutras…

Las cosas buenas.

De las que no hablamos ni cuentan nada periódicos ni telediarios.

Las que parecen que no existen. Que se han difuminado. Que han suspendido en la asignatura de la vida y dejamos siempre para septiembre.

Pero que si lo meditamos un poco, están tan cerca. Tan, tan cerca…

Y que muchas veces, cuando todo se vuelve oscuro y difícil, brotan como un manantial salvador. Bálsamo de Fierabrás casero, para limpiar heridas y sanar almas.

Buenas. Sí. Y olvidadas…

Decidí entonces cerrar los ojos para buscar esos aromas dentro. Sentado al calorcito del último rayo del sol de otoño. En ese duermevela donde todo es posible.

Y fluyeron…

Despacito.

Llamando a la puerta un poco ateridos de olvido. Cargados de recuerdos, de pasado y presente. Cálidos. Míos y de todos.

Y sabéis… olían a cariño. Al verdadero.

Cariño...

Cariño…

Al que no se paga ni se busca. Al de la familia y amigos, al de tu pareja, al de los niños… a ese.

Al del que te busca cuando menos lo esperas, y sin preguntarte te pregunta. Al de no te preocupes. Al de aquí me tienes… y lo dejo todo.

A ternura. A esa que no tiene color y los tiene todos.

A la que te eleva sobre la tristeza y sobre la alegría porque en realidad es ella en sí misma. A la que te arrulla el corazón a veces desgastado y a veces henchido. A la que te deja sin horas. Sin palabras… porque las llena todas.

Ternura...

Ternura…

También era ese aroma. También.

Y a sonrisas.

Amplias o pequeñas, pero siempre brillantes. De las que nacen de dentro. Las que cuando brotan por la comisura lo cicatrizan todo a su paso. Las que te cambian las mañanas, las tardes; y te abrigan en las noches frías. El mejor combustible del alma. Sin duda la mejor fragancia.

Sonrisas. Con aroma a chocolate de feria. A canela de abrazos y fresa de ilusiones. A jazmín de amores y ojos verdes. A sonrisas. Olían, sí, a sonrisas…

Y conforme iba sintiendo ese olor, como mágicamente, se dibujaron en mi rostro, para poner caras y recuerdos a cada una de ellas. Las de toda una vida, que sin saberlo había guardado en ese baúl sin llave de lo mejor de uno mismo.

Y les puse nombre a todas las que me habéis regalado. Propios y extraños. Limpias e impagables. La mejor bandera de la vida.

buenas 4Y la casa fue así impregnándose poco a poco de ese batiburrillo de fragancias para hacerme olvidar todo. Perfumes que revoloteaban entrando y saliendo como en oleadas de emociones, mientras la noche abría los ojos y la tarde dormía.

Olores que nos liberan. Fragancias que nos iluminan. Esencias que nos salvan. 

Y por supuesto… a esperanza.

Tierno perfume a confianza en la gente y en lo que podemos. En frasco pequeño, pero inmenso, cargado de que todo está en nuestras manos si ponemos el empeño. Azahar de los sueños que se construyen día a día, para lanzarlos al viento y luchar por ellos. El de todos los que luchan por un mundo mejor y más sencillo.

Esperanza...

Esperanza…

A eso huelen, sí. 

¡Y cómo lo hemos olvidado!

Pero cuando volvemos a sentirlos, de nuevo parece que todo cambia. Probad, no dejéis de intentarlo. ¡Es tan sencillo hacerlo!

Pero mejor aún, ¡Llevad ese aroma fuera y repartidlo!

Y hoy siempre mejor que mañana. Mucho mejor.

Regalad sonrisas. Esparcid ternura. Repartid cariño y sembrad esperanzas.

Porque lo que se siembra en tierra de otr@s, florecerá siempre, siempre en la nuestra.

Florecerá...

Florecerá…

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DEDICATORIA:

A la sonrisa de mi Padre.

A mi ahijado. Al olor de la nueva vida.

A la vida que se abre camino.

       

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