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Archive for 17 junio 2013

AIRE…

Aire...

Aire…

Para leer escuchando:

 

……………………………..

Quisiera ser viento.

Suave a veces, casi como un susurro que nace y muere cada mañana para elevarse sobre la tierra desde dentro. Sobre mis miserias, las de todos.

Una brisa que limpie, que sane. Que lave tristezas y faltas; cicatrice dolores del alma y ausencias, que duelen, que sangran, las tuyas.   

Pero otras veces huracán, tempestad, ciclón. Tormenta.

Tormenta...

Tormenta…

Para no pensar y soplar contra el dolor y la culpa. Contra lo que siembra heridas, soledades, desamor… injusticia. Inmisericorde entonces. Para surgir sin vuelta atrás y barrerlo todo. Desde lo alto. Por encima de conciencias dormidas y prejuicios. Para no sentir sino el deseo de que todo cure desde el comienzo, allanando la pesadumbre.

Y volar.

Volar...

Volar…

Y volaré. Alto y fuerte, sobre todo lo que me pesa y me ata a una tierra baldía. Lo que me impide dibujar mis sueños, para hacerlos entonces desde el aire, libres. Sueños que recorrerán a mi lado países sin fronteras, barriendo mis ruindades, mis cobardías. Liberándome.

Y nada detendrá entonces mis pies cansados a lomos de ese remolino. Esa galerna que abrirá caminos entre las montañas dormidas de mis nostalgias, para limar  sus aristas, y sembrar consuelo.  El que necesito aquí abajo, donde todo duele.

Entre las montañas dormidas...

Entre las montañas dormidas…

Y transitaré noches y días. Y el vendaval irá sumando en cada lugar los mejores aires, que se unirán al mío como un ejercito invencible, raudo y sincero. Nada me detendrá entonces. Nada.

Y cada madrugada, cuando todo descanse, yo continuaré soplando para buscar caminos que nunca nadie ha encontrado. Valles perdidos. Bosques vírgenes, playas desiertas donde encontrarte, a mi lado. Para allí detenerme.

Porque después de ese viaje, nada será igual, y todo habrá florecido. Y el tornado solo habrá limpiado de raíz lo que sobre, lo que no valga, lo que no necesite… lo que me pierde.

Para llevarme al final a la orilla. Y presuroso, descender lentamente tras cruzar océanos oscuros y mares en calma. Para detener mi ímpetu al acercarme a la ribera. 

Entonces seré de nuevo aire de mar y orilla, cálido. Sereno, suave… casi imperceptible. Quietud. Calma. Tierra.

Y me perderé entre tu pelo, para dibujarte caracolas en cada giro, y  ondular tu melena con esta brisa nueva, sanada en mil puertos de noches solitarias. Donde solo, he soplado junto al malecón en la penumbra.

... en la penumbra.

… en la penumbra.

Y seré de nuevo color y arena. Luz, agua, sal… primavera.

Para no elevarme más sobre la melancolía y dejarme llevar al golfo de tus brazos; para atracar allí y echar el ancla para siempre. Y solo dejarme mover al ritmo de las olas…

Ya todo habrá acabado. Todo tendrá sentido. Y habrá cesado la ventisca, convertida en viento suave; limpio, dulce, resplandeciente.

Habré sido tormenta para sanar mis miedos. Vendaval que arrastrará tristezas, viento para llegar a tu lado. Para volver a ser… aire.

Aire solo aire. Simplemente el que respiras, el que vibra dentro de ti.

Solamente aire, el tuyo.

Solamente aire...

Solamente aire…

……………………………..

 

DEDICATORIA:

Ni un día sin poesía.

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LA QUINTA PLANTA…

QUINTA PLANTA...

QUINTA PLANTA…

Para leer escuchando:

…………………………..

Arantxa miró al reloj con desgana. Cansada.

Las tardes se hacían eternas en aquella oficina del ministerio, y ni siquiera aquel segundo café con el que compartía soledad, le había dado la energía necesaria.

Aquel segundo café...

Aquel segundo café…

Las compañeras deambulaban ya por el pasillo, casi en penumbras, desfilando una a una hacia la salida y la luz; pero ella seguía allí, encerrada. Sola en aquel castillo de hormigón sin vida, para terminar aquel maldito informe.

Y mientras tanto en su pequeño despacho, pensaba, que ella ya se habría marchado…

Si. Ella. Aquella desalmada jefa empeñada en amargarle la existencia; tal vez porque ella misma era una mujer amargada. 

Porque aquella mañana de viernes, sin mediar palabra, Ángeles le había soltado un cerro de documentos sobre la mesa, para sin ni siquiera mirarla a los ojos, decirle:

-¡Tiene que estar acabado para mañana, sin excusas!- y cerrar después la puerta, sin despedirse.

Y así, como siempre, como casi cada tarde, volver a sumergirse durante horas en aquel mar de folios y cifras, aparcando de nuevo sus sueños; con la pantalla por horizonte y la resignación por timonel.

Los minutos se desgranaban muy lentamente,  mientras que fuera de allí, la noche se ponía el traje de gala.

en la oficina 4

La noche se vestía de gala…

Ya ni siquiera sabía la hora que era, solo quería apagar de una vez aquel ordenador que la martirizaba, y volver a casa, con los suyos. Frente a la luz de los ojos de Alejandra y la ternura de Marcos, que como ella también sufrían en silencio aquel destierro en cualquier quinta planta de Madrid. Y que ahora dormían plácidamente.

MUJER EN LA VENTANA

Aunque fuera en sueños…

Ojalá todo fuera tan sencillo, como cuando era una niña pensó; cuando todo era posible, aunque fuera en sueños…

[…]

Los números fueron apareciendo en la pantalla del ascensor lentamente, mientras Arantxa, agotada, iba colocándose la chaqueta.

Saludó con desgana al vigilante de la entrada, para empujar la puerta hacia la calle, donde la brisa de la noche la recibió de repente, como un bálsamo. Mecánicamente se dirigió hacia la boca de metro de siempre, para tras sortear pasillos repletos de gentes, llegar a su parada.

El tren se acercó suavemente en apenas unos minutos, y agotada, se sentó como siempre junto a la ventana, para apoyar su cabeza sobre el frío cristal mientras las puertas del vagón se cerraban y con ellas, sin querer, sus ojos…  

[…]

… Apestaba en aquel oscuro lugar.

Arantxa, se afanaba como siempre, fregando y limpiando aquella casa del bosque, pero aquella maldita bruja no hacía más que ensuciar.

Con su cara alargada y amarillenta, su destartalado vestido y su nariz afilada, deambulaba por toda la estancia ensayando sus pócimas y embrujos, arrasando a su paso cual caballo de Atila.

... y su nariz afilada

… y su nariz afilada

La claridad, apenas penetraba en aquella choza inmunda. Y apenas unos rayos de sol dibujaban en el suelo trazas de color, en aquella estancia gris tristeza.

Y mientras fuera, todo resplandecía y latía al ritmo de una vida que se abría paso, dentro todo languidecía; y también Arantxa.

Porque aquella muchachita dulce y de sonrisa resplandeciente, se había ido apagando poco a poco tras entrar al servicio de aquella hechicera, engañada por sus argucias y sus cantos de sirena. Encerrada entre aquellos muros. Muerta en vida.

Y solo alguna tarde, en la que la vieja se dormía bajo los efluvios del aguardiente, ella lograba escaparse temerosa para soñar un rato bajo aquella arboleda. Para sentir la paz de aquel silencio entreverado de miles de sonidos. Para dibujar de nuevo sonrisas al viento junto al riachuelo, tumbada en la hierba, aferrada a una vida prestada por minutos… que se le escapaba entre las manos. Sin luchar.

...tumbada en la hierba

…tumbada en la hierba

Pero aquel día iba a ser distinto. Lo había decidido; era ahora o nunca.

Así que, resuelta, volvió a la casa sin pensarlo, para no dar tiempo a que la bruja se despertara, y armada con el valor ciego de la convicción, tomó un viejo saco y arrambló sin hacer ruido con todas las estanterías y baúles; para encerrar bajo la rafia ungüentos, bebedizos y tarros mil. Y sigilosamente, sin ser vista ni oída, abandonar después la choza para lanzarlos al centro del estanque en un último esfuerzo.

Todo estaba ya cumplido. Y ahora iban a estar frente a frente.

Rauda regresó a la casa. Angelona, la hechicera, acababa de despertarse, para observar aterrada que todos sus encantamientos y bebedizos  habían desaparecido, y que la casa aparecía frente a ella casi vacía.

Regresó a la casa...

Regresó a la casa…

Alargó la mano instintivamente, enrabietada, en busca de su escoba; pero no encontró sino el hueco vacío, y entonces un alarido atronó el bosque… mudo ante aquel grito ensordecedor.

Y allí frente a ella, Arantxa, permanecía impasible.

Mirándola fijamente, por primera vez después de muchos años, sin miedo…

-¡Ahora estamos solas, tú y yo!-le gritó con confianza.

-¡Tú y yo, de igual a igual… ya no tengo ningún temor!-concluyó…

Porque sin sus poderes, sin sus trucos y sus encantamientos, aquella bruja, apareció de pronto ante ella, desvalida. Ausente.

Despojada del poder que la cautivaba y que imponía su dominio por la fuerza. Débil frente a una joven y fuerte mujer, dispuesta a cambiar su destino y retomar su vida.

Y ya no hubo  más palabras.

Solo aquel silencio amargo, roto por la luz que penetraba por primera vez como un relámpago en toda la casa, cuando por las ventanas abiertas de par en par dejó pasar de nuevo, dentro, la vida.

Y allí, al fondo, arrinconada, aquella pobre mujer solo pudo recoger sus cosas y abandonar la cabaña bajo su atenta mirada, para adentrarse en aquel bosque tan luminoso que la aterrorizaba…

Arantxa salió tras ella y se detuvo bajo el dintel de la puerta. Para verla alejarse en la espesura.

... perderse en la espesura

… perderse en la espesura

Y con ella sus miedos. Sus tristezas. Sus silencios y sus días perdidos. Sus desesperanzas.  

Para cerrar los ojos, lentamente, y sentir que el sol por fin, de nuevo había salido y la calentaba…   

[…]

La luz del fluorescente apareció ante ella como un fulgor inesperado.

Para despertar sin saber muy bien dónde se encontraba. Sin saber ni recordar porque se hallaba en aquel metro de siempre, y tras unos segundos de duda, darse cuenta que habían pasado varias estaciones más allá de su destino.

Pero ya nada importaba.

Mamá, llegó por primera vez a casa después de mucho tiempo con una sonrisa en su boca. Su sonrisa. La que sembraba a su paso primaveras.

Los dos niños se abalanzaron sobre ella nada más atravesar la puerta, y ella se dejó querer, como siempre, pero esta vez con la conciencia de haber llegado a aquel puerto tranquilo, para quedarse.

La luz de su cuarto se apagó. Y sobre ellos se dibujaron planetas fosforescentes, como cada noche, mientras la pequeña Alex, se aferraba a su peluche embarcada ya en sus sueños de colores y Marcos viajaba hacia su árbol morado.

En sueños de colores...

En sueños de colores…

Y ella, solo pudo sonreír, y despacio, limpiar de su mejilla una fugaz lágrima recién llegada del corazón. En paz, consigo misma.      

[…]

Apenas clareaba aquel lunes, y como siempre café en mano, salió del ascensor para abordar aquel largo pasillo.

Pero hoy el recorrido iba a ser diferente.

Tras saludar a los compañeros y compañeras, decidida, se dirigió al despacho de su Jefa, para sin titubear, asir el pomo con fuerza para dar el paso.

Ni siquiera esperó una invitación para sentarse.

Solo cerró la puerta tras ella, no sin antes mirarla a los ojos como nunca lo había hecho. Con la seguridad de que esa mañana hablarían de igual a igual por primera vez. Como siempre debía haber sido.

Y Ángeles, la directora, no pudo sino escuchar.

Porque en aquel oscuro despacho, aquella mañana, el sueño se había hecho realidad; y la luz también por fin lo llenaba todo, por primera vez… en aquella quinta planta.

... la luz lo llenaba todo

… la luz lo llenaba todo

 […]

Moraleja:

Recordad siempre que: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”…

…………………………..

 

DEDICATORIA: 

  • A l@s que sueñan con retomar sus ilusiones y necesitan: Creer.

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