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Archive for 14 febrero 2017

aotonos

Para leer escuchando…

“La de veces que he estado soñando,
buscando el momento de poderte ver…”

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No, no tenemos un contador para las emociones. Nada que nos permita calibrar o medir con exactitud nuestro estado de ánimo, cómo nos encontramos en cualquier momento, cómo se comporta nuestra mente o nuestro corazón frente a lo que nos ocurre, frente a lo que nos rodea. Pero sin embargo, cuando los sentimientos nos desbordan, cuando no tenemos explicación sencilla para lo que nos ocurre, un recóndito resorte interior se dispara para señalar que algo realmente importante nos sucede en el interior aunque sea invisible a los ojos de la gente; incluso frente a nosotros mismos.

Sucede cuando algo nos emociona. Cuando una música nos deja en silencio. Cuando una imagen, un paisaje, un acontecimiento nos toca el alma. Pero especialmente, cuando alguien nos llega dentro. Y entonces, ese engranaje, ese maravilloso mecanismo se dispara sin control, sin reglas ni normas cuando una persona nos ilusiona.

Puede que penséis que eso lo hemos vivido todos alguna vez. Que esa sensación de vértigo y de mariposas desbocadas, que ese desasosiego, esa locura, excitación, alegría, miedo, conmoción, ilusión y  esperanza… es propia del que se enamora. Y tal vez estéis en lo cierto, quizás en esa montaña rusa de sentimientos encontrados hayamos viajado todos. Como también todos hemos pensado en algún momento haber encontrado por fin la respuesta a ese torbellino.

Pero tengo que deciros que no siempre sucede de igual manera y que a veces hay viajes que ya no tienen retorno. Que carecen de explicaciones y de avisos, que suceden a pesar de que no estemos preparados y aunque llevemos esperándolo sin saberlo; porque nos dejan simplemente desnudos y sin palabras.

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Entonces, nos damos cuenta de que hemos dado mil vueltas en esa noria de ilusiones en la que se convierte la vida para llegar allí; a veces arriba, tantas abajo. Que lo que somos y sentimos lo hemos construido entre giros y esperanzas al pensar que habíamos encontrado el lugar adecuado y con quien compartirlo. Que los pasos que andamos hasta llegar a lo que somos fueron necesarios, a veces dolorosos, en ocasiones difíciles, pero que nos han forjado tal y como nos sentimos ahora para darnos por entero y sin disfraces a quien de veras se lo merece. Que de nada sirve arrepentirnos ni lamentarnos. De nada volver la vista atrás intentado explicar lo que ya es inevitable. Tan sólo cabe dejarnos llevar por lo que nos ha llevado hasta aquí y ahora, frente a quién nos espera y a quién esperamos sin más mentiras y con la verdad desnuda de una certeza infinita.

Y ya no cabrán ni medidas ni comparaciones. No necesitaréis de proporciones, de raseros, de cuentas ni de voceros que os digan lo que realmente estáis sintiendo.

Tan sólo sabréis, como yo ahora, que un día sin ella dura tres otoños…

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Dedicatoria:

A mi querida Beatriz y sus cálidos días de otoño. #15

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